Los hijos de Whitman. Poesía norteamericana del siglo XXI (Valparaíso México)

Valparaíso México y Círculo de Poesía acaban de publicar una extensa y necesaria muestra de la actual poesía de Estados Unidos: Los hijos de Whitman. Poesía norteamericana del siglo XXI. Con la traducción y selección del poeta de Nicaragua Francisco Larios, este volumen nos acerca a una de las tradiciones líricas más vivas de nuestro tiempo. En Buenos Aires Poetry presentamos una breve muestra de su contenido, y a los poetas Sherman Alexie, Mary Jo Bang, Sally Bliumis-Dunn, Jericho Brown y Rita Dove.

Sherman Alexie

De “Bestiario”

Mi madre me envía una foto en blanco y negro
en que aparecen ella y mi padre allá por
1968, posando con dos indios.

“¿Quiénes son esos  indios?”, le pregunto
por teléfono.

“No sé”, dice.

La siguiente pregunta era obvia: “¿Entonces por qué
me enviaste esta foto?” Pero no hago
la pregunta.

Uno de esos indios desconocidos
apunta hacia el cielo.

Por encima de ellos, un pájaro con la forma de un
signo de interrogación.

Mary Jo Bang

Baile de máscaras:  imitación de Beckmann

Estamos sentados aquí en silencio.
Te palpas el brazo. Me palpo la cara
Se supone que debemos callar
y vivir una vida de espera.

Nos han ordenado que seamos modelos de retratista
y que simulemos un triste destino
Somos una calavera duplicada.
Se supone que debemos callar.

Herr Momento está mirando
un reloj que dice ahora
Su esfera roja me recuerda el ojo de un ogro.
Su lustroso bisel me recuerda

los grilletes de Herr Momento.
No quiero hablar
de lo insondable—
duelo y ausencia, sortijas arrancadas a cadáveres,

la negativa de Herr Momento a mostrar su verdadero rostro.

Sally Bliumis-Dunn

Olas

Ver el agua
enroscarse

en arcos perfectos
que imitan
la luna en cuarto creciente
del mismo modo que la forma

de los ojos de mi hija
la hacen sin duda mía

—no hace falta que diga
o que haga algo

para revelar su origen.
Puede quedarse

en silencio. Ver
el agua levantarse

como si aún
quisiera

seguir en las manos
del abrazo vacío

del aire.

Jericho Brown

Coliseo

No recuerdo cómo me hice daño,
El dolor, mi dolor
hace tanto tiempo que ya
me deshice de la herida que lo provocó.
Porque no conocemos la belleza
de nuestros propios ojos
hasta que un hombre nos dice que son
la razón por la cual Dios creó el color café. Luego
el mismo hombre afirma que vive para tocar
las partes más tersas, insinuando que
nuestra superficie puede ser entendida
como una gama de satines. A él
lo seguiré hasta volverme tan áspero por fuera
como por dentro. No puedo hallar la causa
de las masacres, pero sé
cómo se siente la mía, porque vivo con ella
y a veces me valgo de ella para enfrentar la carga de vivir,
porque soy lo que los gladiadores llaman
un hombre enamorado —siendo el amor
un recordatorio de que hemos sobrevivido.

Rita Dove

Repensando la aurora

Imagínate que despiertas
con una segunda oportunidad: la urraca azul
pregona su hermosa mercancía,
el roble está aún en pie y despliega
su gloriosa sombra. Si no miras hacia atrás

el futuro nunca ocurre.
Qué bueno es levantarse bajo la luz del sol,
con el generoso aroma de los panecillos,
huevos y salchichas en la parrilla.
El cielo entero es tuyo

para que sobre él escribas, abierto de golpe,
una página en blanco. ¡Vamos,
date prisa! Nunca sabrás
quién está allí abajo, quién fríe esos huevos,
si no te levantas y ves.

Extraído de Francisco LARIOS (Comp. y Trad.), Los hijos de Whitman. Poesía norteamericana del siglo XXI, Valparaíso, México, 2017.

Consigue la antología en desde Argentina y resto de los países en el siguiente Link: AQUÍ