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Si bien Raymond Williams es un autor más bien conocido por su trabajo académico que literario, es inevitable que sus lectores no dejen de sentir cierta calidez y humanidad en los escritos de este intelectual galés.

La respuesta no debe ser muy difícil de encontrar: el desarrollo teórico de Williams se circunscribe a los fines prácticos (políticos) de la realidad; es decir, a los posibles cambios, compromisos, que surgen -y surgirán- a partir del proyecto de su obra.

César Vallejo nos decía algo que bien podríamos utilizar para llegar al corazón del autor: el trotskismo, verdaderamente, era el costado más rojo de la bandera; pues tanto Lenin como Trotsky no fueron simples receptores pasivos de la teoría dialéctica materialista.

Lo importante, como dirá Thompson más tarde, no será estar de acuerdo o desacuerdo con las ideas de Marx: sino, precisamente, que nuestras propias ideas encuentren un lugar en la doctrina.

Esto puede comprobarse a lo largo de Marxismo y Literatura, en donde el mismo Williams irá retomando conceptos contradictorios o disímiles del mismo Marx, enalteciendo el carácter hermenéutico (podríamos recordar el anticipo fenomenológico de Michel Henry en su lectura del marxismo) de sus trabajos.

Esta lectura, que irá tramando nuevos e indeterminados recorridos, será necesaria para ingresar en una época histórica en la que surgen nuevas formas de comunicación, y por lo tanto de cultura.

La teoría de Williams es una teoría cultural, no una teoría económica. Heredera, podríamos decir, de los primeros desplazamientos realizados por Bajtín o William Morris.

En Marxismo y Literatura, la cultura será entendida como un proceso social total, en el que la ideología de una clase no sólo se proyecta sobre la misma, sino que sobre-determina (con relativa autonomía) al conjunto de todas las estructuras sociales.

A diferencia de lo esbozado por Arnold o Leavis, quienes proponían regresar a cierto consumo elitista de los bienes culturales (análogo, pese a fundamentos y formaciones distintas, al modelo desarrollado por Horkheimer y Adorno); en Williams la ampliación del término enaltece el componente dinámico del proceso. La cultura deja de ser algo acabado, fijado, o establecido de manera sistemática. Es un momento que sucede como lo vivido, de oposición entre los distintos valores y experiencias de clase.

El rasgo de valentía de Raymond Williams fue el de levantar el velo y decir: existen otras verdades que aquellas que se manifiestan como las únicas y legítimas. Existe una oposición a las mismas, una experiencia que narra la historia desde otros lugares.

Lo importante es leer aquí no sólo la resistencia de dicha clase, sino cómo estos mismos elementos también se irán incorporando dentro de la cultura de élite. El arte, por tanto, concentrará algo más en su cielo que vientos frescos y tonificantes. De la misma manera que la “publicidad representativa”, como señala Habermas, pierde su autonomía con el advenimiento de la burguesía; la democratización del arte no sólo instaura un nuevo poder, sino que un su estela engendra una nueva e inevitable sombra.

En Marxismo y Literatura el lector se encontrará con tres secciones. Primero Williams reformulará conceptos básicos: Cultura, Lenguaje, Literatura, Ideología. Luego se enfrentará con los aportes más originales, y que más se han instituido, de su Teoría Cultural: su aporte en la discusión de Base y Superestructura; lo Dominante, residual y emergente; Estructuras de sentimiento. Por último, y finalmente, la responsabilidad que antecede en el título: el desarrollo de una Teoría Literaria.

No podremos olvidar aquí, y de allí la insistencia de volver a él, la primacía de su aporte. Basta decir que su aporte es fundamental en la Escuela Marxista de crítica literaria, tanto como lo es el aporte de Barthes al Estructuralismo, o el aporte de Bloom al Pragmatismo.

Hoy día esta escuela sigue vigente, y se presenta como una senda inevitable a recorrer en los estudios literarios. Terry Eagleton, uno de los representantes más próximos de su doctrina, dirá sobre el autor:

“Típicamente idiosincrático en su forma es tan parejamente desafiante como original en su contenido. Williams fue un crítico próximo al marxismo y a la vez sólidamente independiente que hizo su propia y singular travesía intelectual. Es esta combinación de simpatía política con una perspectiva fuertemente distanciada lo que le permitió este profundo y sentido estudio mediante el cual al mismo tiempo que comenta su tema, de hecho, lo reinventa”.


Juan Arabia, 14 de mayo 2011.

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