La herencia de Shakespeare. El caso de John DONNE, por Lucas Margarit

Cuando tratamos la idea de “novedad” con respecto al ciclo de sonetos de Shakespeare comentamos acerca del uso de términos alejados del terreno de la lírica. Esta visión plural se manifestará de forma compleja en la poesía de los poetas metafísicos ingleses, sobre todo en la obra de John Donne.

Habíamos comentado, también, la posibilidad de establecer una analogía entre el cuerpo y la escritura, en esa relación de ausencia del joven amado y la presencia que intenta establecer el poeta en sus palabras. Esta problemática nos lleva a pensar en la materialidad de las palabras como elemento poético, y cómo en la obra de Shakespeare el continuo reflexionar sobre ellas parece moldear una nueva perspectiva de la creación que lleva implícita una falsa dialéctica entre el pasado y la novedad, entre la oralidad y la escritura, entre elementos de la Edad Media y de la naciente modernidad. Esta coexistencia produce una lectura borrosa en cuanto definiciones concretas. Es decir, exige una atención diferente con respecto al material poético al cual se enfrenta el lector. Donne fue sin duda un lector atento a las nuevas posibilidades que abrían el campo de reflexión y creación en este período. Donne, casi contemporáneo a Shakespeare, unos años más joven, también será heredero de una doble tradición y será testigo de forma más clara de la expansión del mundo moderno sobre el medieval. Recupera y pone en juego elementos que señalan su preocupación por el lugar que debe ocupar el hombre en el mundo y en las palabras que debe usar como poeta para dar cuenta de las alteraciones que se producen en su mundo. Vemos que en su contexto otro orden se imponía lentamente sobre la imagen egocéntrica que se había heredado del Medioevo, el sistema al cual se enfrenta ya no es cerrado y aparentemente armónico, sino que, tomando las palabras de Koyré, podemos caracterizarlo como un “universo abierto”. Ante estas novedades, Donne vio la necesidad de un lenguaje nuevo que de cuenta de su entorno intelectual y social. Es por ello que apelará, como Shakespeare lo ha hecho, a veces a un lenguaje cartográfico, científico, otras a un lenguaje usual, como el de la pesca, pensemos en “El anzuelo”, o en las cosas mínimas como “The Flea”.
Tomaremos para este apartado en primer lugar un poema de John Donne, “A Hymne to God my God in my Sycknesse” [Un Himno a Dios, mi Dios en mi enfermedad], donde se presenta el temor hacia la muerte y un acercamiento hacia el conocimiento científico, es decir empírico, que aliviará la angustia del enfermo. El cuerpo enfermo, en este estado de decadencia será inspeccionado por los médicos y se transformará en el texto poético en una serie de metáforas acerca del organismo como cuerpo de lectura, como texto o, más complicado aún, como mapa:

[…]Whilst my Physitians by their love are growne
Cosmographers, and I their Mapp, who lie
Flat on this bed, that by them may be showne
That this is my South-west discoverie
Per fretum febris, by these streights to die […]

[En tanto, por su amor mis médicos se vuelven
Cosmógrafos, y yo su mapa, que yace
extendido en este lecho para poder ser demostrar
que este es mi descubrimiento del sudoeste
Per fretum febris, para morir por estas estrecheces]

En este nuevo espacio de lectura se registran, se observan y se leen los nuevos conocimientos junto a los nuevos descubrimientos geográficos, dando a la experiencia renovada un lugar central en la aprehensión de la realidad. La transformación del saber se refleja en la actitud de Donne atravesada por la fe, lo cual puede ser apreciado nuevamente en la imagen cartográfica que se presenta en el poema, la cual es usada para resolver la tensión que se produce entre la vida y la muerte. La imagen mental que el poeta traslada a las palabras es la de un mapa (su cuerpo) plegado, lo cual nos da a entender que si los extremos se tocan, el este se uniría con el oeste anulando así las oposiciones. Por lo tanto el poeta encuentra consuelo en el traslado de la imagen científica a un plano metafísico, de modo que la muerte se enlaza con la Resurrección.

[…]What shall my West hurt me? As West and East
  In all flatt Maps (and I am one) are one,
  So death doth touch the Resurrection. […]

[¿Qué daño podría hacer mi oeste? Como el oeste y el este
Son en todos los desplegados mapas una sola cosa (y yo soy uno)
Así la muerte toca la Resurrección]

El camino propuesto por Donne nos lleva desde la experiencia sensible hacia una nueva aproximación a la fe, es decir que la imagen científica sirve al poeta también como parte de una realidad que se encuentra más allá de lo terrenal. La relación entre el cuerpo y el mundo, a partir de esta imagen poética nos sugiere, asimismo, una nueva consideración del lenguaje poético, lo cual se refleja en el uso del “conceit”. Como Shakespeare en los sonetos, Donne también tendrá presente la figura del tiempo como un tirano que produce la decadencia del cuerpo. Sin embargo, tal como lo demuestra en Devotions, texto en prosa del año 1623, no se enfrentará al Tiempo, como hace Shakespeare, sino que vemos una actitud de resignación. El narrador acepta que el cuerpo debe recorrer un sendero trazado por el orden natural, en el cual, tal como sucediera en el poema antes citado, la enfermedad es la señal que percibe el hombre de su propia decadencia. Lo cual se ve reflejado en el final del primer apartado de Devotions: “O perplexed discomposition, O riddling distemper, O miserable condition of man!” [¡Oh confusa descomposición, oh enigmática destemplanza, oh miserable condición del hombre!].
En este relato, nuevamente es el cuerpo objeto de lectura del científico, pero también es el objeto de las reflexiones acerca de la realidad que se debe afrontar. Podemos decir, que es el cuerpo en este estado el que produce la escritura. Escribir la enfermedad es una manera de poder reconocerla en la invariabilidad de las palabras escritas. ¿No es acaso trasladar su meditación hacia otro lugar y tiempo de lectura? Hacer de la enfermedad el objeto de su meditación es reconocer que el sujeto podría tomar distancia de ella. Sin embargo, la referencia al hombre como un pequeño mundo nos está planteando el hecho de que todo va hacia su propia ruina. No hay posible separación de la enfermedad sino es a través de la muerte, del abandono del cuerpo y consecuentemente de la desaparición necesaria de las palabras. El poeta habla, medita y escribe para no morir. La enfermedad es parte del lenguaje que la nombra. Como podemos ver en la obra de Donne se complejiza la relación con la escritura, se acerca más a un complejo desciframiento y la posición del escritor como lector se ve mediatizada por una mirada más empírica, pero a su vez más etérea por su fe. El poeta en el ciclo de sonetos de Shakespeare, lee para comprender sobre todo su escritura y a partir de allí establecer una poética. El narrador en la obra de Donne, Devotions, sabe que es necesario leer para comprender el mundo y su propio lugar en él en cuanto poeta y hombre.
El otro lector de su cuerpo, el médico, se enfrenta a otro texto ya que desde esta perspectiva científica, se ha “cortado mi anatomía, disecado mi ser, y leerán sobre mí”. El cuerpo se presenta nuevamente como una escritura que debe ser descifrada. El mapa, como el cuerpo, se transforma en un código con sus leyes particulares, donde se debe aprender a leer nuevamente. Esta cuestión había sido tratada también por Shakespeare, cuando en el soneto LXXVI nos dice “all my best is dressing old words new”, es decir todo nuevo uso del lenguaje es usar aquellas palabras “gastadas” en un nuevo modo que modifique su sentido. Lo cual si lo pensamos desde el tema que tratamos, vemos que podemos establecer una nueva relación entre las figuras del escritor y del lector, como dos caras de una misma medalla.
En este sentido nos encontramos con poetas insertos, como dijimos, en una doble tradición. No son ajenos a su pasado, sino que al ser concientes de la posibilidad crítica que ofrece su época, son también hombres reflexivos acerca de su tradición y de su quehacer, es decir de su escritura, la cual se proyecta como un pensamiento metatextual y crítico, que es posible gracias a la lectura serena que permite el aislamiento del lector con su objeto “libro”, tal como nos cuenta Maquiavelo en una carta acerca de sus lecturas en el bosque. El poeta quizás por primera vez se exterioriza concientemente como un ser de visión múltiple, ya que ahora debe afrontar una mirada hacia el pasado donde reconoce sus ancestros; otra hacia el futuro donde intenta vislumbrar otro lector que, como él, pueda reconocer el otro lado y la novedad de las palabras. Y por último, una mirada contemporánea, donde sus propias palabras se establecerán y vivirán no sólo en el libro, en el papel, sino, retomando las palabras de Shakespeare, en “los ojos de los hombres”.

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