Poesía Argentina – Graciela Aráoz

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Oriunda de Villa Mercedes (San Luis), Graciela Aráoz es profesora en Letras y realizó un posgrado de profesorado en Lengua y Literatura Española y la licenciatura en Filología (Sección Hispánica) en Madrid.
Publicó los poemarios “Equipaje de Silencio”, “Itinerario del fuego”, “Diabla” y “El protegido del ciervo”, y los ensayos “Ángel García López: una renovación en la lírica española contemporánea” y “La Participación Femenina en el Honorable Congreso Nacional (Período 1983-2001)”, entre otros.
Obtuvo en España el Primer Premio Tiflos de Poesía, el Primer Premio de Poesía “Vicente Aleixandre”, el Segundo Premio “Carmen Conde” y Premio Internacional “Poesía en el Laurel”.
Sus poemas han sido traducidos al japonés, alemán, portugués, francés, turco y croata.
Actualmente es la Presidenta de la Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina (SEA) y directora del Festival Internacional de Poesía de Buenos Aires.

Una mujer llora en la cocina…

Una mujer llora en la cocina. Detrás
del olor a locro.
Macera la carne con limón
y con su inefable tristeza.

Las lágrimas caen en la espuma de leche
que se derrama hasta la indolencia.
El aire se vuelve tan oleoso que debería irse
y apagar el día.

En la cocina una mujer se parte viva,
se corta los dedos, desangra.
El dedo va a la boca.

El dolor está detrás
del hilo dormido que se secó en el vientre,
detrás de aquel humo que se llevó el después.
Siempre y detrás de todo.

Cuando los olores se mezclan
ella destapa las cacerolas.
Es la única que se queda enjuagando el día
hasta que vuelva a ser.

Una mujer en la cocina.

La violinista del quinto

Ella se abraza y se queda quieta
aprieta los dientes
va y viene sintiendo el olor del pato
que la vecina descuartizó.

Se abraza cada vez más largo
desde su ventana ve la cabeza sangrante
del pato
cruza y la ceremonia se anuncia
la cocina hierve, las especias tendidas
mientras ella paladea el deseo:
la boca se abre,
se huele la comida, se abraza nuevamente,
abre los ojos, la boca abre,
la abraza, se besan
hasta que el beso muerde
el elixir de los vampiros
…………………………………y ahí regresa

y vuelve a ser la violinista del quinto piso.

 

Cementerio

a mi padre

Quedar adentro de los ojos de mi padre
leerle la cabeza

Me he quedado ciega sin el lago
de sus ojos.
Quevedo dice que se pueden leer
los ojos de los muertos.
Toco el azul que cruza la palabra sur
y entonces abro la intuición que me lleve al infinito.

La muerte se lee con el cuerpo
es una lectura física
la muerte.

En aquellos trenes que llevaban
pájaros
y en esa interminable siesta
bajo el duraznero, está mi padre.
Recuerdo que mis ojos cruzaban
desde el río al cielo
la inocencia
nuestros teros.

Cuando murió mi padre
las palabras crecieron bajo su tumba
y el cementerio se hizo palabra.
Fue la más potente que pronuncié,
que pronuncio
fue del grito al silencio.

Mi padre está muerto y leo su palabra
en mi palabra,
y veo en los ojos de mi padre.

Padre estás muerto sin tus zorzales
y tus zorzales me cantan y me silban
canciones de amor,
las de tu alegría.

Padre te leo.
……………………………..Padre te escucho

Poesía Argentina / Buenos Aires Poetry