o / POESÍA BEAT (Colección Abracadabra, Buenos Aires Poetry) – por Juan Arabia y Mariano Rolando Andrade

PRESENTACIÓN DE EL ENEMIGO DE LOS THIRTIES – DE JUAN ARABIA (RIL EDITORES), NUEVOS VERSOS Y CANCIONES – DE ARTHUR RIMBAUD (DECONTEXTO EDITORES) Y POESÍA BEAT (BUENOS AIRES POETRY)

JUEVES 03 DE AGOSTO, 19:00 hs., EN ESPACIO ESTRAVAGARIO / CASA-MUSEO LA CHASCONA – (Fernando Márquez de La Plata #0160 – Santiago de Chile)

Poesía Beat (Buenos Aires Poetry)

Cierto o no, la palabra “Beat” se escuchó por primera vez en una esquina de Times Square, en 1947, en boca del ángel-antihéroe-inconformista Herbert Huncke en un momento de evanescente exaltación. Tiempo después resonó en la cabeza de Jack Kerouac con un significado nuevo que en última instancia se relacionaba con lo beatífico.
William Burroughs aseguraba que “el movimiento literario Beat llegó exactamente en el momento justo y dijo algo que millones de personas de todas las nacionalidades en el mundo estaban esperando escuchar”〈1〉. Setenta años después, en un mundo que muestra una peligrosa tendencia a cerrarse y abrirse en ondulaciones de control, recuperar la voz de los Beat es en cierto modo una declaración de principios, una forma de inmortalizar intacta nuestra derrota.
En el prefacio a la antología The Beat Book publicada en 1996 por la poeta Anne Waldman, Allen Ginsberg enumera las características del movimiento: curiosidad en la naturaleza de la consciencia que condujo a un conocimiento del pensamiento oriental, práctica de la meditación, liberación espiritual, liberación sexual, liberación gay, antifascismo, enfoque no violento y pacífico de la política, multiculturalismo, absorción de la cultura negra, buen humor, franqueza espontánea, sinceridad no premeditada en la vida y el arte, interés en las sustancias psicodélicas como herramientas educativas, erotismo〈2〉.
El materialismo cultural (¡esos viejos vagones siguen girando!) permite concebir a la “Generación Beat” en tanto formación, es decir, como un movimiento y tendencia efectivo en la vida intelectual y artística. Raymond Williams define a las formaciones, específicamente, como reconocibles movimientos (literarios, artísticos, filosóficos) que de ningún modo pueden ser plenamente identificados con las instituciones formales y sus significados y valores〈3〉.
Esta concepción, que en primera instancia opone a las formaciones con las instituciones, permite una comprensión mayor de los procesos literarios o culturales. Permite, por ejemplo, superar lo que Ann Charters entiende como generación, citando a S. Fitzgerald (“by a generation I mean that reaction against the fathers which seems to occur about three times in acentury”)〈4〉. Porque la “Generación Beat”, actualmente y desde hace muchos años, llegó a institucionalizarse: mediante programas académicos, autores, publicaciones e Instituciones específicas, como Jack Kerouac School of Disembodied Poetics.
Aún no podemos saber con detalle qué rasgos de esta “Generación” fueron incorporados en la cultura dominante, en las tradiciones no sólo estadounidenses -sean académicas, artísticas o experienciales- sino del mundo entero. Trabajos como los de Dick Hebdige〈5〉 analizan rasgos de estilo y resistencia (vestimenta, costumbres, consumos, etc.) de esta “Generación”, pero no realiza un solo estudio en materia literaria〈6〉. Tampoco analiza la diferencia entre los muchos autores y artistas que participaron del movimiento.
Si el fenómeno explota con la publicación de Howl de Ginsberg en 1956 y On the Road de Kerouac en 1957, la gestación y desarrollo de la “Generación Beat” se remonta a más de diez años antes, a mediados de la década de 1940, en Nueva York. Es el momento en que entra en contacto un grupo de hombres y mujeres de orígenes y recorridos muy diferentes. Algunos quieren ser poetas y escritores (Kerouac, Ginsberg, J.C. Holmes), otros yalo son (Burroughs) pero su obra no encaja en los cánones de la época, y algunos no escriben (Neal Cassady) pero comparten la misma filosofía de vida: rebelarse al conformismo y conservadurismo que predomina en Estados Unidos en ese momento.
El proceso es lento y no deliberado. ¿Cómo se definían ellos mismos? “This is the Beat Generation”, el artículo publicado por Holmes en el New York Times en 1952, habla de una “revolución cultural en desarrollo, hecha por una generación de jóvenes apartidarios posterior a la Segunda Guerra Mundial y entrando en la Guerra Fría sin valores espirituales que pudiesen honrar”.
Cabe, ante todo, una diferencia entre aquellos que dieron el primer impulso al movimiento (como Ginsberg o Kerouac), de aquellos otros que desde distintos espacios geográficos y sociales (desde la Costa Este a la Oeste y Nueva York…) se asociaron a la “Generación”. Existen desigualdades extremas de contribución en las diferentes partes que aún (y todavía hoy) participan de esta tendencia activa. Kerouac, por ejemplo, pertenece a la parte más radical y emergente, por su origen de clase. Conocemos su eminente, becada (y luego rechazada) participación en la Universidad de Columbia. Gregory Corso pasó parte de su infancia en reformatorios, así como Herbert Huncke parte de su vida en prisión. Tanto Kerouac y Ginsberg enaltecen la autenticidad en personajes como Neal Cassady o Carl Solomon por sus historiales delictivos o demenciales en los márgenes sociales y culturales.
Se trata de una antología y no una suma de autores individuales. Precisamente, y como escribe Richard W. Lee, “La Generación Beat buscó crear un nuevo mundo con el hombre en su centro, una utopía basada en el intenso abrazo de la experiencia”〈7〉. Y si buscamos algo que relacione íntimamente a los autores aquí presentados, podríamos decir que todos enfatizaron estas específicas experiencias mediante la improvisación, la transparencia, la espontaneidad. Este desplazamiento de las jerarquías de valor y las instituciones sociales (basta recordar que Kerouac, Ginsberg y Burroughs se conocieron en Columbia), y por tanto el origen de esta formación, encuentra un lugar específico en las calles, los conciertos de jazz, clubes y cafés〈8〉.
Por otro lado, y en términos estructurales, las lecturas en las galerías de San Francisco, así como la irrupción de nuevos sellos editoriales (como City Lights Books, o revistas literarias como Yugen), permitieron una circulación por detrás de los sellos hegemónicos, cortando de esa forma todo tipo de habitual obstrucción (aún determinante en épocas de autores que formaron y prepararon la emergencia de este terreno, como Thomas Wolfe, Ezra Pound o William Carlos Williams).
En lo estrictamente literario, podríamos hablar de cuatro movimientos interconectados: la Generación Beat, Black Mountain College, los poetas de Nueva York y el Renacimiento de San Francisco. Anne Waldman confiesa en The Beat Book que editar una antología de la generación es “más bien meter un dragón en una caja de fósforos”.
Este libro, que presenta textos hasta ahora nunca traducidos al español e incluye poetas que ha menudo no integran las antologías Beat, ha enfrentado el mismo desafío. La prioridad ha sido inclusiva y abarcadora. Además de los editores, han trabajado en este libro los poetas y traductores Adalber Salas Hernández, Mercedes Roffé, Juan Carlos Villavicencio, Odeen Rocha, Carlos Llaza, Alan Meller y Alberto Quero. Hay un explícito reconocimiento al papel de las mujeres en la literatura Beat, un papel desdeñado durante décadas y que se ha comenzado a recuperar desde hace unos 20 años (The Women of the Beat Generation: The Writers, Artists and Muses at the Heart of a Revolution, Brenda Knight, 1998).

Juan Arabia – Mariano Rolando Andrade, Junio 2017.

NOTAS


〈1〉 Ann CHARTERS, The Portable Beat Reader. NY, Penguin Books, 1992, p. XXXI.
〈2〉 Anne WALDMAN, The Beat Book. Boston. Shambala, 2007, pp. XV-XVI.
〈3〉 Raymond WILLIAMS, Marxismo y literatura. Barcelona, Península-Biblos, 1997.
〈4〉 Ann CHARTERS, op. cit., p. XVI.
〈5〉 Dick HEBDIGE, Subcultura. Paidós, Barcelona, 2004.
〈6〉 Aún reconociendo el carácter discursivo auto-referencial (literario) de muchos escritores de la generación “Beatnik”, en ningún momento Hebdige analiza una obra literaria. Es a partir de la aceptación de lo trabajado por un cúmulo de autores (Goldman, 1974; Mailer, 1968) que promueve su definición estilística/subcultural sobre un movimiento que de ninguna manera puede ser leído sólo como estilo. Es necesario reconocer el carácter contra-cultural de las obras literarias de Kerouac, Ginsberg, Corso; su verdadero latido emergente y oposicional (Williams, 1997).
〈7〉 Richard LEE, Life and Times of Cultural Studies: The Politics and Transformation of the Structures of Knowledge. Duke University Press, 2003, p. 183.
〈8〉 Richard LEE, op. cit., p. 184