Poesía Freidemberg – Daniel Freidemberg

Daniel Freidemberg (Resistencia, 1945). Poeta, crítico, ensayista y periodista argentino. Una de las voces más importantes de la poesía argentina actual. Editó en poesía Blues del que vuelve solo a casa (1973), Diario en la crisis (1986), Lo espeso real (1996), La sonatita que haga fondo al caos. Antología (1998), Cantos en la mañana vil (2001), y En la resaca (2007). Hasta 2005 integró el Consejo de Dirección de Diario de Poesía, en cuya fundación participó en 1986. Escribió innumerables trabajos críticos y ensayísticos sobre poesía y realizó una veintena de antologías de poesía, en su mayor parte argentina y latinoamericana. Escribió con frecuencia trabajos para los diarios La Opinión, Página 12 y Clarín, y para la editorial popular Centro Editor de América Latina. A fines de los 70, formó parte del consejo de redacción de la revista El Ornitorrinco, dirigida por Abelardo Castillo y Liliana Heker. Ha producido la edición y estudios preliminares de decenas de libros, entre otros, Lunario sentimental (de Leopoldo Lugones), Poesías completas (de Evaristo Carriego), La calle del agujero en la media/Todos bailan (de Raúl González Tuñón), Soledades y sonetos (de Luis de Góngora), El gigante de ojos azules y otros poemas (de Nazim Hikmet), Libertad y otros poemas (de Paul Éluard), Cantos de vida y esperanza (de Rubén Darío), Defensa de Violeta Parra y otros poemas (de Nicanor Parra), Antología (de Juan L. Ortiz), Noche Tótem (de Oliverio Girondo), Tifón (de Joseph Conrad) y El vino generoso (de Italo Svevo). Realizó una antología y estudio de los poetas argentinos de la Generación del 50 y la primera recopilación de trabajos de la Generación del 90 (Poesía en la fisura). Es colaborador habitual en el suplemento Radar Libros de Página 12. Integra el grupo de coordinación del Espacio Carta Abierta. Dirige la colección de poesía Musarisca de Ediciones Colihue y la revista de poesía y ensayo Bárbara.

JUNIO

Ahora que fuimos arrojados,
gracias a Dios, del Paraíso
vemos pasar dos autos (uno
celeste, uno negro), una camioneta roja, una
enorme hoja de diario arrastrada
por un viento real
y, a nuestros pies, un bicho color tabaco
en el instante mismo de entrar en la muerte.
“Señor por qué me abandonaste” alguien dijo.
“Porque Yo no existo”. Anoche, entre el
caer de una lluvia monótona, oí
bajos eléctricos y percusión y gritos.
“Como una despedida”, pensé, “de qué”. Eso que era un diario,
como llevado por las fuerzas del mundo,
cruzó la calle. Quieto, ahora, contra una pared,
no significa nada. Vemos también
plumas de ave gris, papelitos, cualquier cantidad de papeles.

JULIO

Rojo el cartel, con letras (“uruguay”) blancas
y rojo también el asiento y el
cesto, por así decirlo, para papeles.
Felicidad del rojo intenso sobre el gris,
un rojo como de sangre, y sobre el rojo el blanco.
Igual que pétalos a punto de marchitarse, rostros
que el tiempo arrastra, como me arrastró
hacia este borde o filo de lo real
donde las cosas pasan
una tras otra, a horarios regulares.

JULIO

Igual que pétalos en
una rama húmeda,
esos rostros
que la corriente arrastra
rumbo a la mar que es el morir.

OCTUBRE

Lluvia lenta y charcosa, hoy.
Dos autos rojos sobre el gris
y, por supuesto, taxis.
Hace un año, mi padre, su
gran cuerpo inocente en una clínica de extramuros,
me daba algo a saber. Soy
ese que pasa ante vidrio iluminado, ante
plástico blando, hierro pintado y mármol
como quien siente algo que llueve atrás: palabras
(“Oro”, una palabra: tres letras en papel fluorescente).
Ahora, arribado al fin a esta planicie del cosmos, puedo ver
algunas cosas: charcos,
hojas de paraíso en la luneta de un dodge,
dos “o” y una “r” fluorescentes, mármol, plástico y
cielo entre el agua, etcétera,
como quien dice “esto era todo”.
¿Esto era todo? Uno: ni azar ni error,
ni el cumplimiento del mandado de nadie. Dos:
saliva agolpada en la boca, tensión muscular.
Tres: manchas, rostros (¿igual que pétalos
en una rama húmeda?). Cuatro: esta ciudad
vulgar en la que vivo
es la misma en que amé y no creí ser amado. Cinco:
de la violenta madrugada, estas paredes
tienen fosforescencias como de mar, una
palabra me inquietaba, o dos. Seis:
lo que llamaba “el corazón”. Siete: la carne,
eso que está, no el alma, eso que al final
se retira y se aplana, terreno de nadie.

NOVIEMBRE

Una mujer una clochard se
bañaba una mujer clochard
se bañaba en
una fuente pública
clochard
se bañaba a la luz
plena de la mañana
Santiago de Chile en
malla de baño a la
mañana clochard
de Santiago en la fuente
bañaba ella se bañaba en
malla de baño clochard roja y verde pública.

Poesía Argentina / Buenos Aires Poetry