El jardín inevitable – de Jotaele Andrade

Jotaele Andrade (La Plata, 1974). En poesía publicó: El salto de los antílopes – Editorial El Mono armado, 2012; El oleaje del mundo – Editorial Azul, 2013; Elefantes con anteojos (selección) – Ed. de bolsillo, Editorial Morosophos, La Plata, 2013; La mano del verdugo – Editorial Ediciones de la Eterna, Tucumán, 2014; Los metales terrestres – Editorial Añosluz, 2014; Elefantes con anteojos, tomo I – Editorial Ediciones de la Eterna, Tucumán, 2015 y La rosa orgiástica – Editorial Añosluz, 2016.

El jardín inevitable

yo escuché el aire que se batía en sus alas invisibles

me dije:

es un gran pájaro que ha despertado en el huevo de su sueño
y pugna
ahora
por romper la transparencia que se interpone entre nosotros

pero dejé en el misterio las cosas del misterio

y en su picotear la membrana del mundo
olvidé al pájaro

fue cuando una voz
también dentro de la trasparencia
pero desde el otro lado de ella
me llamó por mi nombre
y dijo:

¿por qué dejas de lado aquello que te atañe?

y yo
que acepto humildemente las cenizas y el incendio
callé y fue mi silencio la grieta
por donde reptó la oscura viscosidad de la culpa

*

este es el jardín inevitable
jardinero

escuché
y supe que había allí algo más que un veredicto
lo dicho

empero
también
lo que está detrás de lo dicho

¿acaso no se escucha antes el siseo
que el hachazo contra el cuello?

¿no es el tono primero
y luego el mensaje
la orden?

¿no lleva la ciruela
todavía ajena a la mano
o al pico
la textura de la ciruela mientras cae?

¿entonces
debo cuidar de este jardín que me excede
dije?

¿de sus malas hierbas
¿del hambre del gusano que corroe hojas y raíces?
¿de la epidemia
cuando el día
se inclina
como un barco a punto de quebrarse?
¿de la voracidad de las hormigas?

*

aquí sol y lluvia
se dan
y no preguntan sobre qué cabezas caen

abren sus pechos sobre la avidez inmensa del jardín
y sorben
los picos
y las bocas
los tallos
y las raíces

y eso le atañe a cada uno
y a cada uno no le atañe

así se atan los hilos del misterio

*

y me entregué a la tarea
de consolar al tallo quebrado
al pétalo que
al desprenderse
danzaba su temblor final

lunas y soles cernían sobre mí
y sobre el jardín
su regular indiferencia

a veces jugaban animales graciosos
o terribles
entre las sombras enlunadas
de la noche

cumplí
dije
con el tallo vencido por el hachazo del viento
o la mandíbula
o la pata
de la alimaña

quien fui entonces
acaso es menos que un misterio

quizás es justo conjurar su epitafio:

fue un guante que empuñó distintos instrumentos de la muerte

*

generosa es la lluvia
y generoso el astro solar

y el aire que en su blanda mano recibe a la hoja que cae

y la lleva hacia el suelo
en un gesto reverencial

así enlaza sus actos aquello que es
así lo acontecido se ha dado

y esto atañe a los ciclos y a las cosas que deben ser y son

*

y bailé
extasiado
entre los innumerables perfumes del jardín

en el oro lento que maduraba el limonero
en el corazón crepuscular del mandarino

y tuve cántaros que rajó el sol
y el insistente
cavar de la lluvia
y dormí entre las azucenas enfermas

yo tenía en las manos
el arduo trabajo
del orden y la simetría

hasta que en mí floreció la piedad y su tallo exaltado

*

mira la miel del día
y cómo zumban las vidas
a su alrededor

cómo caen y cómo crecen frutos
y hojas
del modo en que está escrito

“debes preservar el jardín de las criaturas inmundas”

que no crezca en ti la rosa disecada del deseo

*

fue cuando el caracol
a medio aplastar por mi pie
arrastró su casa hecha añicos
y su blando cuello hacia mí

en el terror de las hormigas
visto por primera vez

oh mi corazón latió como un pájaro
desconcertado entonces

y me sumió la angustia filial

y dormí como un extraño en el follaje

¿eran para mí esas flores
las sombras aladas del ramaje mecido por el viento?

¿acaso era un infierno decorado con pinturas extraídas del paraíso?

apenas cultivé la rosa voraz de la muerte

*

este es el jardín inevitable
jardinero

tu trabajo aquí es deshojarte