DYLAN THOMAS EN AMÉRICA 〈04〉, POR JOHN M. BRINNIN

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September 1953

A la mañana siguiente, mientras Liz y él caminaban hacia el Village hasta Twenty-third Street, vio un cartel de publicidad de una nueva película: Houdini. Dylan llamó la atención de Liz, remarcando que el gran mago siempre le había fascinado, sobre todo por sus fabulosos escapes y  trampas ingeniosas. El peor horror en la vida, dijo Dylan, el horror más allá de todos los horrores, “es la sensación de sentirse irremediablemente atrapado”. Dijo que era un tema sobre el que llegaría a escribir, de hecho, en un estilo de prosa de “escapista”. “¿Autobiográfico?”, preguntó Liz, y Dylan sonrió y dijo: “Tú me conoces demasiado bien”.

En el medio de la tarde, después de que saliera tomar unas copas por su cuenta en Julius´s, Liz lo reincorporó. Sin embargo, él dijo que se sentía bien, y volvió hacia al hotel a descansar. Liz lo acompaño, se sentó con él el resto de la tarde, y después pasó por una delicatessen para conseguir una cena ligera. Después de comer, Dylan dijo finalmente que sentía que podía dormir, y ella lo dejó tranquilo toda la tarde. Antes de cerrar los ojos, él se volvió hacia Liz y le dijo con una débil sonrisa “Parece que la estoy tratando como una enfermera rápidamente… Pero no”; su expresión se convirtió en un pensamiento totalmente sobrio: “No, no es mi enfermera, no es mi secretaria… Es mi amiga, mi verdadera amiga”.

Dylan durmió hasta tarde la mañana siguiente, sobrio y profesionalmente concentrado en Under Milk Wood. Más tarde fue a un bar en Yorkville con Liz y un fotógrafo británico, bebió moderadamente, y hasta llegó a decir que quería tener una buena comida. Así corretearon al centro de Herdt, en la Seta Avenida de la Calle Catorce.

Allí comió la cena, la cual —en el curso de los acontecimientos— sería su última. Continuando con la congraciada sobriedad que había mostrado a través del día, mencionó en varias ocasiones (pero sin explicación) su inmenso alivio de haber “escapado” de Londres.

Liz se reunió con él para comer al día siguiente en un restaurante de comida de mar cerca de Chelsea. Pero la comida le desagradó, tenía una cólera más que inusual, y no quiso comer un bocado. Para Liz fue evidente que Dylan se encontraba en un estado agudo de agitación nerviosa… Mientras él caminaba de regreso al hotel donde, supuestamente, iba a establecerse para trabajar con su guión.

Dos o tres horas más tarde, ella lo llamó por teléfono desde su oficina. Dylan respondió con una voz apenas audible; al parecer, él estaba estupefacto por la bebida. Alarmada, Liz se apresuró en llegar al hotel. Allí lo encontró con personas del Cine y con un eminente crítico literario que admiraba mucho el trabajo de Dylan. Pero Liz sólo podía ver que Dylan estaba completamente intoxicado y bastante fuera de conexión con su compañía, y les pidió a todos que se vayan.

A pesar de todo, Liz convenció a Dylan de descansar, y entonces, una vez regresado a una comparativa sobriedad, fue capaz de trabajar en las nuevas escenas de la obra. El poeta le dictó a Liz nuevos pasajes que, a pesar de su condición inestable, fueron compuestos al instante. Todos ellos permanecieron en la obra terminada.

∇ Extraído de Dylan Thomas in America (An Intimate Journal) by JOHN MALCOLM BRINNIN WITH PHOTOGRAPHS. An Atlantic Monthly Press Book BOSTON Little, Brown and Company TORONTO COPYRIGHT, I955 BY JOHN MALCOLM BRINNIN. Traducción al español de © Juan Arabia, 2015. Diseño Editorial: Doppelgänger.