Poemas como rezos – Zinaida Gippius y Cherubina de Gabriak (Maver-Litvinova)

 

Y lo que no existe nace de nuevo

Poemas como rezos – Zinaida Gippius y Cherubina de Gabriak
Alción Editora, 2015. Poesía rusa traducida por ©Natalia Litvinova

 

¿Quién tiene más relación con lo que parece muerto (casi con lo que no existe) que un traductor? Se cacarea tanto acerca de lo que se pierde en las traducciones, que resulta fácil celebrar lo ganado: un lector, una lectura, una resurrección. Se traduce y lo que no existe nace de nuevo.
Quienes traducen, equilibrándose en la cuerda floja entre lo que se muestra y lo que se decide dejar de lado, entre fidelidad e infidelidad y todas las dicotomías que se nos ocurran, pueden hacernos cruzar las lagunas de la cultura. A veces nos dejan frases perfectas. Otras, escenas o imágenes. Cerrar este libro es que empiecen a funcionar estos restos, a brillar esas piezas. Sea una sensación, una incomodidad, una musiquita. A veces es todo un mundo, un momento histórico y literario que nos ha llegado sólo por partes lo que nos trae el libro. Con Poemas como rezos, traducido y prologado por Natalia Litvinova, ocurre esto último: se descorre un velo sobre la poesía rusa de comienzos de siglo XX. Dos mujeres muy poco conocidas y traducidas por estos lugares: Cherubina de Gabriak y Zinaida Gippius, dos de las grandes poetas del Siglo de Plata, dos inteligencias sensibles que tuvieron que cruzar cantidad de barreras (y máscaras y espejos de la historia) para ser leídas por sus contemporáneos. Por eso, déjenme repetirlo en palabras de Zinaida Gippius: Lo que no existía para nosotros nace de nuevo entre nosotros.

Cherubina de Gabriak (1887 – 1928)

Lejos del nacimiento de su nombre más conocido, Elizaveta Dmitrieva, con unos pocos años de edad, enfermiza, con el recuerdo de la trágica muerte de su hermana, postrada nueve años en su cama por la leucemia, le rompe a cada una de sus muñecas una pierna. Sus hermanos menores le habían dicho: Ya que sos coja, debés tener juguetes cojos. La escena que sigue en el montaje que imagino es la siguiente: un sobre color lila llega a la redacción de la revista más importante de poesía rusa de comienzos de siglo XX, Apolón. Dentro tiene poemas perfumados firmados con el misterioso nombre de Cherubina de Gabriak. Después nos enteraremos que este nombre corresponde a Dmitrieva, que se sigue creyendo fea desde siempre y, habiendo sido rechazada previamente por la misma revista pero con su nombre verdadero, decide junto a su amigo y poeta Maksimilián Voloshin cambiarse el nombre y hacerse rodear de un aura que sedujera a los editores. Que, de hecho, lo hace, al punto de enamorar mediante una intensa correspondencia al poeta más rimbaudiano de Rusia, Nikolái Gumiliov, quien al poco tiempo se casaría con Anna Ajmátova.
Los poemas reunidos en esta antología son de aquella camada que salió en Apolón, antes de la Revolución de 1917. Antes, también, de que se supiera quién era en verdad Cherubina de Gabriak. Antes de que esos editores se sintieran traicionados por el engaño pertrechado entre Dmitrieva y Voloshin. A partir de entonces empezaron las mofas acerca de la fealdad de Elizaveta, una mera maestra rural que volvió a esconderse en los espejos equivocados, tapándose con nuevos nombres. Ahí se acabaron las publicaciones de sus poemas en la revista y luego vino el viaje a Turkestán, la Revolución, Krasnodar y el exilio a Yekaterinodar, su otro exilio en 1926a Tashkent donde encuentra un nuevo yo que escribe poemas místicos (un poeta chino llamado Li Xiang Tzuque fue desterrado por creer en la eternidad del alma humana) y su muerte de cáncer en 1928.
La gran capacidad para sugerir su presencia (como alguien que deja sus huellas visibles al escapar) a través de su escritura da por resultado lo que me parece que son poemas de la astucia. Son esos poemas que se valen de la ilusión, el engaño y la conciencia de lo efímero. Lo que seduce son sus saltos en los estados de ánimo, sus huidas, rencores, el constante llamado a una segunda persona ausente (como un rezo). Todo el alrededor de los poemas fue configurado con sagacidad. Pero en los poemas en sí, el atractivo es del tono melancólico. Entre ese yo hecho de espejos y ese tú hecho de inconstancia, tenemos el formato de una tristeza que para avanzar se vale del jugueteo, de la histeria: “Hechizo a los que no quiero/ toda la noche hasta el amanecer”. Una luna lánguida que le escribe poemas de amor a los lobos.

Zinaida Gippius (1869 – 1945)

Oye el viento que silba en la chimenea. Se acerca a la ventana, descorre las cortinas. Observa la lluvia que recién empieza. En la espalda de su amante recostado escribe: “Alma, aléjate de las tentaciones/sabe desear, sabe tener”, luego lo echa. Se apresura a vestirse con una elegancia fatal. Baja con su vestido blanco puesto. Serpiente de gala erguida en sus tacos. Fuego en los ojos, barro espeso en las calles que serían tomadas en el `17 por el pueblo y que serían con el tiempo stalinista el desconsuelo para generaciones de poetas rusos. Pero eso será después. Ahora avanza, cruza la calle embarrada para manchar su nombre: Zinaida Gippius.
En ella estaba la ambigüedad y por ende la revuelta. Desde fines del siglo XIX venía manifestándose a favor de la liberación sexual, repensando el cristianismo y, junto a su marido (con quien estuvo unida 52 años en un poco convencional matrimonio), Dmitry Merezhkovsky, impulsor del simbolismo ruso, también la filosofía. Atractiva y seductora, le gustaba maquillarse y aparecerse en las fiestas vestida de hombre. Uno querría ver más fotos de esta mujer que también supo despreciar la Revolución y escribir en uno de sus poemas: “Mi tierra natal, / ¿por qué te arruinaron?”. La pareja se exilió en París en 1919 y Zinaida proclamó: “Muchos de nosotros abandonamos Rusia no para salvar nuestras vidas (huir es más peligroso) sino para testimoniar la verdad”.
Como pocas poetas escribió en el límite entre sexualidad y religión. La traductora de estos poemas, hace un tiempo tradujo una carta de Gippius a S. Minsky de 1894, donde dice: “Me ilumino y muero de felicidad al pensar en la posibilidad de un amor lleno de renuncias, víctimas, dolor, pureza e infinita infidelidad… Oh, cómo amaría a ese héroe capaz de comprenderme hasta el fondo y creer en mí como se cree en los profetas y en los santos…”. Agresivamente coqueta, virilmente femenino su desencanto (fue la que también dijo: “aquí no me creen, allá no me comprenden”) y su lucha. En ese juego de máscaras que son ideas, que corresponde al desafío constante de límites, hay una conciencia de que en la unión de los extremos está la escondida electricidad.

Para terminar

Dice un poema de Cherubina: “Tal vez nosotras seamos hermanas/ pues soy una bruja desde hace tiempo”. En la teoría de las correspondencias (que es una teoría de la imagen) la idea es juntar lo que estuvo separado, y cuanto más separado, mejor. Pero Natalia Litvinova decidió juntar lo que estuvo siempre cerca pero interferida su conexión. Esto le da otra vuelta a la relación. Hay que volver a armar el mapa de lecturas de lo que conocíamos. Hay que volver a San Petersburgo antes de la revolución, donde estas dos mujeres extraordinarias, opuestas en muchos aspectos y similares en otros, escribieron sin conocerse poemas como rezos, dedicados a nadie.

Tom Maver¹

 

Poemas de Zinaida Gippius en versión de Natalia Litvinova

La realidad y el sueño
se mezclan y se confunden,
cada vez más bajo
desciende el cielo funesto.

Camino y me caigo,
acepto mi destino,
con extraña alegría
y pensamientos sobre ti.

Amo lo inalcanzable,
lo que no existe quizá…
Mi criatura dulce,
¡mi única luz!

En el sueño siento
tu tierna respiración,
y este manto níveo
se vuelve ligero y suave.

La eternidad se acerca,
escucho la sangre que se enfría,
el silencio infinito,
la oscuridad y el amor…

ENTRE
………….a D. Filosofov

En la noche las ramas se ennegrecen
y se escucha el susurro de la corriente.
Me hamaca solo una red de aire,
tan lejos de la tierra como del cielo.

Abajo, el sufrimiento y arriba lo que entretiene,
tanto pesa el dolor como la alegría.
Las nubes delgadas y rizadas como niños
y las personas penosas y malas como animales.

Siento lástima por las personas y vergüenza de los niños,
aquí no me creen, allí no me comprenden.
Abajo es amargo y arriba, ofende…
Y en esta red, ni bajo ni subo.

Vivan, personas y jueguen, niños,
mientras me hamaque a todo le diré que no.
Solo me asusta pensar cómo recibiré en la red
el cálido amanecer terrestre.

Y el vapor amanecido, vivo y extraño,
se eleva desde abajo,
¿permaneceré hasta el alba en esta red?
Sé que el sol me quemará.

ARAÑAS

Estoy en este mundo en una celda,
baja y estrecha, y en cada una
de las esquinas hay cuatro
laboriosas arañas.

Son hábiles, gordas y sucias,
tejen, tejen y tejen…
No cesa su trabajo monótono
y horrible.

Hicieron de cuatro telarañas
una sola y enorme.
Miro como se mueven
en el polvo hediondo y sombrío.

Mis ojos yacen debajo de la telaraña,
gris, suave y pegajosa.
Están contentas con su bestial alegría,
las cuatro arañas gordas.

Poemas de Cherubina de Gabriak

Como el helecho florezco una vez,
como el fuego de la noche primaveral y embriagadora…
Ven por mí a la magia del bosque,
al círculo encantado, ven, arráncame.

Ámame. Todo lo mío es tuyo.
Cede ante mi nulidad amorosa.
Soy mortal y amarga como el almendro,
más tierna que la muerte, aún más ilusoria y amarga.

ESPEJO

Antaño en un impulso supersticioso
me diste el espejo con marco de plomo,
retuve el fantasma de tu rostro
en el espejo equivocado.

Cuando la melancolía quema el corazón
como gotas de caliente sangre escarlata,
en el espejo veo las cejas curvas
y la odiosa boca pálida.

Es dulce ver nuestras caras juntas,
saber que en esta hora muerta
mi melancolía tocará tus ojos
y te estremecerás en la filosa caricia de la venganza.

Camino sola por el universo
con mi sueño majestuoso,
con mi odio hacia la vida perecedera,
con mi belleza amarga.

El destino me convirtió
en zarina de un trono ilusorio…
La corona de mis trenzas negras glorifica
la curva orgullosa de mi frente.

Pero en los siglos consumidos duermen
todos los que podrían ser amados,
como yo, atormentados por la tristeza,
como yo, solos en sus sueños.

Moriré en la estepa de una tierra extraña
pero romperé el círculo encantado.
¿Para qué son tan tiernas las manos?
¿Por qué Cherubina es un nombre tan frágil?

¹ Tom Maver (Buenos Aires, 1985), Poeta y traductor. Es Licenciado en Letras por la Universidad de Buenos Aires. En 2009 salió su primer libro: Yo, la incesante nieve (Huesos de Jibia). En 2015 publicó con Barba de abejas: Rosa, traducción del primer libro del poeta chino estadounidense Li-Young Lee. En 2016, por Alción editora, saldrá su nuevo libro: Marea Solar.