Poesía Argentina – Mercedes Araujo

Nació en Mendoza en 1972. Publicó los libros: Ásperos esmeros (Colección Fenix, Ed. Del Copista), Duelo (Ed. En Danza), Viajar sola (Ed. Abeja Reina), La isla -Tercer premio del Fondo Nacional de las Artes en poesía 2009- (Ed. Bajo la luna) y La hija de la Cabra, Primer premio del Fondo Nacional de las Artes en novela 2011(Ed. Bajo la Luna).

Viajar es como jurar

Los tigres de bengala resultaron
amables, pequeños y seriales
suaves y fríos de fina cerámica
con fauces abiertas talismanes
dorados, alegres, banales
cualquier camino es útil
para evitar hundirse
en el mar bramante
cardumen empetrolado
motos de acero y plástico
destilando carburantes
envidiamos la estela azafrán
de los budistas tan vaporosa surge
desde sus espaldas, mirá, mirá
cómo el sol dibuja aureola y preña
cabeza y nuca de los hombres calmos.

Hoy de cenar quiero wong-tang humeante
tan delicioso y apesta mezclado
con el hedor del agua fétida en los canales
tantas veces grité fue por las ratas pero nada
dije al taxista cuando murmuró aterrado
son cientos los campos minados
el cuerpo resiste en el viaje
sin palabra mientras el viejo auto
devora bicicletas y los bueyes
y los hombres se ofrecen a cargarnos
sobre sus propios hombros de uno
a otro lado.

Ya comienza el año del dragón
y cientos de parejas tienen cita
para unirse en matrimonio.
Nacerán varios millones este año
anuncia el tendero
nada hay como tener un hijo dragón
dice él que es serpiente.
Contemplamos fijamente a esos esposos
con sus caras de astro y ademanes lentos
aunque en minucias nos regodeamos
las costureras y sus bordados
o si el tigre de fuego quedará
-en la espalda del kimono negro-
estampado tal cual lo dibujamos.

No existe Saigón, Ho Chi Minh
es lo que vemos
pero el mismo mar vegetal
con sus nueve dedos
el Mekong de bosques densos
y vacas esqueléticas o rutas derramadas
como lágrimas o suturas toscas
entre arrozales en los que un millar
de mujeres cosecha de rodillas
tan quietas, parece
que alisaran el campo de arroz
en vez de rastrillarlo.

Un viejo trae su balsa colmada de naranjas
sin tener que llegar por fin ni nunca
a tierra firme, una suave reverencia
al de la canoa mitad hombre mitad vertebrado
y allá viene esa mujer parecida a un tiburón
la gorra amarilla es la aleta
en el agua se abre paso, en el agua
que es su piel y al mismo tiempo
las escamas del cuerpo del río mismo.
Se desplazan hacia el intercambio
sin palabras
uno lleva flores, el otro hojas de palma
y ella bananas.
Habrá que rendirse al extravío
rezarle al sol y andar sin miedo
también es posible estar aquí
y al fin irse igual a quien no estuvo
ni surcó este Kraken plateado.
Viajar es como jurar
siempre es posible hacerlo en vano.

Poesía Argentina / Buenos Aires Poetry