Poesía Argentina – Jorge Fondebrider

Jorge Fondebrider (Buenos Aires, 1956) ha publicado los libros de poesía Elegías (1983), Imperio de la luna (1987), Standards (1993), Los últimos tres años (2006) y La extraña trayectoria de la luz. Poemas reunidos 1983-2013 (2016). Asimismo, ha compilado el volumen Conversaciones con la poesía argentina (1995), que reúne entrevistas con poetas argentinos nacidos entre 1919 y 1940. Su bibliografía se completa con La paja en el ojo ajeno. Periodismo cultural en Argentina 1983-1998 (con Pablo E. Chacón; 1998); La Buenos Aires ajena. La ciudad vista por los viajeros extranjeros. 1536-1999 (Emecé, 2001); Versiones de la Patagonia. 1536-1900 (2003); Licantropía. Historias de hombres lobos de Occidente (2004) y La París de los argentinos (2010). Además, ha realizado sendas antologías de Joaquín O. Giannuzzi (1988) y Juan Gelman (1994), y la edición de la Obra poética de César Fernández Moreno (1999) y de la Poesía completa, de Joaquín O. Giannuzzi (2009). Como traductor de poesía ha publicado Poemas, de Henri Deluy (1995); Poesía francesa contemporánea. 1940-1997 (1997); Poesía irlandesa contemporánea (con Gerardo Gambolini; 1999); Reynardine y otras baladas anglo-escocesas (con Gerardo Gambolini; 2000); y Antología poética, de Yves Di Manno (2000), entre varios otros volúmenes. Ha traducido asimismo, entre otras autores, a Gustave Flaubert, Georges Perec, Bernard-Marie Koltès, Morris West, Paul Virilio, Claire Keegan, Patricia Highsmith, Richard Gwyn, Owen Martell y Jack London. Es miembro fundador de Diario de Poesía, donde ocupó el cargo de secretario de redacción entre 1986 y 1992. En el 2004 recibió las Palmas Académicas de la República Francesa. En la actualidad dirige el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires.

DOS DÍAS EN EL CAMPO

para Eliane

I. Para ir de Lyon Part Dieu hasta Roanne se pasa por Tarare

Desde Lyon-Part-Dieu hasta Roanne hay 70 km en tren.
El tren es regional y siempre para
en Tarare, ciudad que fue priorato, a la que cruzan
dos ríos: el Turdine y el Taret.
Alrededor del siglo XVIII, tejedores, curtidores, zapateros
la convirtieron en la capital nacional de las cortinas
La muselina, que es una tela fina originaria de Mosul,
en el norte de Irak, la hizo famosa.
Y luego llegaron los peluches, terciopelos.
También llegó el rayón.
Y en los años sesenta, la crisis.
Por la ventana del tren yo sólo veo mueblerías.
En la ventana del tren está el reflejo
del día que avanza hasta su noche
mientras el tren avanza hasta Roanne.

II. Roanne – Lay

Unos treinta kilómetros después está Roanne,
una de las dos subprefecturas del departamento de la Loire.
El dato, que no importa, se borra al llegar a la estación porque está Eliane.
Mientras cargo las valijas en su coche
me cuenta que le duele la rodilla,
me cuenta que hay cuscús,
me dice que nos faltan 17 km en coche,
que de un lado está el Roanne,
que en el medio está la Loire
y al otro lado Le Coteau, pueblo sin gracia.
La noche se hace noche de verdad y atravesamos sombras
de árboles y puentes,
y atravesamos Neaux, St. Symphorien de Lay,
que honra la memoria de Symphorien d’Autun, mártir cristiano.
Allí se encontraron sepulturas merovingias
y en 1985, las fuerzas vivas
hicieron la omelette más grande del mundo usando 42.470 huevos,
que coinciden con el código postal de la comuna. Nos reímos,
está oscuro y vemos un cartel que dice Lay,
y entramos a un camino custodiado
por plátanos gigantes. Es esta casa, aquí,
me dice Eliane y para el auto.
Se abre el portón. Entramos.

III. La casa

Al otro día es una antigua finca
transformada en pura biblioteca,
con una gran cocina, un gran salón
y varios dormitorios en dos plantas.
Importa ahora el jardín, importan sus árboles frutales,
las plantas y la huerta, y hay un muro
que deja ver el campo despejado
de malos pensamientos,
como en un libro de horas medieval.

IV. El cementerio del pueblo

Son pocas las notas distintivas:
dos bares, una iglesia, lo de siempre.
Un poco más atrás está el cementerio,
los muertos de los otros.
Sobre una loza blanca leo
“Curruca, si vuelas encima de esta tumba,
cántale tu más dulce canción”.
Y en otra, “Hablar de ti
es hacerte existir. No decir nada,
olvidar”. Y más allá, “Tú eres
nuestro pensamiento de cada día”.
Y luego “Tu muerte desgarró mi corazón.
Ni el tiempo, ni el olvido,
van a secar mi llanto”.
“Que tu resposo sea dulce como tu corazón fue bueno”.
Y hay tres naipes. Son tres ases
tallados sobre bronce. Abajo dice:
“A mi cuñado”.

V. Campeonato en Saint Cyr de Valorges

Dijiste que no hay pan
y entramos a comprar. En la vidriera,
de Monsieur Jacquetton ya se anunciaba
un campeonato de cartas que hacían los bomberos.
El primer premio, 2 jamones 2 botellas
de algún aperitivo, y el segundo,
2 jamones 2 botellas de champagne;
después, las variedades de salame y una tómbola:
el primer premio, un viaje para dos a cualquier parte,
masajes, un cartón de tetrabric.
El sueño de vivir en casi el campo
no puede ser mejor.

VI. La verdadera casa

Novelas suecas de misterio,
completo Blaise Cendrars a cuatro manos,
cientos de DVD, los cuadros
de alguna vez Jakarta,
recuerdos de Sicilia y de Venecia,
las fotos y los discos de Nusrat Fateh Ali Khan,
Tartini, Schuman,
también el Paraná.
Un universo en que no faltan el desastre de la Shoa,
el detalle, el orden, la memoria,
reflejos en sus ojos cómo de águila,
la arena del pasado,
la espera de los bárbaros.
Por eso ahora el jardín.
Por eso los almácigos sembrados de semillas
y el próximo verano en esta casa
donde está todo o casi todo lo que hay
que rescatar en medio del naufragio,
todo lo que trajo la marea,
lo que llega hasta la playa,
lo que te va quedando,
la verdadera casa.

OERLIKON-HINVWIL, INVIERNO BOREAL DE 2017

En Wallisellen parecía que se había derrumbado el cielo
y había una grúa en la estación
que no lograba levantarlo.

En Dübendorf ya había puro campo.
Sin vacas.
Puro cuervo.

En Schwerzenbach, el guarda.
Está en primera –dijo– y su boleto
no sirve, es de segunda.

Cambié de coche. Y ya era Nänikon
-Greifensee, ciudad esta última donde, después de ser tomada,
el 27 de mayo de 1444
decapitaron a todos sus defensores, excepto a dos,
porque la ejecución masiva es siempre cruel e injusta.

En Uster cabeceé.

Aathal tiene un museo para los dinosaurios.

Y en Wetzikon hay un sitio prehistórico
y el desempleo supera el 2%.

Así se llega a Hinwil, que no es nada.
Apenas hay un pueblo perdido al pie de las montañas.
o en todo caso es final de un recorrido
que alumbran tenuemente las luces de estación.
Hacía frío.
No vino nadie.

POESÍA ARGENTINA / BUENOS AIRES POETRY, 2017.