Once jóvenes poetas cubanos 〈Parte Dos〉 – Selección y nota de Víctor Rodríguez Níñez

Cuando menos lo esperas
das con el ángel de la jiribilla

Once jóvenes poetas cubanos

Luis Yuseff, Isaily Pérez González, Javier Marimón Miyares, Leymen Pérez García, Marcelo Morales Cintero, Oscar Cruz, Liuvan Herrera Carpio, Jamila Medina Ríos, Moisés Mayán Fernández, Legna Rodríguez Iglesias y Sergio García Zamora

Selección y nota de Víctor Rodríguez Núñez

Afirma José Lezama Lima que “el ángel nuestro”, el símbolo de la sociedad y la cultura de Cuba, es “el ángel de la jiribilla”. Esa criatura hecha “de topacio de diciembre, verde de hoja en su amanecer lloviznado, gris tibio del aliento del buey, azul de casa pinareña, olorosa a columna de hojas de tabaco”. A pesar de su tierna constitución, ese ángel no permite que lo ignoren, que le den de lado, que no lo reconozcan, porque es como “la tortuga nuestra, que cuando se encoleriza le arranca un jarrete al toro”. Para vergüenza del Diccionario de la lengua española de la RAE, “[l]a palabra jiribilla no está registrada”; sin embargo, la Academia Canaria de la Lengua da el paso al frente y, sobre todo, da en el clavo: “inquietud que se manifiesta con un exceso de movilidad”, y también “[p]ersona muy inquieta”.

El “ángel de la jiribilla” se me apareció en cuerpo y alma cuando leía recientemente la antología El canon abierto: Última poesía en español, edición de Remedios Sánchez García y selección de poemas de Anthony L. Geist, publicada por Visor en 2015. En la nota de contraportada se lee que “[c]erca de doscientos investigadores de más de cien universidades (Harvard, Oxford, Columbia o Princeton, entre ellas) han elegido a los poetas más relevantes de la lengua española nacidos después de 1970”. Entre los cuarenta poetas escogidos, no hay ninguno de Cuba; incluso, en el “Listado completo de poetas mencionados”, que incluye a ciento veintidós autores, solo se menciona a un cubano. No está de más aclarar, a estas alturas, que estimo la obra y soy amigo de más de la mitad de los poetas seleccionados.

Le pregunté estremecido al “diablillo de la ubicuidad”: ¿habrá caído tan bajo la poesía en nuestra isla, la tierra de Heredia, Gómez de Avellaneda, Martí, del Casal, Boti, Brull, Guillén, Loynaz, Florit, Ballagas, Lezama Lima, Piñera, Baquero, Diego, García-Marruz, Jamís, Padilla, Kozer, Nogueras y Escobar, para solo mencionar veinte nombres? Con su “[s]impatía de raíz estoica”, el ángel me dijo al oído que esto no podía ser, porque “[m]ostramos la mayor cantidad de luz que puede, hoy por hoy, mostrar un pueblo en la tierra.” Y me puse a hacer lo que ninguno de los investigadores y críticos consultados parece haber hecho: investigar la poesía cubana. Después de la lectura de unos setenta libros, más una decena de antologías e innumerables revistas, presento a los lectores de Buenos Aires Poetry el resultado de mi investigación.

El hecho es que pocas veces en su historia la poesía cubana ha sido más variada, innovadora, crítica y atractiva que en nuestros días. Protagonista indiscutible de este esplendor es la llamada Generación Cero, la de los poetas nacidos a partir de 1970 y que comienzan a publicar después de 2000. Su obra reafirma la larga y rica tradición cubana de poesía dialógica, que se desvela por el otro en forma y contenido, y está marcada por las tensiones entre el coloquialismo y el neobarroco, el compromiso y la libertad, la belleza y la violencia. Aunque están relativamente aislados, por su poco o nulo acceso a Internet o por sus dificultades para viajar, estos poetas no muestran ningún retraso en su quehacer y, por el contrario, se ubican en la vanguardia de la poesía que se hace en el mundo de hoy.

La exclusión de poetas como los aquí reunidos de El canon abierto… solo pone en evidencia la “[f]abulosa resistencia de la familia cubana”. Esto me lo grita el ángel de la jiribilla y, a pesar de que reniego del nacionalismo, que es la ideología más perversa, me saca un par de lagrimitas. Los responsables de la antología no consultaron a ningún académico ni crítico cubano, a pesar de que en la isla hay una decena de universidades donde se estudia literatura, centros de investigación como el Instituto de Literatura y Lingüística y Casa de las Américas, y varias revistas especializadas y culturales donde se ejerce el criterio. Antes de alzar vuelo como un colibrí, el ángel concluye que nadie debe olvidar nunca que en Cuba “[y]a la imagen ha creado una causalidad, es el alba de la era poética entre nosotros”, y sus palabras me indican el camino.

V. R. N.

Liuvan Herrera Carpio

Fomento, Sancti Spíritus, 1981. Poeta, ensayista, crítico y editor. Licenciado en Letras por la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas y Máster en Cultura Latinoamericana por la Universidad de las Artes. Actualmente es docente en la Universidad Nacional de Chimborazo. Libros de poesía: Entre dos cristos (2005), Animales difuntos (2006), Discurso del hambre mientras se marchitan dos ciudades (2009) y Muertos breves (2011). Libros de ensayo: La sencilla palabra: Franciscanismo poético en la obra de Dulce María Loynaz (2012) y Diez punzadas: Ensayos y recensiones (2015). Reside en Riobamba, Ecuador.

Tigre

para Virgilio, antes de ser devorado

La piel del tigre es una trampa. Cuando mi hijo abre los ojos, como un grito frente al animal, no se da cuenta que tras un doble enrejado la piel del tigre está sin pintar. Los tigres desayunan carne de poeta: el domador castiga a las legumbres ofreciéndolas como armadura para este exquisito brazo de Blake que ahora mismo vemos engullir. La digestión del tigre es paciente como los ojos de mi hijo, como los huérfanos ojos de mi hijo.


Mortaja de sábado

Al tender las sábanas
como cuerpos recién ahogados,
una camisa contigua
encoge los hombros.
La ungida, sin nombre digno que recordar;
ofrece al sol el cadáver del tálamo
donde su hijo, cada noche,
se deja extraer por Dios
una costilla irrecuperable.
Dios exprime
la muerte en la sábana,
pero el cansancio de mi madre
le impide atisbar el milagro.
No la culpes, hombre de la cruz,
cuando reta al sol con humedad formidable.
Tú pendiste las horas como un ahorcado
y Dios exprimió tu sangre
desde su altura.
Tiende la sábana como gesto de rendición.
¿Ante quién flaquea mi madre cada semana?
¿Qué enemigo le obliga a retirarse
sin victorias que alimentar?
Dispongo a cerrar los ojos:
ya siento en mi vientre el cisma de Dios.
El almidón, justo padre,
maquilla silencioso una mortaja.


Hierros de carnaval

Fraguados en herrerías clandestinas
viajan sobre trailers ominosos
por la cicatriz nacional,
artefactos para la diversión,
que en carnavales de barrio
se erigen en solo una hora.
Piezas de antiguos centrales
adobadas por años en el alcohol
de almíbar,
ahora toman sitio
en sillas voladoras y en
botes suspendidos en el arco
de su viaje.
Quien no asistió al esplendor
de los parques eléctricos,
podrá encontrar aquí
una desleal imitación.
Di adiós a tu hijo mientras
resiste su vértigo
en las pequeñas jaulas
de “El Exterminador”.
Subamos a “El Dragón”
cuando su mal trazado ojo
ve derramar la cerveza sin nombre,
detenida en odres de extraño níquel
y disputada por caballeros de sed medieval.
Sobre las esteras de montaña rusa
oyendo crujir los frenos de la noria,
te dije: qué triste el país.
—Diviértete, fue la respuesta
mientras me alcanzabas un
algodón de azúcar,
traída del gran Brasil
en oscuras bodegas
de lujosos trasatlánticos.


Avenida del Puerto

Solo un tendón de grúa
pudo arrancar de un tajo
al framboyán sorprendido.
Por la Avenida del Puerto
es trasladado sobre la
espalda de un camión
—hijo del palimpsesto y la inventiva—
hacia su parterre de cemento,
sitio donde brindará sombra
cubana, al viajante de los cruceros.
Bien se sabe que uno de
diez logra resucitar al
prender sus venas
en la roca de petróleo.
Pero el Puerto de La Habana
merece ramilletes de púrpura
que hinchen más tarde
la postal y el obturador.
Si volviera de la muerte
el pintor Jay Matamoros
no hallaría en el repatriado
motivo para la estampa.
Su ojo naif solía detenerse
en la copa silvestre que amparaba
al guajiro en la tregua del mediodía,
lejos del salitre que ahora
empaña la flor de sangre.

Jamila Medina Ríos

Holguín, 1981. Poeta, narradora, ensayista y editora. Filóloga y Máster en Lingüística Aplicada por la Universidad de La Habana. Fue editora de poesía de Ediciones Unión. Libros de poesía: Huecos de araña (2009), Primaveras cortadas (2011), Del corazón de la col y otras mentiras (2013), Anémona (2013); y las antologías Traffic Jam (2015) y Para empinar un papalote (2015). Libros de narrativa: Ratas en la alta noche (2011) y Escritos en servilletas de papel (2011). Libro de ensayo: Diseminaciones de Calvert Casey (2012). Ha recibido los premios David de Poesía y Alejo Carpentier de Ensayo. Reside en La Habana.

Fur(n)ia

El ejercicio de la escritura apostado fuera de la escritura y escindiéndola con el rabo del ojo. Una cisura practicada en una escritura que se insiste furnia.
Huecos de araña, huecos de nariz, boca, cuencas de ojos, oídos, vulva, vagina, bahía de bolsa, ombligo, ano. E incluso el descubrimiento de intersticios bajo la lengua, entre los dientes y la encía, debajo de la rodilla, encima del codo, en la jabonera de las clavículas, en los 16 arcos entre dedo y dedo de los pies, en las axilas, en el vacío de las manos juntas y de las manos echadas hacia atrás, en las comisuras, en las arrugas de la frente, en los labios agrietados, en el hedor de las patas de gallina, en la hendidura de la entrepierna, bajo el peso de las trenzas y los senos, en la nuca rendida, en la blandura del tobillo, en los valles y altozanos del vientre, en la morada debajo de las uñas, en los pliegues ilegibles de las palmas de las manos, en las furnias rajadas del nudillo. Mujer agujereada, mujer (alfombra) arrollada, mujer (paracaídas) plegadura.
Mujer ubre y odre y útero. Mujer embocadura de río. Máter. Materia. Madreperla sobre madrépora. Madre-del-verbo. Ave María. Damajuana.
Un cuerpo que desea a otro que soba y orada. Lecho de arena y concha, para ser (des)h/ollado. Playa, puerto, embarcadero, varadero, abrevadero, aliviadero, bebedero de yeguas y de patos.
Huevo. Ovario. Canasto.
Mujer de mimbre, caña flexible, cáñamo, flauta dulce, espiga, lirio desmadejado. Mujer de estambre. Punta bordada de mujer.
El ejercicio de la escritura como un latigazo en la carne para abrir zanjas y liberar fluidos. Mujer orines, mujer sangre, mujer fécula, mujer leche. Avalancha riada. Arrollo murmullo. Espumarajo arcada. Balanceo de columpio mujer. Nanadora. Acunadora. Sanadora. Vaina.
El ejercicio no como la erección de un panóptico sino como una obturación, ensanchamiento de la dilatación del ser habitada, explorada, cavada, perforada, aserrada, rajada, acribillada, trepanada, traspasada, desabrochada, desvirgada, defenestrada, abierta. La mujer la porosa. La leporina, la li(e)bre, la leprada. Y el ejercicio como una amputación de lo que no tiene y sobra. Matadura del padre al excavar la raja. Matadura de la madre al ejercitar el equilibrio con las manos extendidas sobre el cordón umbilical, y saltar la cuerda, hacer pulsos, tobilleras y argollas de narigón, y jugar al ahorcado. Clava y clavadura. Encaje: con un ejercicio haciadentro y haciafuera de inserción y deserción. Furia y furnia.
Una escritura que se insiste ensenada tiene una rabia una península confesa, oracular. El armadillo que se encueva, que se acoquina, que se aova, que se empolla, puede empezar a vomitar garras lenguas tentáculos pezuñas. Extremidades. Palpos, pulpos. Vecindades. Mano en la oscuridad. Arañazos hilos. Lengua anhelante. Imán. Hambrunas. La escritura vaso constrictor, la escritura contenida, la escritura conteniendo ser la escritura abrazo. La voz de sirena corporizada perfume, pañuelito al viento, valla de publicidad. Mujer brazo gitano. Mujer brazo, duro, de la ley. Magnolia de acero. Magdalena desleída en el té, que atrae poderosamente… recuerdos. Lágrimas de cocodrilo. Estalactitas. Casimbas ojo del invierno. Mujer tijera, cuchillada, estaca, pica hielos, dientes de peineta, de sierra y de león. Mujer pasamontañas. Armadillo en chino: como el animal engalanado para cruzar la cordillera. Mujer muralla. Mujer fusta de cobra. Aviborada.
Mujer pócima. Una escritura que mata a la mujer alargando su veneno, si se deja crecer la lengua y se autosacia o penetra, como un ouroboros infernal. Hermafroditismo en el tacto. Una sensibilidad que se empoza y se amordaza con su propia tentación.
Saca tu lengua, mujer, de la carnada. Cierra la boca. Los negros no se ríen alto, las mujeres no se abren tanto para comer o bostezar. Tápate eso, cochina. Una escritura que se mira y cuyo clítoris crece de excitación verbal es de temer. La furia en furnia. Silenciada. No la furnia en furia. Llamamiento. Llamarada. Esa mujer anémona. Hágase una p/hiel líquida que apague a la ninfómana. Ábrase mujer linfa. Apurar el trago amargo, probar con la lengua una escritura sin muerte ni grito ni dolor. Sin hincar las rodillas… sobre granos de trigo. La letra con sangre entra. Déjate hacer. Dejarse hacer. Dejarse ser…


Palpo/ antena/ tentaculario

Callada escruto en mí la música tranquila
que sobreviene al caos
al pataleo de los dedos succionados
por el rosa sediento.

En la humedad qué paz hallar
en lo sombrío en la tardanza en la víspera
del ciempiés de palpos
que abandona temblando el baptisterio
qué sequedad a que agarrarse qué oquedades
en que embutir la ventosa:
un (a)brazo que afinque para hociquear arriba
cuerpo por hombros apenas
mano callosa en columnata
y los muñones de las piernas
arribabajo
y atrás y alante columpiados sin brida.

Si no doy pie si no hallo a tientas el interruptor
el asidero: cuenco o co(r)no abierto a la lamida
si no amordazo las cabañas de la noche
o entierro dedos en el pelo…
no suelto prenda
no regurgito el salto.

Raspando con cuchara
el dienteperro
las yemas metidas en un agua de rosas
manos entrando al manadero
duro siglos

mas
cuando se recogen
los aperos del día
no quedo quieta en mí:

temiendo al daño
la lengua repta en las paredes del cerebro
buscando un dardo y una cerrazón
la escarbadura
el escondite en el otro
que agrieta el pecho
del que explora.

En esta gruta estuve ya
saqué los dedos encendidos
de la avispa del agua
y rosa flameaba el centro
y rosa flameaban las yemas
que se escondían de cabeza
en el manadero de tales.

Hay una lengua de deseo
que me trago cuando vienen los golpes
de la espuma
y el cuerpo cripta se levanta
como una araña una culebra
emasculada con un palo
un avispero de tierra.

Para verme callar para verme caer
han bajado los puentes giratorios.

Palpo-ícaro-antena
me estiro otra noche
buscándome las puntas de los pies
el centro de la espalda sin lavar
la ye(r)ma blanda del cráneo.

¿Se calmará el anemonario
atizado
por la aurora de casquivanos dedos
o habrá que sombrear las puntas
y estirar la palma
como Lady Lazarus
cortándolos caer?

Yo solo digo
por cada palpo
un tentáculo.

 Moisés Mayán Fernández

Holguín, 1983. Poeta, narrador y editor. Licenciado en Historia por la Universidad de Holguín y egresado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Libros de poesía: Fábula del cazador tardío (2007), El monte de los transfigurados (2009), Cuando septiembre acabe (2010), El cielo intemporal (2013) y Raíz de yerba mate (2015). Ha obtenido los premios de poesía Ciudad del Che, Regino E. Boti, Gastón Baquero, Juegos Florales de Matanzas y Ciudad de Holguín. Reside en Holguín.


El hombre estacionario

Los pájaros pierden rápidamente el miedo
y aprenden a posarse junto a los gatos de cemento.

Pájaros que no han visto nunca un bosque real
con abedules, cipreses y álamos.

Frágiles seres de ciudad. La noche los sorprende
en aleros de altos edificios,
bajo las chimeneas de las fábricas
o en esos árboles que crecen
próximos a transitadas autopistas.

Pero con los gatos de cemento
han comenzado a aparecer en algunos techos,
pájaros inmóviles, que soportan la lluvia y el invierno
en un gesto de canto demorado.
Y seguramente pronto veremos
cómo surgen en nuestros jardines los árboles de hierro.
Con ramas a prueba de huracanes.
(No podrán los enamorados
raspar sus nombres en la corteza).
¿Y los tristes pájaros que nunca han visto un bosque
con abedules, cipreses y álamos?
¿Los pájaros que crecieron
en nidos de filamentos metálicos?
¿Sus sueños de amanecer
en la rama olorosa de una acacia,
un árbol auténtico, un bosque que cerrándose en torno
proteja a sus polluelos?

Veo los pájaros posándose junto a los gatos de cemento
mientras emplazan frente a mí la estatua de un hombre.
El Hombre.
Sufro las ansias de rozar sus miembros de mármol.
Yo tampoco he visto nunca un bosque real,
los abedules, cipreses y álamos han sido desterrados
de mi mente.

Me estoy convirtiendo en un hombre estacionario.


Extraño animal, inocencia

Los niños, si pueden, crecen
José Saramago

Llega el tiempo en que descubres tras el enrejado de tu pecho
la muerte del antiguo animal de la inocencia.
Y quedas inmerso en la desesperante blancura del día.
Sin fuerzas. Viendo alzarse los manicomios.
Como algas en un océano de luz. Y eres isla dentro de isla.
Privado de la gravedad de los navíos. De las hermosas criaturas
que en sus bodegas cruzan el Atlántico. Caballos árabes.
Galgos. Monos. Quetzales. Y aquel extraño animal
apresado en los confines de Bikanir. La inocencia.

No por anunciada la muerte sorprende menos. Perturba.
Violenta con sus derrumbes interiores la jaula/corazón.
Te asomas al enrejado y ves al animal inmóvil. Palideces.
Algo de ti parte con él. Se astilla contra los muñones
de la cárcel donde apresaste la inocencia.
Es el riesgo de volverse adulto. De crecer.
Desprendimientos. Quebraduras.
El ciclo humano. Estaciones que el brazo de Dios
va segando en el peligroso paisaje de la vida.
Perder la inocencia es adentrarse en los manicomios.
Asumir gota a gota el bebedizo del delírium.

Buscas señales de agresión. Dentelladas. Saetas.
El pozo de sangre fluyendo en la garganta.
Y no adviertes la rojez homicida de quien mata.
La marca de unos dedos entre el pelaje.
O un coágulo de dolor en los ojos. Muy abiertos.
Es natural la muerte de la inocencia. (natural & muerte
son términos de compleja asociación —lo reconozco).
Ah, pobreza del idioma. Incapaz de precisar el martirio.
Agónicas noches del espécimen que se sabe
definido por la fatalidad. No antílope. Perro de aguas.
Pájaro de fuego. Sino un extraño animal
apresado en los confines de Bikanir. La inocencia.

Hay que aprender a despedirse.
De la metálica ligereza del velocípedo en los pasillos.
De la casa donde crecimos. Del miedo a la noche.
(Inmensa tras los pórticos). Del Día de Reyes.
Del abuelo y sus historias. De la abuela y sus dulces.
De las tardes de domingo. Despedirse.
Soltar amarras. Con la gravedad de los navíos.
Con la resignación de las hermosas criaturas
que en sus bodegas cruzan el Atlántico. Caballos árabes.
Galgos. Monos. Quetzales. Aves del sol y de la sombra.

Llega el tiempo en que descubres tras el enrejado de tu pecho
la muerte del antiguo animal de la inocencia.
Y quieres volver a las fotografías.
Al álbum de las primeras veces. Cuando la manzana
de casas era el mundo. Y te despertaba la música
de la lluvia en los techos de zinc. Y eras feliz.
Y el animal —apenas una cría. Como tú.
Jugueteaba en la planicie de un pecho sin barrotes.

Quieres volver. Pero es imposible.
No hay otros paraísos que los paraísos perdidos.

Cimarrón

Yo soy un hombre sincero, pero la poesía me obliga a mentir. Ahora mismo soy un esclavo que huye. Entre los punzantes abrojales de la isla. A la sombra tóxica del guao. Contra la pilosa hoja de la ortiga. Un esclavo que no tolera más la campana del ingenio. Ni la zafra. Ni el aire viciado del barracón. Un esclavo que pudo haber sido el príncipe heredero del reino de Beinkira. Un jefe tribal entre los achanti. Pero en este país hasta los príncipes y los jefes caen en desgracia. Cualquier príncipe o jefe puede amanecer bocabajo en el cepo.
La libertad tampoco es como la pintan. Duele respirar en libertad. Y para colmo los ladridos de los perros. Acercándose. Y para colmo los monteros que rastrean cada palmo. Cada palma. Y para colmo el látigo. El célebre látigo del mayoral.

Legna Rodríguez Iglesias

Camagüey, 1984. Poeta, narradora y dramaturga. Libros de poesía: El momento perfecto (2012), Tregua fecunda (2012), Chicle (2013), Chupar la piedra (2013), La Gran Arquitecta (2014) e Hilo+Hilo (2015). También ha publicado las novelas Mayonesa bien brillante (2012) y Las analfabetas (2015); el libro de cuentos No sabe/ no contesta (2015), y los libros para niños El arroz de la locura (2015) y La mandarina mecánica (2015). Ha obtenido los premios Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar y Casa de Las Américas de Teatro. Reside en Miami.

99

no te voy a leer un poema de Ezra Pound me advierte mamá por teléfono
te voy a leer la última ley que salió este año que también es poesía y te gustará
saber que solo con el seguro social se pueden casar las personas y no hay
que esperar a ser residente solo hay que ser persona y querer casarse
para leerse uno al otro cuantos poemas de Ezra Pound tú quieras a la hora
que quieras y en la postura que elijas me advierte mamá por teléfono
solo con el seguro social se pueden casar las personas y no hay que esperar
a ser residente solo hay que ser persona y querer casarse para leerse uno
al otro cuantos poemas de Ezra Pound tú quieras a la hora que quieras
y en la postura que elijas me quedo repitiendo yo cotorra sujeta a cambios
no es para leer poemas y menos de Ezra Pound que me casaré contigo es para
que entres en mí a la hora que quieras y en el lugar que quieras y en la forma
que consideres y lo rompas todo y lo desacralices todo si quieres o si no quieres


77

Dios mío me regalaste una lengua de puerco viva que se movía en la olla de cocción
eléctrica y me sacaba la lengua y me instaba a ladrarle y morderla y metérmela en la vagina
una lengua de puerco gorda y rosada como mi lengua que se movía igual que mi lengua
yo conozco el movimiento yo sé moverla igual y causar esa misma provocación la misma felicidad Dios mío ese regalo me cayó del cielo me volvió loca me desquició lo peor
fue cuando se ablandó abandonando movilidad abandonándome yo la conduje ahí
a ese tiempo y a ese espacio de modorra su muerte duró media hora Dios mío
por qué es hermosa la muerte y por qué uno se deleita en ella si en realidad lo que quiere
es quedarse coleando viviendo para siempre sobre la faz de la tierra la faz de cualquier
país incluso los Estados Unidos de América un país que ya sabemos que es sinónimo
de olla pues ya saqué mi cuchillo y saqué mi tenedor y ya me comí la lengua y ahora voy
a acostarme y a dormir profundamente y voy a soñar contigo moviéndote en la olla


33

las pajas que me hago esperando a Godot huelen a jurel en salsa de tomate
sin tomate y sin aceite y sin albahaca y sin fuego lento y sin fuego alto
emocionalmente peores que las pajas a las dos de la mañana
con deseos de tocar el timbre de todas las puertas de mi edificio
y en cada puerta pedir un fósforo para encender la cocina
cada uno de los días de este año en que se conmemora mi treinta aniversario
mentiría si afirmara que las pajas de la espera son capaces de alegrarme
volverme una mujer con tomate y con aceite y con albahaca
y sin dudas con jureles en todas partes del cuerpo de la mente y del espíritu
mentiría si afirmara que al mover un dedo despacio rápido despacio
se me olvida lo que tengo que hacer en lo adelante
mentiría si mi espíritu supone que algún día
de este año sorprendente en que se conmemora algo ya dicho en otras líneas
Godot regresará siendo el mismo y siendo todo lo que yo necesitaba

22

derecho al fondo más al fondo está eso que late y duele sin detenerse dios me libre
eso que ladra y muerde como un animal salvaje o como un pajarraco indígena en cautiverio
es el corazón en su concepto de alma lo más imbécil que uno tiene por delante
aquello que hace trizas lo que le rodea como el pensamiento y el discernimiento
convertidos en jugos biliares y echados hacia fuera a través de un órgano con muela
un órgano encargado de transmitir aquello que le dicta la conciencia o el alma
el párrafo anterior me lo ha dictado la conciencia o el alma a esta hora no sabría cuál
me he despertado y he venido derecho al fondo y he tecleado esto avergonzada
soñé con la palabra ébola y con la palabra dengue las vi en sueños las acaricié el hombre
que sueña con palabras ha llegado sin dudas a una edad en la que no hay tiempo
que perder y la mujer que sueña con palabras debe interpretar sus palabras de la manera
correcta o perderá su tiempo y sus palabras derecho al fondo está eso que te hace
perder el tiempo o ganarlo yo no perderé mis palabras aunque las interprete mal

Sergio García Zamora

Esperanza, Villaclara, 1986. Poeta, investigador literario y editor. Licenciado en Filología por la Universidad Central Marta Abreu de La Villas. Libros de poesía: Autorretrato con abejas (2003), El afilador de tijeras (2010), Tiempo de siega (2010), Poda (2011), El Valle de Acor (2012), Día mambí (2012), Libro del amor feliz (2013), Pabellón de caza (2013), Las espléndidas ciudades (2013), La violencia de las horas (2013), Caballería insurrecta (2013), Animal político (2013), Pensando en los peces de colores (2013) y Perro que aúlla (2015). Ha recibido los premios de poesía La Gaceta de Cuba, Rubén Darío y Fundación Loewe a la Creación Joven, entre otros. Reside en Santa Clara.

Balada para colgarse

a François Villón, el maldito, lo suben y lo bajan de la horca un poeta después de otro. no fui a la universidad, dice Villón, para ser un pelele; no gané el favor del rey, para ser un muñeco de paja. un poeta después de otro lo piden para sus bandas; todos quieren a ese francés en sus cochinas bandas, a ese diablo criado por un monje. el maldito de François se ríe: piensa deshacerse del cabecilla y tomar el mando. entre poetas también se está entre putas y ladrones. a François Villón, el maldito, lo suben y lo bajan de la horca un poeta después de otro. no escribí para esto, dice Villón, no robé ni maté para esto. si quieren entonar mi balada, pónganse la soga al cuello.

La madre

mi madre se enternece oyendo un xilófono. según el diccionario: instrumento musical de percusión, hecho de tablillas de madera. el xilófono, no mi madre. pero si mi madre quiere se vuelve un instrumento, se vuelve musical, se vuelve de percusión, se arranca una tablilla y me da una zurra que me enternece. todo está en proponérselo como el padre de Beethoven, que no debió ser tan malo cuando el hijo fue tan bueno. lo de Beethoven era el piano; lo de su padre, la educación musical. un xilófono parece un piano. el xilófono, no mi madre. pero si mi madre quiere se vuelve toda piano y me deja caer sobre los dedos la tapa del teclado para que ande piano, para que nunca me recupere del enternecimiento, como lo haría el padre de Beethoven. o acaso mejor: como lo hace la madre del poeta.

Santo y seña

Murió mi abuelo sin que yo preguntara por el padre de su padre. Solo me sirve la mañana en que estuve sentado en las piernas de mi abuelo y bebí café entre mayores de igual a igual. ¿De cuál estirpe era mi abuelo que no entiendo su bondad súbita con los desconocidos de paso? Había que sentarse a la mesa y comer lo que sus manos le ganaron al señor feudal. Había que sentarse y comer si querías ser escuchado:
……………………Siéntate y come, hijo mío, después hablamos.
Mi abuelo niño y sus hermanas atraviesan un campo de remolacha y otro campo de papas. Redoble de tambor sobre el vientre. Inclínate, dice la mayor, hasta que Su Majestad el Hambre a nuestro lado pase. Entonces mi abuelo baja el rostro, se queda mirando los cascos descarnados de la bestia en que el Hambre monta. Este es el conjuro de quien sufrió toda el hambre:
……………………Siéntate y come, hijo mío, después hablamos.
Murió mi abuelo sin que yo preguntara por el padre de su padre (ni por la madre de su madre para ser justos). Por lo pronto no conocemos más allá de mi abuelo. Salvados de un pasado glorioso como de un pasado abominable. ¡Salud para los que heredaron tierras y crímenes! ¿De cuál estirpe son estos hombres que vinieron a velarlo? Que digan santo y seña para reconocerles la entraña:
……………………¡Siéntate y come, hijo mío, después hablamos!

Poemas con neblina 

poemas con neblina, horrendos poemas con neblina donde nunca se logra conducir, si no es a riesgo de estrellarse. los nuevos poetas neblinosos gustan de nombrar a Londres sin haber ido a Londres, como si la neblina fuese privativa de esa ciudad, como si no hubiese neblina en otros países, en otras ciudades  que conquistó Inglaterra. poemas con neblina, horrendos poemas con neblina donde las luces del auto descubren tu doble fantasmal. los nuevos poetas neblinosos gustan de tenderse sobre la hierba como un cuerpo más bajo la neblina, a riesgo de agarrar el Gran Resfrío y morirse sin ver Londres, sin ver otra ciudad ni otro país espléndido como Inglaterra. poemas con neblina, horrendos poemas con neblina que me hacen recordar a mi abuelo: hoy habrá un sol tremendo

 

CUANDO MENOS LO ESPERAS DAS CON EL ÁNGEL DE LA JIRIBILLA. ONCE POETAS JÓVENES CUBANOS. 〈PARTE UNO〉 SELECCIÓN Y NOTA DE VÍCTOR RODRÍGUEZ NÚÑEZ PARA BUENOS AIRES POETRY, 2017.