Poesía Argentina – Ariel Williams

Ariel Williams nació en Trelew (Chubut) en 1967. Cursó la Licenciatura en Letras en la Universidad de Buenos Aires. Fue miembro fundador de la revista El perseguidor, dirigida por Diego Viniarsky, y co–dirigió la revista virtual Verbo Copihue, Letras Patagónicas. En 2008, su libro Los fronterantes obtuvo una Mención de Honor en el Concurso de Poesía Olga Orozco. Ha editado los siguientes libros: Viaje al anverso (poesía, 1997), Lomasombra (poesía, 2003), Conurbano sur (poesía, 2005), Los fronterantes (poesía, 2008), Daier Chango (novela, 2010), Discurso del contador de gusanos (prosa poética, 2011), El cementerio de cigarrillos (novela, 2012), Notas de una sombra (prosa poética, 2014), La risa huérfana (poesía y prosa poética, 2016). Actualmente, se halla en prensa su novela Los niños asesinos (Ediciones Espacio Hudson). Actualmente reside en Puerto Madryn.

Del libro Notas de una sombra (Espacio Hudson, Rada Tilly, 2014)

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La ropa de los muertos, hundidos en la tierra. No se trata de la tristeza.
Pulóveres con huellas de sonidos de corazones, zapatos con sudor
de pies que ahora son sombras adentro de un pedregullo. Las camisas
vuelan vacías de hombres. Hay un vestido acostado sobre una cama.
La que lo iba a usar duerme escondida en la tierra del mundo. La
timidez de los que no están. En los roperos cerrados está su silencio.
En el aire de la mañana una vida que estuvo no viene: labios, manos,
hombros curvos, una risa breve. El aire es tan bello y puro; pero
todos duermen.

Del libro La risa huérfana (Hilos Editora, CABA, 2016)

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Hasta muy vieja corrió con sus piernas de fibra. Desde
muy joven corrió con sus piernas. Niña corredora
bajo los cielos quemados de azul.
Sola. Definiendo un estilo,
marcándolo con pasos golpeadores de cascotes,
asustadores de insectos.
Cuando ella se acercaba a una ciudad, la anunciaban
montones de abejas desbocadas y saltones con las caras verdes.
“Ahí viene la niña de los insectos”, decían, “la que los huye”.
De entonces quedó decir, con las mangas de langostas,
que venía la niña de los insectos.
Embarazada de mí, casi adolescente, hermosísima
como una muerte, corrió sosteniéndome en sus aguas
internas.
Yo dormía en su panza ovalada, aprendía el ritmo.
Así se forman las culturas.
Cuando ella me desaguó, lo primero que asomó al mundo
fueron mis piernas, y ya calzaban unas zapatillas finas
de correr.
Los niños galgos nacemos por las piernas.

Poesía Argentina / Buenos Aires Poetry