Cuando éramos nosotras & otros poemas | Marisa Martínez Pérsico

Marisa Martínez Pérsico nació en Lomas de Zamora en 1978. Poeta, investigadora y profesora universitaria en Italia, donde se radicó en 2010. Licenciada en Letras por la Universidad de Buenos Aires y doctora en literatura española e hispanoamericana por la de Salamanca. Sus poemarios: Las voces de las hojas (1998, Ediciones Baobab, Buenos Aires), Poética ambulante (2003, Edición antológica del Instituto Cultural del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, La Plata), Los pliegos obtusos (2003, Edición antológica del Instituto Cultural del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, La Plata), La única puerta era la tuya (2015, Verbum, Madrid), El cielo entre paréntesis (Valparaíso España, Granada). Es investigadora correspondiente del CONICET y coordinadora de la comisión de humanidades y ciencias sociales de la RCAI (Red de Científicos Argentinos en Italia – Programa Raíces) durante el bienio 2017-2019. Desde 2014 dirige en Roma la revista Cuadernos del hipogrifo

XX

Cuántas veces
esperé una carta de mí misma
enviada del futuro
para la niña olvidada.
Con el sol en los ojos
y una pierna
a cada lado del caballo
sigo yo
conmigo en brazos
crecida para alimentar el recuerdo
de mi propia esperanza.

(De Poética ambulante, incluido en la antología del certamen Arte Joven de la provincia, Ediciones del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, 2003)

Poema al 12 de octubre que ya no es

Me tiene bastante harta
el jaleo que se monta
cada 12 de octubre.

A ambos lados del Atlántico
volvemos a 1492
como si fuéramos los hijos de Pizarro
o los del inca Huayna-Capac.

Yo me pregunto qué queda
de ese mundo.

A muchos europeos
les renace un complejo anacrónico de culpa
y te miran con cara de yo nunca violé a una india,
hay que reivindicar a los pueblos originarios,
yo no tuve nada que ver.

Sus pares del Nuevo Continente
se sienten víctimas retroactivas de sus antepasados
después de 105 generaciones
y en vez de plumas en la cabeza
o boleadoras de cuero
usan un Samsung Galaxy
importado de Alemania,
con tecnología surcoreana.

A unos se les despiertan
los furores independentistas.
A otros, la melancolía de las colonias.

Una profesora de pensamiento latinoamericano
que leía a Frantz Fanon en el Roca
(vaya nombre de tren
donde leer Los condenados de la tierra)
me pregunta: ¿te fuiste a estudiar a Salamanca?
como queriendo decir: te has pasado al enemigo.
Y prepara sus clases
al mejor estilo del enciclopedismo francés,
enseña el abecé del postestructuralismo,
y evita recordar que el Padre de la Patria,
el Belgrano de blasón albiceleste
estudió Derecho en 1786
en territorio castellanoleonés.

A otros les reviven las nostalgias imperialistas
y te dan consejillos paternales, del tipo:
el habla rioplatense es sexy
aunque Castilla es la cuna del idioma.
En el fondo te quieren decir:
Nebrija publicó la primera Gramática castellana
el mismo año del Descubrimiento de América,
los jesuitas no habrán hecho una buena misión,
mejor ponte a leer a Rafael Lapesa.

No se trata de fagocitar culturas
pero tampoco ser
la paradoja viviente.

Arde la realidad de penas acuciantes
para ir cantando
las fugas de virreyes.

Oh, padre Walter Benjamin,
el discurso del resentimiento
ha heredado el discurso del poder
y habla por otro,
–Oh, padre, Mijail Bajtin–
mal que le pese.

Después de cinco siglos,
el reloj marca la hora,
Oh, Dios Huitzilopochtli,
de indagar horizontes
con los ojos delante.

(De El cielo entre paréntesis, Valparaíso España, 2017. Reproducido también en la antología Después de la ceniza, El suri porfiado Buenos Aires, 2017)

Cuando éramos nosotras

Las manos de mi hermana
ya tuvieron dos hijos.
Todavía juegan con las mías
en fotos, porque están
a kilómetros de casa.

Sus manos nacieron jardineras
para ordenar
el blanco y el azul, el rojo y el celeste.
Contará una jauría de cruces cada noche.
Una vida sonora y transparente.

Nuestro patio amaneció cargado de retamas
donde ayer le dibujé
una casa gris de tejas rojas en el margen
de un río. Mis primeras letras
mis últimas palabras.

A veces, antes de dormir, en la penumbra,
imagino que aún está, tendida
en la otra cama. Que de pronto
sonará el despertador y mientras ella lo apaga
abrazaré mi conejo
sin apuro
niña náufraga
en la isla sin tiempo de la infancia.

Ahora se despierta a kilómetros de acá
quién sabe qué paisaje
vestirá su ojos negros,
su sonrisa apacible.

Ella y yo
tan lejos de nosotras
que nos unen la ruta y un verano.

(De Los pliegos obtusos, incluido en la antología del certamen Arte Joven de la provincia, Ediciones del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, 2004)

Desarraigo

Aquí me rindo, tendida a tu derecha.
De todos los rincones del planeta elijo tu hombro
sin más norte que el sur de mis recuerdos
a pesar de esos pájaros de leche
que me arrojan de fauces al futuro
como se echa una piedra
en un estanque sin fondo.

(De La única puerta era la tuya, Verbum Madrid, 2015)

Expedición doméstica

A mi madre

Son las siete en Reichsgau
y en otro punto equidistante
del planeta.
…………………………………………….(Cuando iba a la escuela me gustaba
…………………………………………….abrazar el planisferio y calcular
…………………………………………….la simetría de los
…………………………………………….husos. Siempre supe
……………………………………………….que Japón era el revés de Buenos Aires.)

A la tarde me arrojo a la humedad
de la bruma y acaricio
el crepúsculo violeta. Mi cuota de orfandad
se debilita si recorro las calles
de Carintia.
……………………………………….Ni siquiera me aleja un hemisferio
……………………………………….del espacio que tu cuerpo ocupa.

Pero anoche llovió y
cómo extrañé tus pasteles de membrillo,
el fragor de la cuchara contra
el plato, tu puñado de bucles.
Pinceladas reflejas de sentirte
en casa.

……………………….Acá se ve la auriga
y en los bares se respira olor a Maxim´s.
Es molesto adecuarse a otra rutina.
Nunca acaba por ser del todo tuya y la nostalgia
persiste.
……………………….El té de enebro
……………………….tus cruces y estampitas
……………………….enredar palabras por hablar de golpe
……………………….la manera de hacer
……………………….un dobladillo.

………………………………………………..Golpean
a la puerta. Me levanto a abrirte.
Dejo paso a tu inercia
y apoyás dos bolsas
en el piso.
…………………………………….¿Qué te pasa?

Te miro como si te desconociera,
como si un terremoto nos hubiera

partido, y por la puerta entreabierta
florecen las clemátides.

……………………………………Nada. Qué bueno que viniste.

(De Poética ambulante, 2003)

Farewell dos

Adiós a la poesía burda, aquella absurda
maravilla inescrutable.
Maremágnum sintagmático del siglo
metástasis de versos troquelados.
La vanguardia del erizo y del carpincho
alegrémonos que no entendemos qué bárbaro
te quiero pero estoy bien light alone
qué oprobio ese vestido de la abuela.
Marketin’ del verso adiós,
adiós.

(De Las voces de las hojas, Ediciones Baobab Buenos Aires, 1998)

Cuántos hombres se necesitan para escribir un poema

Uno le rompe el crisma, corazón,
la deja semimuerta al borde de la página.
Ella lo busca, cabrón, mas no responde
ni por medios telepáticos ni digitales.

Otro le manda por WhastApp la tapa de un poemario
de una tipa que ganó el accésit del Adonáis en 1982.
Ella no podrá ser menos,
es de rigor que siga siendo musa.

Al tercero lo llaman su marido.

El cuarto insiste en saludarla a medianoche
por una red social. Y no se rinde
ni con fútbol en televisión abierta.

Al último lo ha visto en un concierto.
Es músico, le gustan sus canciones.

Se dice a sí misma suficiente.

Enhorabuena.

B a s t a.

Entonces,
retorcida en el pleonasmo de la hoja,
engendra de parto natural.

Un poema limpio,
a tono con la época.

(De El cielo entre paréntesis, Valparaíso España 2017)

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