DYLAN THOMAS EN AMÉRICA 〈03〉, POR JOHN M. BRINNIN

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September, 1952 June, 1953

William Faulkner estaba entre el público esa noche. Cuando Dylan terminó con una larga lectura, llevé a Faulkner al backstage y los presenté. Pero el bullicio de los visitantes y solicitantes de autógrafos no les permitió la oportunidad de hablar. Les propuse que nos retiremos a un bar cercano y, con siete u otros ocho del séquito, los llevé a un lugar de reunión en el barrio irlandés. No me senté en la mesa con Dylan y Faulkner, y no puedo reportar lo que pasó entre ellos, pero cuando hablé después con Dylan dijo que se había encontrado con un hombre modesto y encantador, exageradamente tranquilo, y que no había llegado a una conversación sostenida porque otros siempre los interrumpían. Después de haberle deseado “buenas noches” a Faulkner, finalmente nos volvimos al apartamento del Central Park West. Dylan se emborrachó muy rápidamente, experimentando y vociferando en un feliz exceso de los espíritus, y finalmente fue escoltado de regreso a casa en las competentes manos de Liz.

Tres días después fui a verlo a Chelsea (lo que creí que sería mi última visita antes de que Dylan retome su programado viaje a Inglaterra). Lo encontré en la cama con un brazo roto y un pie destrozado. Dos noches atrás, explicó, mientras se iba de una cena para asistir a una actuación de Arthur Miller, se había caído por un tramo de las escaleras. Liz había sido una eficiente enfermera desde entonces, y ella determinó que se quedara en la cama para descansar y comer antes de su lectura de Under Milk Wood esa misma noche. Incluso aunque su pie lo hizo sentir “como si estuviera caminando sobre mis ojos”, estaba alegre e inquieto y quería salir.

Un grupo de personas, a las que Dylan había conocido cuando él dio una conferencia en Vermont, vino a verlo… Pero Liz sólo les permitió deliberadamente una bebida y se encargó de que no se quedaran mucho tiempo. Me puso feliz encontrar a Dylan tan bien cuidado, y a pesar de su inquietud y necesidad de romper las usuales normas de salud y conducta, pude ver que se trataba de un verdadero placer para él. Pero mi propia experiencia me había puesto en una posición de entender que el amor hacia Dylan sólo podía conducir a la devastación de uno mismo. Cada uno de nosotros había sido dibujado fuera de su órbita habitual de la cordura hacia un torbellino de dudas y ansiedades en el centro de la calma donde, mientras soplaba sus burbujas, flotaba nuestro poeta amado.

∇ Extraído de Dylan Thomas in America (An Intimate Journal) by JOHN MALCOLM BRINNIN WITH PHOTOGRAPHS. An Atlantic Monthly Press Book BOSTON Little, Brown and Company TORONTO COPYRIGHT, I955 BY JOHN MALCOLM BRINNIN. Traducción al español de © Juan Arabia, 2015. Diseño Editorial: Doppelgänger.