Poesía Argentina – Guillermo Eduardo Pilía (inéditos)

Guillermo Eduardo Pilía nació en 1958 en La Plata, donde estudió y se graduó en Letras. Es catedrático de Lenguas Clásicas y de Teoría Literaria. Su obra poética está integrada por Arsénico (1979); Enésimo Triunfo (1980); Río Nuestro (1988); Río Nuestro / Cazadores Nocturnos (1990); Huesos de la Memoria (1996); Viento de lobos (2000, plaqueta); Visitación a las islas (2000, plaqueta); Caballo de Guernica (2001); Ópera flamenca (2003); Herido por el agua (2005); Ojalá el tiempo tan sólo fuera lo que se ama (2011); La pierna de Rimbaud (2012, plaqueta); Caballo de Guernica / Guernica Horse (2014, versión inglesa de Brian Cole); Elegías de Casa Bermeja / Elegias de Casa Vermelha (2014, versión portuguesa de Ana Lía Torre Obeid); Selene y Endimión / Σελήνη καὶ Ενδυμίων (2015, versión griega de Yorgos Kentrotis); Ainadamar (2016) y Sobre la cuerda y sin la red (2016). Es autor, además, de numerosos cuentos y ensayos. Sus textos le han reportado gran cantidad de premios en la Argentina, España, Francia, Estados Unidos y Ecuador, entre los últimos, el Premio Al-Ándalus (2010), el Premio Andrés Bello a su obra poética completa (2014), el Premio a la Excelencia Literaria de la Unión Hispanomundial de Escritores (2016) y el Premio “León Benarós” de la Fundación Argentina para la Poesía (2016). Es miembro de destacadas instituciones literarias e hispanistas, como la Academia Hispanoamericana de Buenas Letras de Madrid, en la que ocupa la vicepresidencia y el sillón Francisco Luis Bernárdez.

Rimbaud en Java

La piel de los javaneses es suave y sin vello y hay algo escultórico en la forma en que se inclinan para encender sus pipas de opio.
En otra vida me hubiese gustado pertenecer a esa nobleza vernácula y dormir un sueño de amapolas bajo un dosel de gasa, en las noches impregnadas de humedad vegetal y de mosquitos.
Sí, aun los príncipes de tez dorada y perfumados cabellos languidecen en estas islas selváticas, igual que en la Europa de los viejos pontones.
Sucios fumaderos de opio donde no hay rangos ni prosapia: me recuerdan los sórdidos cafés parisinos, con su atmósfera sudorosa y grasienta y el vaho del ajenjo que una mano borracha derramó.
Como esta mujer que sirve las pipas encendidas a quien paga por narcotizarse, así también yo he dejado allá a lo lejos, pero para quien quiera tomarlo de balde, un veneno perdido.
Muchos lo beberán en madrugadas remotas, cuando yo ya me haya olvidado por completo del que antes fui, como quien se olvida con la aurora de los rostros monstruosos de un mal sueño.
La piel de los javaneses es suave y sin vello. Los hombres, en las aldeas, ofrecen los amores de los efebos para preservar la virginidad de sus mujeres.
¿Qué hora será en París? ¿Habrá niebla, lluvia, acaso viento? ¿Qué joven colegial incubará sin saberlo el amor malsano por una nueva poesía, como aquí este nuevo amor, este deseo con el que los antiguos emponzoñaron gozosamente su sangre?

Inédito (2013)

Por naturales

A Manuel Rodríguez “Manolete”

Como de chico jugaba a atraer
despacio una moneda con su imán,
y más contento hallaba cuanto más
lograba tirar de ella sin tocarla,
así también ahora arrastra el paño
de la muleta delante del belfo.
La bamba barre el polvo y se va abriendo
en viaje circular, mientras el torso
se le arquea y con la mano conduce
la embestida lo más atrás posible.
La derecha descansa en su cintura
llevando con un dedo el falso estoque
con la misma blandura y el desmayo
que un príncipe un pañuelo de batista.
Otra vez es el niño que jugaba
con su moneda y su imán, todo sale
tan natural como el pase y su nombre.
El tiempo se demora, se hace eterno
como un día de infancia: puro asombro,
puro juego, ignorancia de la muerte.

Inédito (2013)