13 Poetas Chilenos Contemporáneos | por Rodrigo Arriagada Zubieta 〈Parte #1〉

13 Poetas Chilenos Contemporáneos | por Rodrigo Arriagada Zubieta

Parte 1: Andrés Urzúa de la Sotta / Ernesto González Barnert / Catalina Espinoza / Gustavo Parada Aguirre

La presente muestra de poesía chilena reciente tiene por fin presentar a trece escritores nacidos entre 1976 y 1994. La holgura generacional responde a la complicación circulatoria que asoma con los nuevos medios de publicación digital, pues la aparición de blogs, revistas de literatura online y la pervivencia de los formatos tradicionales, provoca una mayor facilidad de publicar, pero asimismo, complica la labor crítica y del mismo lector a quien le cuesta diferenciar los verdaderos productos artísticos de aquellos que han caído en una no siempre evidente obsolescencia. Si en el trabajo Poesía Chilena de la última década (1977-1987), de Iván Carrasco, el autor enfatizaba el problema de una circulación restringida y limitante de los textos, además de la desincentivación del público por el arte serio, aquí cabe señalar que contrario sensu, los poetas aquí antologados gozan de una mayor presencia, fruto de las garantías que otorga la democracia y los nuevos medios. De modo que mi interés y objetivo al publicar a este conjunto de poetas es –principalmente- evitar la autorreferencia clásica del “circuito poético chileno”, llamando la atención sobre el despropósito que implica subsumir esta poesía chilena vigente a una posible canonización primeriza, deporte nacional en la poesía chilena. Pues es sabido que el afán canonizante se apresura en clasificar y realizar apuestas cuando aún no es posible saber con certeza cuántos de estos poetas constituirán algo así como una obra. Lo que sí debe llamar la atención sobre estos escritores es que todos ellos mantienen una experiencia propia del mundo que da cuenta de que la poesía chilena no se detiene, ni se deja amedrentar por la presencia de figuras mayores o menores que amagan con copar todo el escenario. Desde el punto de vista de las influencias, cabe destacar que ninguno de los poetas de este grupo mantiene una dependencia ciega con los grandes clásicos de la literatura chilena (Mistral, Neruda, Huidobro, Parra, Rojas), pero sí se puede invocar ciertas tendencias; a saber: que a pesar de la fama creciente de Raúl Zurita a nivel internacional, estos poetas si es que llegan a seguir tendencias de la neovanguardia chilena prefieren a Juan Luis Martínez, a Rodrigo Lira, a Carmen Berenguer y a Maquieira, pero sobre todo, asoma Enrique Lihn como una referencia obligada que opaca la misma herencia parriana. El impulso metapoético y la falta de lirismo son dos de las características esenciales de estos poetas, pero lo más importante y novedoso, parece ser la tentación por el silencio, sin importar desde la orilla que se escriba, incluso cuando se sostengan posiciones feministas, que podrían privilegiar lo declamatorio y discursivo. Además, es necesario agregar que todos ellos participan de lecturas comunes, todos han publicado en algún formato posible; algunos, participan de talleres de escritura y todos escriben obras a modo de libros y no como poemas sueltos. Esa particularidad sigue dando cuenta de que en Chile la poesía es algo esencial en la vida privada y pública y que incluso cuando ninguno de los poetas exhiba un desenfrenado malditismo o lirismo, todos quieren concebir un proyecto poético, capaz de discurrir al lado de las problemáticas personales y sociales de un país que se dice en vías de desarrollo, pero que aún es objeto de una precariedad que asoma, más que en lo material, desde el punto de vista de la calidad de las relaciones humanas, perfectamente caídas en la desgracia de la lógica transaccional. Desde ese punto de vista el silencio al que he aludido como la gran novedad de esta poesía, lo identifico como síntoma de la soledad, de una temprana manera de despedirse del mundo de la que Rimbaud hizo gala tempranamente en la modernidad. Pero aquí el silencio es el límite con el que retoza la palabra. Todos estos poetas tienen plena conciencia de que el lenguaje y no la experiencia es la materia misma de la poesía, y así el gran logro de esta camada es mostrar el avance del poema hacia la verdad objetiva de su arte, un tipo de poesía que no es simbólica, ni literal y es, por sobretodo, lo que dice el mismo Rimbaud: poesía “literalmente y en todos los sentidos”.

***

No caeré en la excusa permanente de otros críticos de señalar que ésta es sólo una muestra arbitraria y que existen otros rumbos poéticos que aquí no se exhiben pero que son igualmente posibles. Si bien esto último es cierto siempre, lo es solamente desde un punto de vista abstracto, hasta que la identificación de esos rumbos tiene lugar efectivo en la mente de un crítico. La tarea del crítico es, siguiendo a Steiner, el discernimiento concreto entre la alta literatura y productos culturales de menor calidad, por cuanto en el acto selectivo siempre es válido un solo camino. Señalar que otros rumbos han sido posibles es disecar la falsedad del camino libremente escogido. En este sentido no daré excusa alguna sobre la validez de la muestra, sobre su inmanente parcialidad o sobre el hecho de que autores con mayor circulación que los aquí referidos, no aparezcan en ella. De hecho esto último me parece un justiciero mérito. En este sentido, pongo a disposición del lector el conocimiento personal acerca de la trama interna de las influencias y estilos del más alto producto artístico nacional –la poesía– con la intención de hacer justicia didáctica que facilite la comprensión de aquellos escritores que mejor la representan del tramo epocal convenido en soledad bajo la misión atenta de –como dice Iván Carrasco– observar el aporte de elementos renovadores con respecto a la poesía vigente, en otras palabras, aquella que no es mera repetición o prolongación de la escritura anterior, sino que dice algo no dicho por ella. Bajo este prisma, los trece poetas seleccionados han sido preferidos entre 43 nombres que fueron revisados de manera rigurosa y sin reparos, única condición adjetiva que puede hacer de la crítica una disciplina auxiliarmente honorable a la poesía. Desde el punto de vista de las preferencias acá se ha optado, en primer término, por poetas que llevan más de diez años realizando publicaciones de libros y críticas de otros poetas (Sara Jordán, Florencia Smith, Andrés Urzúa de la Sotta y Ernesto González Barnert). Un segundo grupo está constituido por voces emergentes- algunas de ellas surgidas de talleres de escrituras- que, en cualquier caso, llaman la atención por la capacidad de autorreflexión de sus trabajos escriturales. En este segundo grupo ubico a Samuel Espíndola, Tamara Valdivieso, Mariana Camelio y Tatiana Orellana. Por último, un tercer grupo está constituido por poetas que han desarrollado una obra con características absolutamente personales, un tanto alejados de los círculos tradicionales, el caso de Daniela Catrileo, Gustavo Parada, Catalina Espinoza, Juan Santander y Gastón Carrasco Aguilar. Desde el punto de vista de representatividad geográfica –aspecto que no ha sido de primordial interés– la muestra coincide en extensión, al agrupar poetas de Santiago, Viña del Mar, Punta Arenas, Temuco y Copiapó.

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  1. Reclamar el derecho al silencio

La poesía de Andrés Urzúa de la Sotta me parece concentra varios de los rasgos de este grupo de poetas: una poesía de la reflexión sobre objetos, impersonal y descriptiva, como si el autor se borrara a sí mismo en nombre de un rigor imaginativo. Explorar las reglas posibles de lo que en literatura está convencionalmente permitido y volcarlo en una imagen límpida que aparece surgida de repente, más que de la obsesión o aquello que llamamos mundo interno del poeta. Los poemas de Urzúa ganan en experimentalismo con los años, fruto de una mirada atenta que intenta desestabilizar estructuras y que se aboca a las “cosas”, esa palabra que se ha teñido de connotaciones negativas con el capitalismo. Pero en Urzúa de La Sotta observar las cosas es situarse de lleno en la reflexión metapoética; lo que se mira es el más allá de las cosas, su arte combinatoria, como si la vida fuera un puzzle donde todo merece ser tratado con idéntica atención y meticulosidad. Aquello lo acerca a George Perec, pero también y, sobre todo, a Juan Luis Martínez: Si al nombrar la palabra piedra, entre tus labios naciera una piedra. Bastaría nombrar para hacer. Habría un equilibrio entre discurso y acción. Las piedras son lo que es, la palabra es superficie de lo real y es el poeta el que realmente quiere quedarse en el fondo, como lo desaparecido, entre un mundo de cosas que existen y se combinan por sí solas.
Es como si lo que llamara a este generación fuese la exigencia de una disciplina intelectual, el estilo es el vómito decía Lihn refiriéndose al impulso ingénito de los poetas jóvenes a decir más de la cuenta. Pero en Ernesto González Barnert parece haber estado desde temprano ajeno a esa lógica barroca. Su poesía nos alerta del error en que se puede incurrir al referirse a este grupo de poetas como efectos de las lógicas del neoliberalismo solamente. Porque en González Barnert nos encontramos con un poeta empecinado en hacer variaciones sobre sí mismo, tratando de quebrarle el saque a la realidad para expresar su propia visión, como Bowie y su camaleónica transformación. Ese cambiar no se trata de un capricho, se trata de un compromiso con la poesía, de alguien que escribe su soledad como si en ello se le fuera la vida. Este poeta absorbe por sí solo un rasgo de los poetas chilenos nuevos: están fuera de la denuncia declamatoria del acto de poder porque: bástenos escribir/ los caprichos/de una obra menor/este joderse al servicio de lo inútil, donde resuena Enrique Lihn con el repetido afán de escribir sin propósito evidente, pero ya no como denuncia ante una sociedad orientada a fines; del orden de esos homme des equipages, a los que el poeta Diario de Muerte identificaba con un mundo de gélidos tripulantes burgueses, sino como un rigor del que no se puede escapar, diría yo, parafraseando a Lihn : un solo de verso/sin el sol de su poema, sin una luz evidente, pues la poesía es el trabajo para producirla, una labor que ocurre, incluso, a espaldas de la familia: Se ríen de ti a tus espaldas por tu inutilidad/ por esos libros que no enseñan a arreglar un enchufe/poner pan en la mesa.

Aquí no se trata de reconstruir un país, ni de la conciencia pedagógica del poeta nacional, como a principios del siglo pasado. Sí que se escribe por tradición, mirando a los poetas mayores, pero se trata de un compromiso con la poesía como forma de habitar-se, de llenar una soledad copiosa. Cabe destacar que este rasgo se repite en el gesto disciplinado por la poesía, en la reflexión por sus recursos expresivos y en la tentación por el silencio. Hablar de mera política- cuando se trata de este conjunto de poetas- puede significar caer en un facilismo errátil: ni las formas de consumismo, ni el liberalismo, ni el endeudamiento, ni el feminismo a secas son temas consustanciales a la poesía de Urzúa, González Barnert, y Gustavo Parada. Incluso en la notable Catalina Espinoza, cuya poesía se sostiene desde un espacio claramente femenino y signado con las referencias de un barrio plenamente chileno, donde acontece la labor de la dueña de casa; lo que dice el poetizar no es la suplantación de los órdenes genéricos, sino la precariedad que ocurre entre aquellas que comparten las mismas circunstancias vitales invisibilidades por años, porque es la mujer la que sigue sosteniendo nuestra sociedad desde una trama silenciosa de espacio y tiempo: nunca tuvimos cuerda para colgar la ropa/ pero el de aquí hasta allá del patio/ permitió que nos extendiéramos /sobre el vacío de los maceteros/estirando los brazos y las piernas/ después del lavado/ Secarnos bajo el sol junto a los paños de cocina/ era un buen ejercicio matutino/ y de vez en cuando/estilábamos la casa/al ritmo de disparos o bengalas/derrumbando el silencio del pasaje.

La voz de Catalina Espinoza no es, en caso alguno, el canto, ni la consigna: es la vigilia desde el amanecer hasta la madrugada, una visión de la mujer que pienso debe proyectarse a nivel latinoamericano, separándose radicalmente del individualismo europeo, un feminismo basado en la verdadera sororidad. Porque la poesía de Catalina Espinoza dice, desde la hermandad de género- el entretejido único, pero compartido en esa oscuridad intacta en que la mujer es omnipresente y omnipotente y que garantiza el futuro de la estirpe poética siempre tan concentrada sobre las figuras masculinas. Pero en su poesía no es necesario el grito y la declamación; ella escribe desde el rincón donde se guarda la ropa que exhala un tibio olor a albahaca. Ella prefiere el mirar por las ventanas, el escuchar a tientas, porque sabe que la lectura será finalmente el encuentro entre dos soledades, al igual que Urzúa de La Sotta sabe que la piedra que rompe el vidrio es más que un instrumento de la lucha y, que yacerá inerte después de atravesar una ventana, signando la retirada silenciosa de la acción humana. En este camino de la poesía es preferible borrarse a sí mismo, porque es mejor que el ciego no encuentre lo que busca, porque tiene ambiciones más profundas que los ojos; no es posible dejarse embaucar por la complacencia del lenguaje poético, pero también se sabe que otra lengua es imposible, cualquiera que no sea el silencio que reclama Catalina sobre el paisaje de su barrio.

El reclamo por derecho al silencio reaparece en la opera prima del viñamarino Gustavo Parada. Alguien es un debut en lo sumo brillante en que el lenguaje se fragmenta y vuelve a unir en un esfuerzo distributivo por llenar una voz indefinida que es ninguna y varias al mismo tiempo. Pero no se trata de la barthesiana muerte del autor sino, más bien, de mostrar el mallarmeano signo sin esencia, pero que se vuelve a llenar de citas, de guiños, de menciones a otros autores, donde el poeta recurre a un lúdico trabajo de irradiar una identidad invisible. Este gesto le viene dado a Parada de la herencia de Juan Luis Martínez, y si bien aún quedan en él algunos restos de lirismo, sorprende el juego que se hace tanto del lenguaje poético codificado, como del de las ciencias exactas: La fuerza de gravedad se enfermó/ y lo hizo de gravedad también/ cayó de golpe en el suelo/se rasguñó la cara/la fuerza de gravedad está grave/ policontusa/ ¿qué pasará con Newton?/Todo se ha desordenado/hasta el tiempo pasa volando/cuando se enferma de gravedad la gravedad/¿cómo volveremos a ordenar todo? En estos versos resuena la gran herencia de la antipoesía, pero lo que le preocupa a Parada es no sólo la poesía, sino la realidad, aquello que es verdadero orden del mundo. De este modo, el silencio se concreta en preguntas que no tienen respuestas, la impersonalidad de Parada es del todo engañosa, pues es la paradoja y la ironía las que convierten en pluralidad la pregunta final ¿de qué podemos hablar? Parada parece respondernos que nos movemos entre miles de respuestas, de voces que llenan el poema, pero que por siglos no han conducido a nada y que, por tanto, el poeta puede regresar al silencio del que vino, sin que quede nada de sí mismo: Poco queda de mí/ hablando en personal/ aunque brote de la arena /todos los días/ grano a grano.

Rodrigo Arriagada Zubieta, 20 de marzo de 2018, Barcelona. 

Andrés Urzúa de la Sotta
Viña del Mar, 1982

Escritor, editor y gestor cultural. Es licenciado y magíster en Literatura. Publica los libros Galería (2012), Zapping (2014), Tetris (2015), Play (2015) y Formas de volar (2017), además de la plaquette El lenguaje de las piedras (2015). Ha obtenido diversos reconocimientos literarios, entre los que destacan la Beca Fundación Pablo Neruda (2006), el Premio Arte y Poesía Joven (2008), el Premio Juegos Literarios Gabriela Mistral (2009), el Premio Internacional del Poesía Roberto Juarroz (2014), el Premio Haz tu Tesis en Cultura (2015) y la Beca de Creación Literaria del Fondo del Libro en cinco oportunidades (2008, 2012, 2013, 2015 y 2018). Es editor general en Libros del Pez Espiral y organizador de A Cielo Abierto – Festival Internacional de Poesía de Valparaíso.

 

De EL LENGUAJE DE LAS PIEDRAS

I


Una piedra que rompe
una ventana

no delata a la mano
que la arroja.

II


Aunque creamos en sus poderes fácticos, en la forma en que rompen sucursales y vitrinas. Aunque pensemos que esa es la lucha: provocar una lluvia de piedras sobre los techos de la ciudad, ver cómo se construye siempre a través de la destrucción. Aunque creamos en ellas, las piedras son solo piedras y no lo que quisiéramos que fueran.

III


No hay ángulos rectos
para las piedras ni formas
completamente circulares.

Haz el intento: mira una piedra
con detención, comienza a describirla
poco a poco. O mejor aún: lánzala

y observa el trayecto que dibuja
en el aire, la línea siempre imprecisa
que se recorta hasta llegar al suelo.

IV


Si de tu boca no salieran palabras, sino cosas. Si al nombrar la palabra piedra, entre tus labios naciera una piedra. Bastaría nombrar para hacer. Habría un equilibrio entre discurso y acción. No podrías decir y quedar impune, ni mucho menos tirar una piedra y esconder bajo la lengua la palabra.

V


Las piedras, a diferencia de las personas, no flotan. No se dejan engañar por la falsa promesa de la superficie. Ellas prefieren quedarse al fondo, junto a las algas y los cuerpos de los desaparecidos.

de GALERÍA

1


Abres la puerta:

un cono naranja
en una habitación blanca.

En el suelo, cenizas
y la sensación de haber ingresado
al eco de una fiesta:

una mosca rebota con su reflejo en la ventana.

2


El televisor está encendido:
la antena se une con su sombra en la pared.

En la pantalla refulge un arco iris
y frente a ella

—sobre un cojín violeta—

un oso de peluche parpadea.

3


Las cortinas están levemente abiertas.

Una larga y angosta franja de luz
se proyecta en la pantalla del televisor.

Los visillos flamean como banderas.

Ernesto González Barnert
Temuco, 1978

Entre sus últimos libros destacan Cul de sac (2016), Playlist (2015), Trabajos de luz sobre el agua (2015), Coto de caza (2013). Obtuvo el Premio Nacional del Consejo del Libro a la Mejor Obra Inédita de Poesía (2014), el Premio Nacional Eduardo Anguita (2009) y el Premio de Honor Pablo Neruda de la U. de Valparaíso (2007). Además es cineasta y Productor Cultural de la Fundación Pablo Neruda.

***


Alguien te dibuja con los ojos cerrados
y no teme
propasarse en algún trazo,
equivocar el ejercicio de sentar la belleza.
Raya de quien insiste
desde la propia inclinación
arrebatado de luz
–fosforece el misterio–.
Alguien te dibuja con ojos cerrados
y esboza su ceguera.

***


El canto no tiene lengua y se escribe herido de muerte
como si fuese cola de lagartija que arrancamos de tirón;
rábanos que importan un rábano.
El canto no tiene lengua sino laboriosa mudez, la tosquedad
de lo que herido de muerte duda vivir
y permanece en la sombra, agazapado y observa que todo vuelve al
sol.
El sol que da duro sobre las cabezas.
Es difícil que rinda la tierra
sin lágrimas en los ojos, sin ese sudor seco
de quienes vuelven una y otra vez
de rodillas a afanarla.
Un reptil se regenera en la maleza, el rábano sabe a rábano.

***


BÁSTENOS ESCRIBIR, LOS CAPRICHOS
de una obra menor,
este joderse al servicio de lo inútil.
Demasiada luz ha golpeado
en el agua liosa y la noche arrecia.
Bástenos escribir, echar de ver:
Nadie aprendió de nuestros errores.
Vivir es otra lengua.

***


AQUÍ NO HAY ROTISERÍAS
ni bares para escritores que se marean con garbo lánguidamente.
Solo farmacias y supermercados con ofertas del día.
Jovencitas proporcionando folletos.
Escaramuzas entre carabineros y vendedores ambulantes.
Esta no es La vida nueva ni el Antiparaíso.

***


MI ÚNICA LEALTAD ES CON LA POESÍA
Su impacto.
No esperen de mí otra dirección.
Mi timón está hundido en sus sombras.
El oído a su orden.
Todo lo que vaya en su contra va en mi contra.
Es asunto mío.
Se equivocan los que esperan otra cosa.
Mi única lealtad es con la poesía.
Con la herida que cerrándose cauteriza y vuelvo abrir.
No borra.

Yo su da.

Catalina Espinoza.
Santiago, 1987

Licenciada en Literatura Hispánica y Chilena por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Magister en Literatura Latinoamericana y Chilena en la Universidad de Santiago de Chile. Ha sido becaria de la Fundación Pablo Neruda en dos ocasiones: el año 2009 en La Sebastiana, Valparaíso; y el 2012 en La Chascona, Santiago. Parte de su obra ha sido publicada en diversos formatos, destacando: Antología 10 años de poesía en Balmaceda (Balmaceda Arte Joven2009), Entrada en Materia: 17 poetas jóvenes chilenos (Altazor, 2014), Niñas con Palillos (Balmaceda Arte Joven, 2014), proyecto desarrollado junto al colectivo homónimo y ganador de la Beca Jóvenes Talentos de la Fundación Mustakis; y Parias, Poetas y Borrachos, Antología a cargo del poeta y amigo Patricio Contreras (Anagénesis, 2016). Actualmente hace clases de Lengua y Literatura en la periferia de la ciudad.

Lunes


¿Ha querido usted lanzarse a los autos?
extrañamente se siente eso
cuando se mira por este pedazo de ventana
hacia el pasaje que nos tocó.
Este que no colinda
con ninguna avenida principal
y una va pensando en el vacío.
Ya no se siente nada en esta calle
ni luminarias quedan.
Alguna vez fuimos de las madres
que hacen el aseo por la noche
pero de nada sirve andar limpiando vidrios
llenos de sangre tras las fiestas.
Hemos sido tendidas en tendedero ajeno
y por no amamantarlos como es debido
mordisqueadas por los perros de la calle
por eso nos han salido niñas
enfermas entre las caderas.
Me resuena esta mano que me falta
en el cuerpo que me sobra
y así no se puede seguir barriendo la casa.
Guardo los platos servidos
dentro de cajones con ropa
para que por todas las partes
se metan a comerme, pero
ni hormigas ni gusanos se arriesgan
a este cuerpo muerto por el tedio.

He sido regada por la tierra:
enterrada entre piedras
y en peladeros anónimos
donde las vecinas crían a sus hijas
armé mi animita padeciendo
el dolor de las moscas.

Entonces
no me venga a decir
que nunca ha querido lanzarse a los autos
que yo la he visto a usted
regar sus plantas muertas
lavar sus platos rotos
acariciar a sus hijas enfermas
sentarse en el paradero
solita solita
sin nada que esperar.

Martes


Dice que barra desde afuera hacia dentro
para que vuelva como vuelve la mala suerte
acumulando tierra bajo los pies.
Prefiero dispersar el polvo por la casa
moverme al son de la música ennegrecida
resguardar este canto sobre ollas hirviendo.
Me explica que al piso de madera
también se le saca brillo:
pasas tanto el trapo que puedes sentir
la transpiración salir
del espacio entre la nariz y la boca.
Intento dejar todo bien limpio
pues sufrimos, pero nos sobra cloro
y con eso alcanza para toda la semana.

No nos ponemos de acuerdo
somos dos acribilladas en la misma cocina.
Sus manos llenas de hendiduras
predicen mi futuro, entonces ella debiese
ser una carta del tarot
pero sólo sabe de encierro, gas y parafina.
Dice, que somos dueñas de esta casa
y parece su lengua condenada a la sentencia,
mientras tanto remojo
más que mi cuerpo en agua con sal.


Miércoles


La familia repara en lo podrido:
primero fueron las cestas de fruta
ennegrecidas sobre el comedor
luego los gorgojos en las legumbres
y la carne agusanada de los niños.
No hay como disolver la pestilencia
pues los hombres se han dormido
y las mujeres jóvenes
huelen el cuerpo de los sobrevivientes.

Sábado


Nunca tuvimos cuerda para colgar la ropa
pero el de aquí hasta allá del patio
permitió que nos extendiéramos
sobre el vacío de los maceteros
estirando los brazos y las piernas
después del lavado.
Secarnos bajo el sol junto a los paños de cocina
era buen ejercicio matutino
y de vez en cuando estilábamos por la casa
al ritmo de disparos o bengalas
derrumbando el silencio del pasaje.
Nuestra calle era nuestro precipicio
un canal adherido a la cicatriz
hedionda de la infancia:
Cinco de Abril hasta el hartazgo
de monumentos y fantasmas.
Nunca tuvimos cuerda para colgar la ropa
ni ropa para ser colgada.
Mirar la lavadora y meter la mano
como quien pierde con el agua:
todo o nadar
y preferimos nadar
cambiando el curso de la calle.
El agua sucia inundando las esquinas
mientras sonaba música de fondo:
la sinfonía sabática
con olor a detergente y a desuso
el breve encanto de la balada
arrullando este desastre.

Domingo


Soy ahora la virgen trizada, la inmaculada rota
una reina hecha carne capaz de verse milagrosa
desde donde se mire.
Soy la llorona del pasaje
mi llanto fue lanzado como cadena
a los cables de electricidad
para iluminarlas en dolor.
Soy ahora la rompida,
una virgen destrozada de cuerpo entero.
Soy la rompida, aunque no exista estar rompida
Soy la madrecita.
Vengan a mí dueñas del pasaje
salgan a verme meada por los perros
duélanse conmigo en este arrullo de niña.

Gustavo Parada Aguirre
1985 – Reñaca, Viña del Mar

Licenciado en Humanidades con Mención en Literatura y Licenciado en Comunicación Social con Mención en Arte y Literatura. Es, además, miembro del grupo de poesía Tan Café con Leche y participó del Taller de poesía La Sebastiana, Fundación Neruda en 2012. Reside en Córdoba, Argentina desde 2014. Actualmente estudia Licenciatura en Teatro en la UNC. Su primera publicación como poeta fue Alguien. Alción Editora, Córdoba, 2017.

Fuerza de gravedad

La fuerza de gravedad se enfermó
y lo hizo de gravedad también
cayó de golpe en el suelo
se rasguñó la cara
……..la fuerza de gravedad está grave
……..policontusa
…………….¿Qué pensará Newton?

Todo se ha desordenado
hasta el tiempo pasa volando
cuando se enferma de gravedad la gravedad
¿Cómo volveremos a ordenar todo?
¿Qué pondremos en su lugar cuando muera?
¿La fuerza de levedad, acaso,
y caminar será como recorrer
un cielo hecho de tierra?

Caminamos por las calles
……..-eso es lo terrible-
mientras la fuerza de gravedad está grave
y buscamos de cualquier forma
volver a pisar cielo firme.

Clase de geometría

Somos una curva del espacio
que se extiende eterno a todas partes
de figura cósmica, sin figura
tal vez sin sentido ni destino.

Somos un segmento
dos puntos de inexistencia encontrados.

El tiempo es cosa de circunstancias
lo que está siendo ahora
lo que existe en la forma de aquí.

Somos la posibilidad del infinito
una especie de justificación
somos triángulo tan cuadrado
tan romboide sin cerrar…
Somos el universo mirándose los pies.

Poco queda

Poco queda de los hijos
allá en el mar de Reñaca
pero en el fondo
todavía huele a permanencia y sal
a cochayuyos y jaibas
que llegaron atadas de pies y manos
viendo cómo nuestras tenazas
hervían en rabia y hambre
comprendiendo en silencio
cómo desaparece hasta uno mismo.

Poco queda de los hijos
de las tres Marías que brillan
en el cielo de todo el mundo
solos risas y un futuro
de nueve cristales multiplicados

solos venimos y solos volvemos
……………………-¿sólos?-
¿acaso los cuentos de niño abajo del limón
y los juegos de cartas
en que apostábamos lo poco
que todavía queda
acaso la distancia
acaso el dolor
acaso la risa
es soledad?

Soledad. La Soledad.
La soledad también.
Todo se extraña cuando se extraña
porque el mar es viejo
y es de los padres y de los hijos
y porque el mar sigue en sus olas
contando alguna historia
……..la muchacha que no quería leer
……..un burro lleno de piojos
……..un perro incrédulo que sigue hundiendo sus dedos en los agujeros de Cristo.

Poco queda de los hijos
solo ustedes, parto de mí,
que me nacieron de una vez por todas
y me entregaron el llanto de la risa
que me entregaron en la pila bautismal del silencio
solo tú Gustavo padre sangre de mago
solo tú Isabel reina de la imaginación en lo infinito
solo ustedes quedan en las ciudades inventadas
solo dos corazones convertidos en seis
en quince
en un millón…

Poco queda de mí, hablando en personal,
aunque brote de la arena
todos los días
grano a grano.

Por Rojas

Como la flor innombrable y el amor
de trescientas mujeres no besadas
por la prisa de a soga,
como sal
y sobre todo agua
como grito casi mudo
que susurra en las venas desde la tumba
diez metros bajo tierra
dando pistas en silencio
ahondando los misterios de la nada
nadando por galaxias
cayendo de pronto en otro abismo
durmiendo entre las piedras del olvido,
sigues venciendo a la resurrección.

No pudo Celia
no pudo Rodrigo ni Tomás
ni Joaquín que quisiste olvidar
impregnándolo de memoria,
no pudo el carbón
ni el río inconstante de fragancia y brillo
que te partió tus dos sílabas de tierra.

Sigues acá
desnaciendo
sobremuriendo, Gonzalo de Chillán,
y todavía no pasa nada
todavía aquí y allá
todavía el mar
……..el polvo
…………….las palomas
……………………la velocidad de la tierra
…………………………..el leopardo
………………………………….la sombra
…………………………………………el miedo.

Lejos

Si pudiera elegir
sería acá
sin mí
lejos.