Dos poemas de La línea del desierto (inédito) – de Alicia Genovese

Alicia Genovese (Buenos Aires, 1953). Publicó los libros de poesía El cielo posible (El Escarabajo de Oro, 1977); El mundo encima (Editorial Rayuela, 1982); Anónima (Último Reino, 1992) Premio Municipal 1992-1993; El borde es un río (Libros de Tierra Firme, 1997); Puentes (Libros de Tierra Firme, 2000); La ville des ponts / La ciudad de los puentes (Écrits des Forges, 2001), antología bilingüe; Química diurna (Alción, 2004); La hybris (Bajo la luna, 2007); Azar y necesidad del benteveo (Mágicas Naranjas, 2011); la plaqueta Aguas (Cuadro de Tiza, 2012), Aguas (Ediciones Del Dock, 2013), El rio anterior, Antología Poética (Ruinas Circulares, 2014). Como ensayista ha publicado La doble voz. Poetas argentinas contemporáneas (Biblos, 1998. Reeditado por Eduvim, 2015), Leer poesía. Lo leve, lo grave, lo opaco (Fondo de Cultura Económica, 2011). Ha recibido la Beca a la Creación Literaria del Fondo Nacional de las Artes (1999), la Beca John Simon Guggenheim (2002) y el primer premio en Poesía del Certamen Internacional Sor Juana Inés de la Cruz 2014.
Los poemas aquí presentados pertenecen a La Línea del desierto, próximo a ser publicado en 2017. 

El hervor

… fue la primera vez que me sentí como si no
perteneciera a ninguna parte.

Sam Shepard

Silba la pava
y me avisa algo más que su hervor,
he llegado a casa.
La dejo que silbe y el aire
se va impregnando de olores
que extrañaba;
a leña encendida en la salamandra
el último julio y a juncos
de la cortina
que se humedece con el vaho.
Cada vez más filoso su sonido,
vuelve a anunciarme
que está lista el agua para el té,
si eso era lo que quería,
que ahí están las hierbas
y las tacitas chinas y qué espero
para bajarlas del estante
y qué más, si está todo en orden
aunque me ausente
aunque me vuelva irreconocible
el entusiasmo por viajar.
Si como digo el mar se aislaba
detrás de una tormenta de arena,
mientras la playa era un cristal raspado
al final de una ruta solitaria y desconocida.
Si como digo los vientos cruzados del sur
inutilizaban el aeropuerto
y el tiempo se detuvo sin respuestas,
ahora debería preparar ese té.
He llegado a casa, he llegado a casa.
Mientras dura el silbo entiendo,
el agua que hierve tiene valor
prender una hornalla tiene valor.
Pero una deja de escuchar.
El adormecimiento fue haber dejado
de escuchar. El bien, el amparo
son percepciones que se pierden.
Sigue el silbido y lo dejaría
para siempre
porque quiero que me diga,
aunque no haya palabras dulces,
que estoy en casa
que el desierto es una línea imaginaria
y que no me atraviesa.

Amplitud térmica

Lejos de casa, sin auto
en una ruta de road movie
espero
a la sombra escasa de una acacia
con espinas enormes adaptadas,
espero
al único ómnibus
que puede trasladarme,
cargarme entre alientos pesados
y butacas pringosas que agradeceré.
Adaptada espero
como esa plantita del desierto,
que por ahorrar energía
no produce hojas,
se basta con los tallos para proteger
su reserva húmeda del aire hostil.
La hostilidad en esta
amplitud térmica
que calcina o congela.
Todo lo que viene se va
todo lo que comienza se destruye.
Ninguna constancia en el afuera,
ninguna paciente regularidad,
pero ahí estaba ella en su verde
a la hora de más sol.
Nada dispendioso
todo a cuentagotas.
Con sus reacciones
de sobreviviente, me entiendo
y su carencia me deshabita
y su gota es limpia en medio del polvo.
Con la espina de su verde
me alejo del desierto.
Todo lo que viene se va
todo lo que empieza se deshace.
El ómnibus ya se bambolea
por la curva de la ruta que lo trae,
retrasado desarma
lentamente
la neblina de arena.
Cuando deshaga la mochila
estaré lista
para la amplitud.

Poesía Argentina / Buenos Aires Poetry, 2017.