Cristo en ‘Eua y otras canciones de los Mares del Sur – de Mariano Rolando Andrade

Mariano Rolando Andrade partió cien días a los míticos Mares del Sur desde Yakarta hasta las Islas Marquesas en las huellas de Rimbaud, Melville, London, Stevenson y Conrad, entre otros. El derrotero de esa travesía es un conjunto de poemas de los cuales Buenos Aires Poetry ya ha publicado “El entierro de Stevenson”. Aquí presentamos otros tres textos inéditos.

Cristo en ‘Eua (1)

I

Ya no hay Navidad
si solo cuentan los que no están.
Te prefiero así: confinado y lejos.
Un plato de comida,
un vaso de agua,
nadie que hurgue.

A tus espaldas
la marea ha liberado
el laberinto de rocas,
campos de estrellas de mar.
A tus espaldas,
acechan otras navidades.

Las sobras de la cena
quedaban servidas
para apetito de los muertos.
¿Dónde comerán
esta noche los tuyos?
¿Quién dejará la mesa tendida?

II

Las primeras campanas
doblaron a las cinco.
Al alba, de Tufuvai a Pangai,
el cielo de ‘Eua bebió
los cantos de piedad y júbilo
vertidos por cada templo.

Peregrino hosco,
te marchaste a la montaña
y sus bosques.
Era tu deseo
en sus sendas perder la tuya
para tentar al demonio.

Quizás de este modo,
habías soñado,
las ánimas de otras navidades
confesarían sin temor
adónde fue que tus muertos
hallaron su cena anoche.


 

(1) ‘Eua es una isla en el reino de Tonga con caseríos a lo largo de una golpeada ruta de tierra que la recorre de norte a sur. Sus habitantes, como la mayoría de los tonganos, son fervientes cristianos.

Si llueve y llega la noche a Prambanan

Si llueve
y llega la noche a Prambanan,
ella se sentará sola
en el umbral del templo
del ánsar de Brahma
para verte partir
sin pedir
que te quedes a consolarla.

Si llueve
y llega la noche a Prambanan,
ella pensará en Sita
repudiada por Rama,
y preguntará
por qué los hombres
hacen ciertas cosas
sabiendo de antemano el final.

Si llueve
y llega la noche a Prambanan,
ella dejará caer
todas las gotas del cielo
y luego caminará,
sola y libre,
hacia el amanecer
que vislumbró al verte partir.

 

Puertos que soñé

Hay ciudades
que nunca despiertan,
somnolientas
por el bochorno,
el mar detenido
frente a costaneras
de niños y cemento,
frutas y mujeres
en mercados eternos.

Port Vila, Apia, Nuku’alofa:
puertos
que soñé míticos,
sin presente,
anclados en la nostalgia
de haber sobrevivido
al océano
y sus fieras embarcadas,
el fuego, ciclones.

Los rostros jóvenes
sedientos
atrapados por el futuro,
desgarrados
del vientre de sus islas.
Ukeleles y agrios
sorbos
de boles de kava,
loas a Iesu Kerito.

En cada muelle
dormita un viejo carguero
de bandera incierta,
como en los bares
algún viejo occidental
que morirá solo y lejos
mientras el horizonte
prepara tormentas
y la bruma del calor nos seda.