Canción del loco | Émile Verhaeren

Miembro del movimiento simbolista y considerado como uno de los padres del modernismo y del futurismo, Émile Verhaeren (1855-1916) fue uno de los grandes poetas belgas de fines del siglo XIX y principios del XX, junto con Maurice Maeterlinck (Premio Nobel en 1911) y Georges Rodenbach. Nació y vivió en un país que adoptó con fervor la revolución industrial, fue testigo privilegiado de los profundos cambios que produjo y a partir de 1890 se volcó a las cuestiones sociales.
En el poemario Les Campagnes hallucinées (Los campos alucinados), publicado en 1893 y que forma parte de una serie que continúa con Les Villes tentaculaires (Las ciudades tentaculares, 1895), Verhaeren describe el traumático movimiento de emigración de los campesinos hacia las grandes ciudades y la modernidad que emana de ellas.
El libro incluye siete poemas titulados “Chanson de Fou”, uno de los cuales presentamos a continuación, intercalados como visiones fantásticas de la angustia y el horror que significa esa brutal “muerte” de la campaña abandonada.

Canción del loco

Podrán gritar cuanto quieran contra la tierra,
la boca en la fosa,
jamás ninguno de los difuntos
responderá a sus amargos clamores.

Están bien muertos, los muertos,
aquellos que antaño hicieron fecundo el campo,
forman ahora la inmensa acumulación de muertos
que pudren, en los cuatro rincones del mundo,
los muertos.

Entonces
Los campos eran dueños de las ciudades
el mismo espíritu servil
sometía por doquier las frentes y las espaldas
y nadie podía ver aún
erigidos, en el fondo de la noche,
los brazos azorados y formidables de las máquinas.

Podrán gritar cuanto quieran contra la tierra,
la boca en la fosa:
aquellos que antaño eran los difuntos
son hoy en día, hasta el fondo de la tierra,
los muertos.

Chanson de fou

Vous aurez beau crier contre la terre,
La bouche dans le fossé,
Jamais aucun des trépassés
Ne répondra à vos clameurs amères.

Ils sont bien morts, les morts,
Ceux qui firent jadis la campagne féconde ;
Ils font l’immense entassement de morts
Qui pourrissent, aux quatre coins du monde,
Les morts.

Alors
Les champs étaient maîtres des villes
Le même esprit servile
Ployait partout les fronts et les échines,
Et nul encor ne pouvait voir
Dressés, au fond du soir,
Les bras hagards et formidables des machines.

Vous aurez beau crier contre la terre,
La bouche dans le fossé :
Ceux qui jadis étaient les trépassés
Sont aujourd’hui, jusqu’au fond de la terre,
Les morts.

Extraído de Emile VERHAEREN, Les Campagnes hallucinées, Éditions Gallimard, París, 1982. Traducción y presentación Mariano Rolando Andrade para Buenos Aires Poetry, 2018.