Un maquinista llamado rocío & otros poemas – de Luisa Futoransky

Dueña de una exquisita erudición e infatigable exploradora de la palabra, Luisa Futoransky (Buenos Aires, 1939) es una de las voces más originales de la poesía argentina. Ha publicado unos veinte poemarios y cinco novelas desde 1963 y su obra ha sido traducida al inglés, francés y alemán.
Su vida es una novela, o mejor, un poema. Por citar solo algunos versos, diremos que estudió literatura anglosajona y contemporánea con Borges en la Facultad de Letras de la Universidad de Buenos Aires, que por imposición familiar se recibió de abogada y que en 1971 viajó a Estados Unidos para participar en el International Writing Program de la Universidad de Iowa. Ya nada la detuvo: vivió en Italia, España, Japón y China antes de instalarse en Francia en 1981.
Entre las distinciones que ha recibido a largo de su vida se encuentran el Premio Internacional de Poesía Carmen Conde (España, 1984), Premio de Poesía del Fondo Nacional de las Artes (Argentina), Chevalier des Arts et Lettres (Francia, 1990), Beca Guggenheim (Estados Unidos, 1991), Becas del Centre National des Lettres (Francia, 1993 y 2010) y Premio del Festival Internacional de Poesía (Argentina, 2015), entre otras.
Los poemas que presentamos a continuación son inéditos y forman parte de Marchar de día, una obra integrada por cuatro poemarios.
Luisa suele escribir al alba en su casa en el XIII Arrondissement de París, aunque si uno tiene suerte puede encontrarla a veces en el café Le Rostand, enfrente de los Jardines de Luxemburgo.

Un maquinista llamado rocío

fui
the only passenger en un carguero de línea que distinguía sus barcos con nombres de frutas del
desierto
me enredé con un jefe de máquinas cuyo apellido era rocío
en aquellos años
el problema con detenerse en la isla de san brandán
residía en que en el lomo de las ballenas no se podía ni sembrar
ni por ende cosechar flores ni frutas de jardín

ahora se puede?

II

[En el océano] hay una isla llamada Perdida, muy superior a las demás tierras por la amenidad y fertilidad de todas sus cosas, desconocida para los hombres, que hallada por alguna casualidad, no se ha podido descubrir después de hallada, por lo que se la llama Perdida. Y se cuenta que vino a ella brandán. En De imagine mundi, Honorato de Autun, 1130

Encaje de telarañas

quiero y no
para nada
compartir espacio respirable
con muertos propios
menos con ajenos

pendiente de un hilo
que se corta
por lo más raído

quede claro
prefiero ángeles
a ninfas, querubines
y dragones

la del estribo:
los fantasmas, ¿leen el pensamiento?

Arte poética

Mezclar sin que se formen grumos
suave, con paciencia
pero con uno que otro golpe enérgico
indispensable
para llegar a puerto
y por milagro
despertar -otra vez-
hoy sin ayer
Tener en cuenta
que cortada la nata ahuyenta
agriando el todo
sin remedio

El poema
primer hervor
flor de sal
velo más tenue de rocío
y fulgor último de un arcoiris
a punto de desfallecer

entre los pliegue de milhojas
anida miel
anida espanto
y machacona la cadencia
remota del danzón

Delta

vengo de un río donde las aguas bajan turbias
y parecería que ni se movieran
es un légamo infestado de tarariras, lampalaguas
caimanes de ojos dorados
y en las orillas
pecio

por la fuerza
los amores se deshacen en ese agua barrosa
pútrida
se los traga la corriente
los brazos del río cuando llegan al delta
para respirar gimen, sollozan
se atragantan con los muertos

sin calificativos
sin aspavientos
el agua no es sensata ni insensata
el cariño y los detritus corren idéntica fortuna
se atoran y consumen en los ríos
los mismos gusanos corrompen las plantas, los animales y la gente

nada está hecho para durar, para quedarse, ni siquiera el mundo
no te apures
vos tranquila

2


los camalotes aprovechan
la volada
se hicieron con el horizonte

desconfíen del celeste
y más del blanco
que para nada
es inocente

3


en manos de monet
los camalotes se disfrazan
primero de nenúfares
y de ninfeas después

detrás del relumbrón
él y yo sabemos
que la procesión va
y riela
muy por dentro

∇ Introducción por Mariano Rolando Andrade.