Prodigio, de Charles Simic

Poeta, traductor, profesor universitario y crítico literario, Charles Simic (Belgrado, 1938) creció en tiempos de la Segunda Guerra Mundial y la dura posguerra en la por entonces Yugoslavia. A los dieciséis años emigró a Estados Unidos, a Chicago, con su familia. Graduado de la Universidad de Nueva York (NYU), publicó su primer poemario, What the Grass Says, en 1967. Le siguieron más de 50 obras, entre ellas dos que fueron finalistas al Premio Pulitzer de Poesía (Selected Poems, 1963-1983 en 1986 y Unending Blues en 1987) y una que lo ganó (The World Doesn’t End, 1990).
En 2007 fue nombrado 15º Poeta Laureado de Estados Unidos por la Biblioteca del Congreso de ese país. Actualmente es profesor emérito de literatura estadounidense y escritura creativa en la Universidad de New Hampshire.
El poema que presentamos aquí nos muestra en toda su dimensión el sello de fuego que significó para la escritura de Simic aquella infancia en Yugoslavia.

Prodigio

Crecí inclinado sobre
un tablero de ajedrez.

Amaba la expresión final de partida.

Todos mis primos parecían preocupados.

Era una pequeña casa
cerca de un cementerio romano.
Aviones y tanques
sacudían los cristales de sus ventanas.

Un profesor de astronomía jubilado
me enseñó cómo jugar.

Aquello debió haber sido en 1944.

En el juego que utilizábamos,
la pintura casi se había desprendido
de las piezas negras.

El rey blanco había desaparecido
y tuvo que ser sustituido.

Me contaron pero no lo creo
que aquel verano vi a hombres
colgados de postes telefónicos.

Recuerdo a mi madre
tapándome mucho los ojos.

Tenía un talento para meter mi cabeza
rápidamente bajo su abrigo.

En ajedrez también, me dijo el profesor,
los maestros juegan a ciegas;
los mejores en varios tableros
al mismo tiempo.

Prodigy

I grew up bent over
a chessboard.

I loved the word endgame.

All my cousins looked worried.

It was a small house
near a Roman graveyard.
Planes and tanks
shook its windowpanes.

A retired professor of astronomy
taught me how to play.

That must have been in 1944.

In the set we were using,
the paint had almost chipped off
the black pieces.

The white King was missing
and had to be substituted for.

I’m told but do not believe
that that summer I witnessed
men hung from telephone poles.

I remember my mother
blindfolding me a lot.

She had a way of tucking my head
suddenly under her overcoat.

In chess, too, the professor told me,
the masters play blindfolded,
the great ones on several boards
at the same time.

Extraído de Michael HULSE y Simon RAE (Ed.), The 20th Century in Poetry, pp.312, Pegasus Books, Nueva York, 2013.
Traducción y presentación Mariano Rolando Andrade para Buenos Aires Poetry, 2017.