13 Poetas Chilenos Contemporáneos | por Rodrigo Arriagada Zubieta 〈Parte #3〉

13 Poetas Chilenos Contemporáneos | por Rodrigo Arriagada Zubieta

PARTE 3: Tatiana Orellana / Juan Santander / Gastón Carrasco / Mariana Camelio / Samuel Espíndola

La presente muestra de poesía chilena reciente tiene por fin presentar a trece escritores nacidos entre 1976 y 1994. La holgura generacional responde a la complicación circulatoria que asoma con los nuevos medios de publicación digital, pues la aparición de blogs, revistas de literatura online y la pervivencia de los formatos tradicionales, provoca una mayor facilidad de publicar, pero asimismo, complica la labor crítica y del mismo lector a quien le cuesta diferenciar los verdaderos productos artísticos de aquellos que han caído en una no siempre evidente obsolescencia. Si en el trabajo Poesía Chilena de la última década (1977-1987), de Iván Carrasco, el autor enfatizaba el problema de una circulación restringida y limitante de los textos, además de la desincentivación del público por el arte serio, aquí cabe señalar que contrario sensu, los poetas aquí antologados gozan de una mayor presencia, fruto de las garantías que otorga la democracia y los nuevos medios. De modo que mi interés y objetivo al publicar a este conjunto de poetas es –principalmente- evitar la autorreferencia clásica del “circuito poético chileno”, llamando la atención sobre el despropósito que implica subsumir esta poesía chilena vigente a una posible canonización primeriza, deporte nacional en la poesía chilena. Pues es sabido que el afán canonizante se apresura en clasificar y realizar apuestas cuando aún no es posible saber con certeza cuántos de estos poetas constituirán algo así como una obra. Lo que sí debe llamar la atención sobre estos escritores es que todos ellos mantienen una experiencia propia del mundo que da cuenta de que la poesía chilena no se detiene, ni se deja amedrentar por la presencia de figuras mayores o menores que amagan con copar todo el escenario. Desde el punto de vista de las influencias, cabe destacar que ninguno de los poetas de este grupo mantiene una dependencia ciega con los grandes clásicos de la literatura chilena (Mistral, Neruda, Huidobro, Parra, Rojas), pero sí se puede invocar ciertas tendencias; a saber: que a pesar de la fama creciente de Raúl Zurita a nivel internacional, estos poetas si es que llegan a seguir tendencias de la neovanguardia chilena prefieren a Juan Luis Martínez, a Rodrigo Lira, a Carmen Berenguer y a Maquieira, pero sobre todo, asoma Enrique Lihn como una referencia obligada que opaca la misma herencia parriana. El impulso metapoético y la falta de lirismo son dos de las características esenciales de estos poetas, pero lo más importante y novedoso, parece ser la tentación por el silencio, sin importar desde la orilla que se escriba, incluso cuando se sostengan posiciones feministas, que podrían privilegiar lo declamatorio y discursivo. Además, es necesario agregar que todos ellos participan de lecturas comunes, todos han publicado en algún formato posible; algunos, participan de talleres de escritura y todos escriben obras a modo de libros y no como poemas sueltos. Esa particularidad sigue dando cuenta de que en Chile la poesía es algo esencial en la vida privada y pública y que incluso cuando ninguno de los poetas exhiba un desenfrenado malditismo o lirismo, todos quieren concebir un proyecto poético, capaz de discurrir al lado de las problemáticas personales y sociales de un país que se dice en vías de desarrollo, pero que aún es objeto de una precariedad que asoma, más que en lo material, desde el punto de vista de la calidad de las relaciones humanas, perfectamente caídas en la desgracia de la lógica transaccional. Desde ese punto de vista el silencio al que he aludido como la gran novedad de esta poesía, lo identifico como síntoma de la soledad, de una temprana manera de despedirse del mundo de la que Rimbaud hizo gala tempranamente en la modernidad. Pero aquí el silencio es el límite con el que retoza la palabra. Todos estos poetas tienen plena conciencia de que el lenguaje y no la experiencia es la materia misma de la poesía, y así el gran logro de esta camada es mostrar el avance del poema hacia la verdad objetiva de su arte, un tipo de poesía que no es simbólica, ni literal y es, por sobretodo, lo que dice el mismo Rimbaud: poesía “literalmente y en todos los sentidos”.

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No caeré en la excusa permanente de otros críticos de señalar que ésta es sólo una muestra arbitraria y que existen otros rumbos poéticos que aquí no se exhiben pero que son igualmente posibles. Si bien esto último es cierto siempre, lo es solamente desde un punto de vista abstracto, hasta que la identificación de esos rumbos tiene lugar efectivo en la mente de un crítico. La tarea del crítico es, siguiendo a Steiner, el discernimiento concreto entre la alta literatura y productos culturales de menor calidad, por cuanto en el acto selectivo siempre es válido un solo camino. Señalar que otros rumbos han sido posibles es disecar la falsedad del camino libremente escogido. En este sentido no daré excusa alguna sobre la validez de la muestra, sobre su inmanente parcialidad o sobre el hecho de que autores con mayor circulación que los aquí referidos, no aparezcan en ella. De hecho esto último me parece un justiciero mérito. En este sentido, pongo a disposición del lector el conocimiento personal acerca de la trama interna de las influencias y estilos del más alto producto artístico nacional –la poesía– con la intención de hacer justicia didáctica que facilite la comprensión de aquellos escritores que mejor la representan del tramo epocal convenido en soledad bajo la misión atenta de –como dice Iván Carrasco– observar el aporte de elementos renovadores con respecto a la poesía vigente, en otras palabras, aquella que no es mera repetición o prolongación de la escritura anterior, sino que dice algo no dicho por ella. Bajo este prisma, los trece poetas seleccionados han sido preferidos entre 43 nombres que fueron revisados de manera rigurosa y sin reparos, única condición adjetiva que puede hacer de la crítica una disciplina auxiliarmente honorable a la poesía. Desde el punto de vista de las preferencias acá se ha optado, en primer término, por poetas que llevan más de diez años realizando publicaciones de libros y críticas de otros poetas (Sara Jordán, Florencia Smith, Andrés Urzúa de la Sotta y Ernesto González Barnert). Un segundo grupo está constituido por voces emergentes- algunas de ellas surgidas de talleres de escrituras- que, en cualquier caso, llaman la atención por la capacidad de autorreflexión de sus trabajos escriturales. En este segundo grupo ubico a Samuel Espíndola, Tamara Valdivieso, Mariana Camelio y Tatiana Orellana. Por último, un tercer grupo está constituido por poetas que han desarrollado una obra con características absolutamente personales, un tanto alejados de los círculos tradicionales, el caso de Daniela Catrileo, Gustavo Parada, Catalina Espinoza, Juan Santander y Gastón Carrasco Aguilar. Desde el punto de vista de representatividad geográfica –aspecto que no ha sido de primordial interés– la muestra coincide en extensión, al agrupar poetas de Santiago, Viña del Mar, Punta Arenas, Temuco y Copiapó.

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III. Ciudades posibles, ciudades imaginadas.

La referencia a la ciudad es una constante en la poesía chilena, desde el recuerdo de la iniciación en la vida urbana de Neruda en Canto General (1950), pasando por las escenas fragmentarias de Parra, hasta en A partir de Manhattan de Enrique Lihn, por nombrar tres poetas mayores. En todos los casos, la acumulación de experiencia urbana siempre roza con lo impenetrable. Si pudiera señalar un rasgo general que de esta modalidad de escritura en el panorama nacional hasta Lihn, éste sería que la poesía chilena de ciudad escenifica una serie de desplazamientos en que lo primordial es decir la soledad del individuo y sus dificultades de comunicación, lo cual es representado como una mirada que no termina de aprehender el espacio urbano y, más bien, se mira mirar. Posteriormente, existe una amplia gama de textos postdicatoriales en que la escritura de desplazamientos dice la relación del poema con un espacio roto, violentado, como el caso de La Tirana de Diego Maquieira. Más cercano, está el ejemplo emblemático de los poetas de los noventa, donde predomina el escribir entre ruinas. En todos los casos, cabe señalar que nunca se trata de reconstruir un espacio que ya no está. Ello no es tarea de la poesía. Incluso en un poemario emblemático sobre la materia como La ciudad de Gonzalo Millán, lo importante es la representación, más que la descripción de la ciudad. En dicho poema, sabemos que es Santiago de Chile, pero lo cierto es que podría ser cualquier ciudad que se debate en los movimientos de su rutina y el estancamiento forzoso que desenmascara la realidad. Muchas veces son los objetos del neoliberalismo los que construyen un espacio que se da por sentado y que funciona a expensas de los sentidos para los cuales fueron creados.

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Cuando se habla de poesía y espacio urbano, se suele hablar del flaneur, categoría literaria que adquiere carta de nacionalidad con Walter Benjamin y sus reflexiones en torno a la poética de Baudelaire. El flaneur es un paseante urbano masculino, un ocioso que callejea en la ciudad para encontrar lo definitivo de su tiempo. Sin embargo, la flaneuse, como contraparte femenina, no ha recibido más que una atención mínima en la crítica literaria. Incluso en textos del siglo XIX, se excluye tajantemente a la mujer de la flanerie, pues su rol, entonces, era el de ser considerada mero objeto de atención y placer visual del flaneur. La aparición de la flaneuse necesita de la irrupción definitiva de la mujer en el espacio público, pues hasta el siglo XX si bien la mujer deambula en el gran almacén, en el parque y en el teatro, persiste la ideología de las esferas separadas, que hace poco respetable a la mujer que se desplaza por la calle.

La poesía de Tatiana Orellana es la propia de una flaneuse con todas sus letras, da cuenta del ingreso de la mujer a los espacios públicos y del resquebrajamiento de las sólidas fronteras del mundo netamente masculino. Los lugares en que se la ve entrar son espacios citadinos de la bohemia chilena (fuentes de soda, el Bar Unión, El Parque Forestal, las aceras del Valparaíso nocturno). Pero cabe preguntarse qué es lo distintivo de esa mirada que define la poesía de Tatiana Orellana y la hace diferente de la mirada del flaneur sobre el espacio citadino: Un pordiosero saluda mi rostro de tiza/ levanta la mano para alcanzar/ la limosna que guarda mi corazón/ pero no percibe que soy yo la hambrienta/ No entiende que nada tengo/que cargo la cruz entre mis piernas/ no sabe que mi mayor culpa ha sido amar a destajo/ devorar las sobras del almuerzo/ todos los domingos. Lo distintivo es que el espacio citadino aún no es suyo, los hombres han impuestos su ritmo a la ciudad, desde la velocidad de los autos, hasta la luz de los semáforos. No existen los tiempos contemplados para cuidar de los demás; el hombre se vuelve frágil cuando entra a estos lugares acompañado de la mujer. Lo que reclama la poesía de Tatiana Orellana – de manera poco consciente- es la de un espacio urbano más femenino, un lugar en que las mujeres sean creadoras de significado y no portadoras de sentidos posibles, de modo de eliminar las fronteras de lo “respetable”. La poesía de Tatiana es un llamado de atención sobre la existencia de barreras invisibles, de fronteras que señalan lo que se puede hacer y lo que no en un mismo lugar. Pero para que ello ocurra, antes se hace necesario reconocer esos muros que no saltan a la luz a primera vista, sino sólo a través de una mirada indagadora que comience a garantizar un derecho primerizo a organizar el espacio a su manera. Por ello, en esta poesía se busca un modo de deambular con un “ojo enorme”, como decía Virginia Woolf, un ojo que a veces se distancia y que a ratos se mira hacia dentro. Pero sí que es necesario contemplar, porque Tatiana Orellana nos presenta una figura masculina agotada de su propia creación, de sus instrumentos de ocio, embriagado de su propio tedio, apunto de estropear una relación amorosa, de desencadenar una tragedia que sólo la mujer puede olfatear: Cansada de mantener los secretos/ interrogo al mesero/ pero mi amigo/no resiste las palabras/ no resiste el vino derramado.

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En los poetas nuevos que aquí tratamos, apenas sí estamos cerca de la Ciudad de Gonzalo Millán. No son ya los utensilios, las cosas que han sido creadas para liberar al hombre y que, en cambio, lo han sometido lo que se poetiza. Porque antes que dar la ciudad por sentada como espacio natural del habitar, cabe preguntarse, hacer un ademán, entrar en ella bajo una especie de interrogante, considerar la poesía como la única forma de estar a salvo en medio de las cosas, para servir a aquello para lo que no se sirve: Voy a incorporarme a esta ciudad/voy a conquistarla con palabras/Porque siempre he sabido/de alguna u otra forma/cómo torcer las cosas hacia mí. Estamos lejos, asimismo, de Baudelaire y su modernidad. Porque en la poesía de Juan Santander, no se trata de trocar el barro en oro, ni de ser el héroe que captará lo irrepetible de su tiempo, ahí donde los demás aparecen alienados, se trata, en cambio, del deber de entrar en contacto con los otros, sosteniendo su diferencia. Juan Santander no es un flaneur, ni exhorta ni aniquila el tiempo que le tocó vivir. Sus versos son más delicados, una trama nacida de la reflexión en medio de la velocidad citadina, una poesía, en cualquier caso, poco definible en su belleza. La poesía termina siendo aquí un intermedio entre lo dicho y lo callado, sobre una trama narrativa del dolor amoroso, La destrucción del mundo interior es también eso que no alcanza a ser dicho, porque los elementos de la modernidad hablan por sí solos, en muchos casos. Hay más el ejercicio de un descifrar que el de un decir. De esta poesía habría que decir lo que Eliot: toda gran poesía comunica antes de ser entendida, pero curiosamente – y este es el mayor logro de Santander- no parece haber nada que descifrar, sus palabras son la reiteración de lo que ha desaparecido en nuestra propia experiencia. El lirismo, sus historias de amor, son más bien engañosas. Refiriéndose a cómo decae una relación de amor, poetiza: Así me di cuenta/ Por la esperanza puesta en los reproductores musicales/ por la triste convivencia con las cosas adquiridas. Se trata de que el lenguaje se deje arrastrar por sí solo en medio de las cosas llenas de fulgurante identidad, mientras el poeta desaparece en medio de una pasmosa oscuridad. Es nuevamente Juan Luis Martínez y su sombra en medio de este grupo de poetas. Lo novedoso es que Juan Santander más que desaparecer y jugar con las palabras nos inunda de intimidad desamparada. Pareciera que todos hemos estado en esa zona donde el amor, donde el dolor, nos definen apenas un rato, donde a todos nos robaron la imaginación en medio de lo más prosaico: en la aspereza del asfalto urbano, en un cine o en cualquier parte, como en algunos de sus versos más notables: Tú, ramplona y hermosa como la vida/ me encerraste en una pieza oscura/ungiste mi cuello con esa colonia floral que aún maldigo y no comprendo/destruiste mi imaginación/ sacándote la blusa al menor indicio de calor.

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La intención de decir un espacio reaparece en Monstruos Marinos de Gastón Carrasco, desde la intertextualidad establecida con Moby-Dick, de Herman Melville, cuyo relato es solo un punto de anclaje dentro de un espacio-ciudad imaginario que se erige desde las ruinas a través de las cuales se descubre una trama de tiempo personal. Imponer la propia experiencia sobre un paisaje dado, más que describirlo o cantarlo, integrarse, es el desafío al que el artista debe responder: he ahí el riesgo. La elección de Melville por Carrasco se justifica en la medida en que Moby Dick es la obra en que un autor asume el desafío del modo más primitivo. Se trata, entonces, de sondear la geografía interior del ser humano, desde el punto de vista de la propensión al mal y sus efectos trágicos. Lo que dice esta poesía es la orientación humana hacia el mar como paisaje para encontrar aquello que Carrasco llama la Ciudad de fondo: Los pulpos construyen jardines /y los esqueletos de ballenas son iglesias/En el fondo todo es ruina, los objetos que olvidamos/ van a dar al museo natural de este mundo. Parece ser un buen lugar a donde ir me dices, si es que las cosas no salen demasiado bien/ o directamente mal/ ¿Quién no quisiera estar ahí /donde no se oye la tormenta? La ciudad de fondo es la ruina, aquella contra la cual se debe volver a luchar. Una geografía hostil que pudiera ser una imagen del capitalismo, una crítica a la productividad económica –signada en los puertos- que obliga a repensar la historia al modo de Heródoto, como reconstrucción de una búsqueda personal, y que entronca con la teoría crítica de Benjamin, en el sentido de la necesidad de llenar los espacios vacíos “del ahora mismo”, donde armonizan las tramas olvidadas por la modernidad. Lo notable del poemario es la oscilación genérica entre el diálogo teatral, la trama narrativa y el lenguaje impersonal del hablante. Gastó Carrasco, al igual que Melville, se nos muestra un irrespetuoso de las convenciones, orientado hacia el fragmento y la alegoría que le permite armar una nueva trama en la acumulación de las formas, en el reencuentro de citas fracturadas de las cuales depende ahora la creatividad de la obra de arte, del renacer del espacio, de la transfiguración de la ciudad. Pero sobre todo, queda la sensación de que Gastón Carrasco nos quiere decir que la exigencia de la escritura es extraordinaria y no hay nada en la vida que contra ello nos pueda cobijar. El poeta es salvaje o no es nada.

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Una ciudad posible es la que vemos en la poesía de la joven Mariana Camelio, poeta magallánica en cuyos versos la ciudad real se disipa en una trama de tiempos y espacios de un lugar entretejido entre fechas dispares, lugares que existen y otros que dejaron de ser lo que alguna vez fueron. La poesía de Mariana es texto en el sentido etimológico de la palabra, un “tejido”, que se hilvana desde el experimento total de un lenguaje que avanza y retrocede por medio de procedimientos de una poeta que a su corta edad ya parece manejar su propio arte de una manera excepcional. Probablemente, sus años de trabajo junto a Ronald Kay estén a la vista en esta escritura fragmentaria, donde el yo desaparece para privilegiar la secuencia de paisajes, de frases entrecortadas, de un lenguaje que nunca está fuera de sí mismo, a punto de revelar lo inexpresable para luego volver al mar de su silencio: para enterrar un cuerpo/ se levantan los escombros de una casa que no existe/ y cuando la tierra se cierne en la rejilla se enredan malezas/ de cuyas raíces se descuelga una pulsera cortada/ intentas separar los eslabones/con los dientes con las manos/ pero el metal hiere bajo las uñas/ de tus dedos intento erróneo/ brota un líquido que mancha un texto/ con espacios crueles que no pudimos descifrar. Lo que dice esta poesía es la heterotopía de Foucault, un espacio insubordinado a la lógica de los proyectos políticos y urbanos de las ciudades occidentales, de modo que lo que surge es una contraespacio de ensoñación. Los hallazgos de la poesía de Mariana Camelio dan cuenta de que hay algo que está absolutamente dado a escapársenos: algo irreductible al naufragio de una zona que se debate en su desamparo; lo que importa aquí es la torcedura del lenguaje, porque ni la experiencia familiar, ni los lugares reales aquí signados, ni la historia de Magallanes, ni tampoco los números falsamente referenciales, impiden que el lugar aquí creado sea objeto indefinidamente infinito, una variación que no alcanza a encontrar su lugar en aquello que falsamente denominados realidad, una caída indeclinable de la poeta en su propia Isla Mariana a la que alude: un Everest invertido, el canto de un mismo relato que desemboca estero abajo, en el mar general de la palabra que es en sí misma otra ciudad, pero imposible.

***

Dejo para el final el espacio más poéticamente experimental. La construcción de Samuel Espíndola es la de un microcosmos que asoma desde la imagen visual y que viene a completar lo que no dicen las imágenes de Twin Peaks de Lynch o las películas de Hitchcock. Es como si esas imágenes demandaran ser narradas para que no persigan al poeta por siempre y calmar su ansiedad. Es una poesía que reflexiona sobre lo inquietante, sobre aquello que ninguna filosofía u orden sistémico puede explicar. Una visión que se relaciona con la palabra alemana Das Unheimliche, una partícula de difícil traducción que combina lo hogareño con lo perturbador, lo que es familiar y no lo es al mismo tiempo. Algo que conocemos bien, pero en lo que persiste una sombra. Pues bien, el ademán de recrear estos escenarios fílmicos obedece al afán de captar ángulos de la misma cosa, ahí donde comienza a decaer eso que llamamos orden natural en el que creemos participar, porque lo que nos domina es lo intempestivo, la adversidad y lo que no es propiedad de ningún hombre: tubérculos extraños atestaron las pocas piscinas/que en este pueblo frío se habían convertido en lodazal/en las melancólicas lavadoras del hospital/se hizo común ver tiburones nadando entre las sábanas /manchadas por los muertos/en la zona lacustre cercana a las cascadas crecieron árboles. Como vemos, Espíndola practica una poética del montaje, donde la pluma parece deslizarse hacia abajo sin poder detenerse ante lo ominoso, en un espacio poético que recuerda a Maquieira, pero que se diferencia del autor de Los Sea Harrier en el hecho de que aquí no hay espacio para el humor, la diatriba, y la crítica social; en Espíndola se trata de decir el que el mundo real es descarnado, completamente asediado de sugerencias fatales, un mundo que ya sea con el hombre o sin él encuentra en la germinación y en la muerte constante una forma de permanencia. Esta poesía representa un debut sorprendente, porque logra concretar en un lenguaje las abstracciones más delirantes: la muerte, el instinto de supervivencia, la destrucción del paisaje, aquellos temas que nuestra época parece anatemizar y que, por lo mismo, el cine utiliza para jugar con nuestras mentes desacostumbradas, pero que, en cambio, para el poeta aquí señalado no pueden pasar desapercibidos: lo convulsamente irremediable de una cultura ancestralmente abocada a la destrucción en la que Espíndola sabe revolver funerariamente entre los escombros para recordar aquello orgánico que realmente somos: ahora transcribo historias ajenas que encontré dispuestas/con otros nombres/ personajes/ pero con la misma insistencia/los cerros volviéndose desierto/ el vuelo insonoro de los insectos/ que entran por la boca/ y el monolito acechado por las coníferas.

RODRIGO ARRIAGADA ZUBIETA, 20 DE MARZO DE 2018, BARCELONA.

 

 

 

 

 

 

Tatiana Orellana Araneda
Santiago de Chile, 1989

Estudia Licenciatura en Lengua y Literatura en la Universidad Alberto Hurtado. Ha participado, entre otros talleres: en el LEA U. de chile, 2012; Escuelas de la poesía, 2013; Taller arte poética con Astrid Fugellie, 2013. En el año 2014, publicó junto a otros seis compañeros el libro: Siete. Des-tiempos. Edición: La Palabrota. En el año 2014, recibió la Beca Fundación Pablo Neruda. 

Las calles de Valparaíso

Las calles de Valparaíso
contaron mis pasos
tartamudeé
arrastrando el barro
con la punta de los dedos,
hasta la vereda equivocada.
Recogí mis restos
y lo besé.

Después del fuego
mi corazón enmudeció las calles
solo las piedras reconocieron
mi desnudez.

Derramado

Vagamos por un callejón de Alameda
de noche, Santiago
parece frágil
cómplice de los vicios capitales.
La niebla de Junio invita
a los borrachos del puente arrastrarse
como los locos que duermen
en el Parque Forestal.

Aferrándonos al destino
caminamos en el frío
Pablo ¡Llora!
el bar de mala muerte
nos brinda un refugio
un palacio para hundirse.
Abrazados,
envejecemos
después de unas cuantas copas.

Parecen hambrientos nos dice
el mesero que limpia la mesa
y empaña
el último brindis,
el comienzo del fin.

Cansada
de mantener los secretos
interrogo al mesero
pero mi amigo
no resiste las palabras
no resiste el vino derramado.

***

Mi grito es
una sepultura que nadie visita.

.

***

He tocado el sudor de la tierra
para esquivar el hastío del verano
para doblegar el primero de Enero
donde todos buscan renacer su fe:
escarban en el futuro
como vagabundos de la pasión
carentes de espíritu
esclavos de los bonos del mercado.

Domingo

Es domingo
deambulo por el centro de Santiago
Paseo Ahumada ha amanecido ausente
la niebla que cubre la calle Nueva York
refleja las últimas copas que bebieron
los borrachos habituales que visitan
el bar La Unión.

Un pordiosero
saluda mi rostro de tiza
levanta la mano para alcanzar
la limosna que guarda mi corazón
pero no percibe que soy yo
la hambrienta.

No entiende que nada tengo
que cargo la cruz entre mis piernas
no sabe que
mi mayor culpa ha sido amar a destajo
devorar las sobras del almuerzo
todos los domingos.

Juan Santander
Leal Copiapó, 1984

Poeta. Ha publicado Allí estás (2009), Cuarzo (2012) Agujas (2015), todos ellos reunidos en versiones revisadas en La destrucción del mundo interior (2015), Hijos únicos (2016) y Nueve lugares (2017).

LA DESTRUCCIÓN DEL MUNDO INTERIOR

Mi colección de lagartijas y flores de montaña, mis libros ilustrados.
Todo lo dejé por ti, que me hiciste tener relaciones en el pavimento.
Ya no tengo secretos porque tú les dijiste todo sobre mí a tus amigas.
Les hablaste de mi diario, de mi odio al sol, las manías de mis primas
y mis ganas de llegar a ser atleta o peluquero.

Todo lo dejé: los álbumes de Historia y Medicina,
los disfraces de Batman y Robin que usé de acuerdo al clima y mis humores.
Tú, ramplona y hermosa como la vida, me encerraste en una pieza oscura
ungiste mi cuello con esa colonia floral que aún maldigo y no comprendo,
destruiste mi imaginación sacándote la blusa al menor indicio de calor.

EVITANDO EL HORIZONTE

Al parecer, yo no sirvo para esto.
Desde mi ventana se ve el todo y yo imploro por las partes.
Algunos somos especiales.
No todos pueden serlo.
Otros son normales, o caóticos.
No todos pueden ser caóticos.

De la normalidad hay ciertas cosas que me gustan
como pensar en el futuro,
los helados de máquina,
los cilindros donde creo vivir mis aventuras.

Voy a incorporarme a esta ciudad,
voy a conquistarla con palabras.
Porque siempre he sabido,
de alguna u otra forma,
cómo torcer las cosas hacia mí.

COMIDA CRUDA

¿Cómo me di cuenta? Los platos vacíos, la sal y la pimienta en la mesa.
Imposible salir del vocabulario privado que construimos con ternura y terminó por destrozarnos.
Compartimos incluso la hinchazón de los ojos en los días de trabajo,
la maestría de maquillarse en el metro, la lluvia cayendo en los zapatos negros.
Cenas para traer y llevar, planes de vacaciones, silencios y peleas agendadas.
Todavía huimos al Litoral Central en los feriados religiosos.
Así me di cuenta. Por la esperanza puesta en los reproductores musicales
por la triste convivencia con las cosas adquiridas.
Nada que no pueda arreglar un trocito de salmón sobre una bola de arroz,
un viaje a las importadoras, un helado de frutilla en el Paseo Estado.
Yo fui quien te arrastró a las convenciones, yo estoy obsesionado con ellas.
Imagínate que nuestra historia avanza sin repetirse, como los árboles de un parque.
Tú tienes el corazón más grande y firme que yo, de eso también me he dado cuenta.

GEMELOS

En ese tiempo éramos gemelos.
Andábamos los dos en bicicleta,
siempre ibas escondido detrás mío
como una especie de segundo nombre.

Teníamos las uñas comidas
y las mandíbulas muy juntas,
los bolsillos llenos de bolitas
y nadie para practicar el egoísmo.

Cuando viajábamos a la playa
nos picaba la misma medusa,
rodábamos por la misma duna,
y en un bote de arena entrábamos al mar.

En ese tiempo pasabas la mayor
parte del día dibujando con spray
tu nombre en las paredes de adobe
o en la estatua de mármol de la plaza.

Cuando cumpliéramos dieciocho años
uno de los dos tenía que irse,
las lágrimas corren más rápido
por las mejillas de los más jóvenes.

BUS AL NORTE

Cae la noche y cae mi cabeza
directo en tu hombro izquierdo,
así tratamos de dormir en el bus
y ambos acostados formamos

un valle con poquísima agricultura:
olivos y almácigos de cebolla
como manos verdes en el patio
de una casa donde ya no vive nadie.

Cierras los ojos, estiras la trompa,
y me dices que estás aburrida.
Afuera hay viñedos secos y una luna
que nos espera para congelarnos.

Yo pongo una mano en tu pecho,
justo delante de la división
entre lo que voy a recordar de ti
y lo que voy a tener que olvidar.

Gastón Carrasco Aguilar
Santiago, 1988

Ha publicado El instante no es decisivo (2014), Viewmaster (2011/2016), La soledad del francotirador (2016) y Monstruos marinos (2017). 

En la tumba del capitán Melville

Rema con los maderos del pensamiento
se detiene a sentir el ritmo de las olas
la respiración del paisaje

el sol adopta esa impronta
de moneda lanzada al aire

las aves migran en la dirección de siempre
las nubes conspiran la tormenta

el capitán se pega un tiro

la tripulación huye
como cangrejos por la arena.

La ciudad del fondo

Los pulpos construyen jardines
y los esqueletos de ballenas son iglesias.

En el fondo todo es ruina, los objetos que olvidamos
van a dar al museo natural de este mundo.

Parece ser un buen lugar a donde ir
me dices, si es que las cosas no salen
demasiado bien o directamente mal.

¿Quién no quisiera estar ahí
donde no se oye la tormenta?

Ismael, al que dios ha oído

Soy un hombre de tierra
conozco el agua dulce
recorro a pie ciudades
y puertos: Orompello
Nantucket, Puerto del Hambre
aprendo fácil
y trabajo como proleta
del siglo xix.

No saben qué haría
por un trozo de pescado
o por un vaso de vino.

No se les ocurra
entonar canciones patriotas
no se les ocurra apostar
en mi contra
no se les ocurra empezar
una pelea sin mí.

Soy un hombre de tierra
conozco el agua dulce.
Supongamos que mi nombre
es Ismael, supongamos
que dios me escucha
y no tengo nada bueno
que contar.

Los enterradores (versos saqueados al capitán)

En los ríos queman cadáveres pintados
pequeños huesudos, emperadores
recubiertos por escamas aterradoras
mujeres aplastadas de pronto
por una ráfaga de cólera.

Eran riberas de difuntos
y especialistas cenicientos.

Cuando llegó mi oportunidad
les largué unas preguntas,
ellos ofrecieron quemarme
¡era todo lo que sabían!

En el país los enterradores
contestaron entre copas:
–Búscate una moza
y déjate de tonterías.

Bitácora del náufrago

En un monitor, pantalla azul o manto oceánico
me siento naufragar: mis ojos son dos barcos
que se bambolean.

Al principio fue el miedo, me decías
el temor a la sombra, la mancha curva en el horizonte.

Luego vino el respeto, el movimiento de la barca
como una hamaca colgada en el aire.

De fondo el contraste entre el rugido del mar
y los lamentos de ballenas.

Soy un náufrago a los ojos de dios
me dejo arrastrar como un madero
sin apego por la vida.


Mariana Camelio Vezzani
Punta Arenas, 1994

Licenciada en Letras Hispánicas y profesora de Lengua y Literatura. Becaria de la Fundación Pablo Neruda 2014. Junto a Samuel Espíndola, participa en la exposición colectiva “Todos cortados con la misma tijera”, en el centro cultural PerreraArte, con la instalación “El juego de las decapitaciones”. De marzo del 2015 hasta fines del 2017, trabaja como asistente de edición de Ronald Kay.

preámbulo

siempre es burdeo la primera nevada:
……para esperarla he colocado todos los peluches
……en fila sobre los azulejos trizados de mi patio
……el pasto cruje de hielo se pega a sus patitas:
……pieles sintéticas color verde o café
……de un mono o elefante diminutos
…………–qué jardín más hermoso– digo desde adentro
…………–colores cálidos para fotografiarse
…………distintos tipos de invernaderos

……cuando cae cada copo se disuelve en la tela
……pero sobre el peluche
……la nieve es espejo/radiografía de su algodón y lo cubre

……terminando el invierno se derriten también las telas y costuras
……cede el material como cede el frío
……y quedan en el patio montículos sin forma:
…………irregularidades en el jardín de azulejos para
…………que se asiente el pasto en los próximos veranos:
………………tierra donde crezca una enredadera de flores blancas
como el solsticio que ya no vuelve

varadas tras isla decepción
(isla riesco, playa kilómetro 63 sur)

……varadas en la playa tres ballenas
……cantan como el metal
…………se adivina de las profundidades
…………un chirrido de columpio viejo
…………tela mojada contra el vidrio
…………en los canales se escucha
……se cimbra en la noche el canto
……vibra el agua……–cómo despertar?

……antigua caleta balleneros en 1903
……comienzan a construir las primeras casas
……pero es diciembre de 1967 y
………...sobre la bahía y las playas de isla Decepción
…………cae improvisada una lluvia de piedras
……solo eso alcanzas a leer
……y la voz ya es pura chispa eléctrica

……un delirio coleccionista te susurra
……bajas por el estero desembocadura de carbón
……mientras la boca de tus labios va cantando
……que una lluvia pétrea te regaló por fin
…………ballenas para la repisa
…………rotulada «cetáceos» de tu colección

……cuerdas gigantes atas a las ballenas
……y entiendes que su canto fue siempre un mismo relato:
…………ellas antes ancladas en la caleta de
…………la chilena sociedad ballenera Decepción
……te amarras esas cuerdas a los hombros
……y un canto que ya no es ni el tuyo ni el metálico
……te ordena que nada resta más que tirar
…………desembocadura estero arriba

estrecho de magallanes
(islas de las marianas)

también a esta reina debe su nombre la fosa oceánica
más profunda del mundo: la fosa de las Marianas,
situada al suroeste de dichas islas.

……nicolás pertusato –apócrifo quién sabrá tu nombre–
……se retrata en la esquina del cuadro más famoso de velázquez
……yo……le diría así:
…………descansa la pierna tu pose imposible nicolasito
…………es el borrón más oscuro de las meninas
…………yace allí también el perro ese el mastín más bonito
…………sé quisieras tú despertarlo:
……………que se vaya por mariana la de austria dijiste
………………que le apriete los dientes que en el vestido
………………se enrede el perro que la traiga

…………pero tú ya sabes pertusato
………………que por la fosa más profunda raramente pasa un tren
………………sabíaslo y por eso no pediste nunca ningún metal
………………nada más quisiste entonces que nieve
…………………...merced añadida de cuatro libras diarias
……………………algo así como un puñado de agua
……………………–un gran vaso donde quepan
……………………los peces transparentes que nadan
……………………la fosa más honda del mundo
…………planeabas imagino de tus pelos rubios
………………a esos peces suspenderlos
………………con una vela proyectar su sombra
………………sobre el pómulo de la reina:
……………………de silueta y nieve cubrir su cuerpo
……………………lamer cada copo acuoso transparentarlo
……………………hacer entonces un negativo de cristal
.………………………..de la reina desdichada

Samuel Espíndola Hernández
Santiago, 1993

Lic. en Literatura y tesista del Magister en Teoría e Historia del Arte. Becario de la Fundación Pablo Neruda 2014. Premio Roberto Bolaño 2015. En marzo aparecerá la plaquette Historial de las coníferas (Velando Bestias, 2018).

Ronette Pulaski

………………| en la luz repugnante del precinto… |
………………| mentirías sobre tu regreso a casa? | a. rich

una niña cruza al alba un acueducto
el armazón de acero que soporta sus pasos
…………cuelga gastado entre dos promontorios
jirones de algodón y la armadura vacía de una enagua
cubren su cuerpo

bajo ella el río arrastra consigo cerros de aserrín
…………cadáveres pintados de amarillo
la niebla borra………… —como siempre
los contornos

el vértigo y el frío suspenden entre bosques
el color —de qué conífera serán
estas hojas podridas o qué semillas
trizándose pisé

los peces hierven en el agua anaranjada
y de pronto el río entero se evapora
……………………formando nubes
……………………como árboles
……………………altísimos

Psicosis

primero aparecieron carpas en el colador del café
que pete martell ofreció al sheriff y a dale cooper
humores extraños obstruyeron las cisternas
anguilas gelatinizaron el agua de las cañerías
desovando sin control abrevaderos de animales
se supo de cabezas de caballos ahogados
el cerebro les hervía de pardos pejerreyes
su pestilencia persiste todavía en los establos
bidones de formol llenos de fetos y órganos
enfermaron de males oceánicos
se llenaron de algas y percebes
tubérculos extraños atestaron la pocas piscinas
que en este pueblo frío se habían convertido en lodazal
en las melancólicas lavadoras del hospital
se hizo común ver tiburones nadando entre las sábanas
manchadas por los muertos
en la zona lacustre cercana a las cascadas crecieron árboles
cuyas profundas raíces hicieron emerger del pantano carabelas de metal
lápidas sin nombre maniquíes sin rostro
restos cretácicos que precedieron al final del fenómeno
la aparición del auto de marion crane
y en la maleta su cuerpo envuelto en crinolina
dejaba todavía traslucir
la pupilas dilatadas
por el grito

Trinitita|16 de julio | 1945

………………| nos acercamos a nuestras muertes en silencio |
………………| la bomba | se metió a nuestras vidas | para destruirnos |
………………| inseparable del fuego | es la luz | que lo precede | w. c. williams

…………la blancura del eriazo es su estupefacción
la arena suelta | alguna vez astilla de altares de piedra
formados por el hielo | en fracciones de segundo se convirtió en un cráter
…………repleto de cristales verdes | trescientos metros de ancho
pero sólo tres de profundidad | una costra de sílice
en la pantalla blanca del desierto
…………antes de lanzar la bomba hubo que construir pequeños refugios alejados
escotillas diminutas para ver la nube que arrojó | entre llamas de plutonio
a doce kilómetros de altura | un pedazo del suelo
…………en otras pruebas nucleares se habían construido poblados falsos
fachadas de casas de diversos tamaños y materiales | sus techos y ventanas
los pilares por entre los cuales hipotéticos habitantes verían aproximarse
la onda expansiva | la piel volatilizada
…………estos pueblos eran construidos en terreno considerado inútil
extensiones de tierra seca y costurones de pampa
como si estuvieran de antes ya aparentemente devastados
…………un poco más allá de las última dunas empezaban a aparecer arbustos estribaciones de bosque esclerófilo allá | sobre la incipiente humedad
que inquietaba las venas presintiendo | caerían las últimas cenizas del impacto
…………la pintura corroída | las llagas a través del vidrio
y la silueta seca de un hongo
incrustada en la córnea