Danza Macabra – de Patricio LENARD

Patricio Lenard nació en la ciudad de San Andrés de Giles, provincia de Buenos Aires, en 1979. Licenciado en Letras, como periodista ha colaborado en los suplementos Radar y Soy (Página/12), en la Revista Ñ, y en diversos medios de la Argentina y España. Es secretario de redacción de la revista de letras y artes Otra Parte y editor general de su sitio de reseñas, Otra Parte Semanal. Su lucha es su primera novela, publicada por Adriana Hidalgo. Estos poemas pertenecen a su poemario Danza Macabra.

El barco fantasma

Zarpa el barco fantasma que navega para hundirse.
Las mujeres agitan sus cartílagos como pañuelos
y los hombres, sus parietales como bombines.
Cuántos naufragios ha sobremuerto la tripulación,
nadie lo sabe con certeza. Con el alfabeto morse
de estertores, entra a flamear la bandera pirata
en cuyo centro brilla la calavera de un sol
con dos fémures. A babor y estribor,
las ventanillas son como infinitos puntos
suspensivos, un sarpullido de viruela.
Se organiza un simulacro de hundimiento
y de la bruma sale un témpano de hélices.
En navíos como éste, condenados al desastre,
el único lujo que comparten los pasajeros
es la oscuridad infrarroja de los paisajes.
Nadie se encadena al mástil ni se dan tapones,
pues lo único que suena en los altoparlantes
es un tango que cantan en inglés las sirenas.

Cuando voy a la bodega a retirar mi féretro,
un polizón me toca y reacciono partiéndole la frente.
Con su sangre le unto una cruz en el pecho
y me corto los dedos para no dejar huellas.
“Sin asesino no hay crimen. El criminal es
la víctima”, razono en la fila para subir
al trampolín de las fosas comunes.
Después de poner sus dedos en mis manos
y de coserle los míos para darme por muerto,
le ato del cuello una piedra de molino
en lugar del chaleco salvavidas.

Walpurgis

Quiero montar una telaraña con los huesos.
La fosforescencia de mi alma servirá de carnada.
A los que caigan en la trampa, los besaré en la frente
hasta borrarles todos los recuerdos, y los haré repetir
….un trabalenguas diabólico
para evitar que su voz se pudra con la lengua.
El ruido de las cañerías donde se atascan los fantasmas
me ha obligado a contratar a un deshollinador
especializado en exorcismos de desván y cielo raso.
No sólo me mostró la forma en que Nerón tocaba la lira
con los tendones, sino que hasta me recitó de un tirón
los nombres de todos los emperadores romanos.
Mientras hablaba, yo proyectaba sombras chinescas
con las costillas de dos Evas que una vez me tocaron
el timbre y a las que tengo clasificadas por nacionalidad,
con los datos craneométricos respectivos. Por la vereda
se acercaba una niña en una perpetua noche de Walpurgis.
Despedí en el pórtico al que prefirió irse por la chimenea,
y a ella la saludé con una sonrisa frontal, nada fingida,
en la que mis dientes se volvieron los barrotes de una celda.

Madame La Mort

Aun con los aros, el rímel y el rouge,
la máscara mortuoria no se parece
a la calavera de Madame La Mort.

En lugar de haber usado cera,
tendríamos que haberla sumergido
en una solución de ácido clorhídrico
que sobre el cráneo derritiera
el rostro de la calavera
de Madame La Mort.

Porque si sumergiéramos la cabeza
en una solución de ácido clorhídrico
que sobre el cráneo derritiera
el rostro de la calavera
de Madame La Mort,
ella se miraría al espejo,
y me vería viéndola,
y se miraría viéndome,
y así coronaría una búsqueda de siglos
por catacumbas y cementerios,
basílicas, sinagogas y mezquitas del infierno,
ya que por fin nos reconoceríamos.