David Viñas ― Literatura de límites | por Juan Arabia

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Si algo queda claro en uno de los libros fundacionales de la crítica literaria latinoamericana, hablo de Literatura Argentina y Política de David Viñas (editado por vez primera hacia 1964), es la apertura y el planteo de un propio «proyecto» y «formación» contrafundacional.
«Proyecto» y «formación», entonces, pero en los términos que planteaba Raymond Williams para abordar dos entidades muchas veces separadas por la crítica: arte y sociedad, literatura y sociedad 1.
Porque, y lejos de la escolástica marxista, tanto la obra de Williams como la de Viñas encarnan esta contradicción fundamental que no es otra que el estudio y el análisis del arte y la literatura desde su encarnación concreta, es decir, desde su forma real y material: “La literatura argentina comienza como una violación (…). La emergencia de la literatura argentina se trenzaba así con los inaugurales conflictos de clase (…). La literatura argentina, en este contexto, se va justificando como la historia de un proyecto nacional2.
Allá por 1968, en una mesa redonda moderada por Salvador Bueno, cuyo propósito era el debate sobre “Literatura y Subdesarrollo”, Viñas hablaba de la abstracción teórica que encubría el término “contradicción fundamental entre proletariado y capitalismo”.
Porque para David, estas contradicciones sólo se verifican en la realidad, y una contradicción fundamental ―cuando se encarna― se transmuta en guerra. Y acá vale tanto hablar como de la guerra de Vietnam como de la censura del Martín Fierro (la primera parte) y el asesinato de Rodolfo Walsh.

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«Proyecto» y «formación», entonces, por un lado, y por otro el eterno e inagotable proyecto nacional. Se verifica esta contradicción en el exilio de David, en el asesinato de sus hijos, en su posterior rechazo a la beca guggenheim. Repliegue de una figura crítica y desmesurada, sí, pero no en una torre de marfil. Y muy lejos, claro está, del suicidio del escritor burgués. Viñas justifica sus últimos años de manera solitaria en el Café La Paz, subrayando y verificando la violación inaugural reproducida en la prensa oficial y dominante. Una cuarta figura sobresale en su contracanon del primer Martin Fierro, Arlt y Rodolfo Walsh: su propio cuerpo.
Del otro lado de esta corriente se encuentra la fundación mítica de la literatura argentina. Desde Belgrano, Alberdi y Sarmiento (y sus viajes coloniales, utilitarios y balzacianos) llegando a Lugones, Borges (“hay que pasear a Borges, mostrarlo en Harvard” 3) y Cortázar (“ni chicha ni limonada” 4). Literatura del repliegue, confirmación de un proyecto de clase. Cada uno con matices y contradicciones específicas, por supuesto, pero aceptados finalmente por la élite cultural.

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Lejos del repliegue: la huida del conflicto, lo tolerable. Y más adelante que eso, mucho más fuerte, la contradicción que se hace guerra: literatura de límites.
Viñas no desarrolla este concepto, apenas lo nombra en el apartado “Almafuerte y censuras, Barret y la versión anarquista”. Aunque lo justifica. Y justifica además su clara postura de negatividad.
Para David, el límite se ve acompañado de una censura. Cuanto mayor es la crítica y la radicalidad, mayor es su riesgo de sanción: “No hay demasiadas dudas: la oligarquía es tolerante cuando no pasa nada por más denuestos que se griten o rimen. Eso es literatura, sus hombres lo saben y su margen de condescendencia siempre fue correlativo a su índice de seguridad. Pero cuando esa literatura se radicaliza para convertirse, en una ‛literatura de límites’ y se conjuga con una praxis real, procede sin ceremonias: su policía asalta La Protesta y el primer Martín Fierro, impide por la censura el estreno de Los invertidos de Gonzáles Castillo o le aplica a Rafael Barret la Ley de Residencia” 5.
Por no hablar de Walsh, claro, y su “carta abierta a la junta militar”, cuyo límite es sancionado en secuestro y asesinato.
Los límites se verifican, entonces, en la praxis real y concreta, cuando se encarna una contradicción fundamental.

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Cuando Viñas escribe sobre Rodolfo Walsh, lo hace a partir de su propio cuerpo, introduciendo elementos cotidianos, rompiendo con el discurso ortodoxo y académico de la crítica literaria.
Una de las preocupaciones de David era la tolerancia que existe hacia todo tipo de literatura: “En este aspecto, toda literatura se tolera, porque toda literatura es burguesa y entra en el mercado”.
Habría que buscar, nos decía, otra que no lo sea: “Mientras no se politice la literatura. Planteamiento que muy poco tiene que ver con la tradicional “literatura social”: literatura política será la que se adhiera a lo político, la que ponga el cuerpo inscribiéndose en una forma política concreta”.
Estamos en los años 60, “la generación del Che”, y un poeta como Enrique Lihn, que viajaban como David y tantos otros a Cuba, comenzaba a escribir poemas políticos (hoy reunidos en La aparición de la virgen y otros poemas políticos [1963-1987]) con matices muy diferentes a lo panfletario, transparente y de previsible codificación de la tradicional “literatura social”. Especialmente, esta nueva poesía o contrapoesía puede verificarse en trabajos como “Palabras del hombre garrote” (1963), “Una cruz para Occidente” (1963), “Mesa del pobre” (1944) “Noticias de Cuba” (1966). Como si un clima social o atmosférico hubiera cambiado desde su encarnación, esto es, arte y sociedad, las distintas formas de distribución y apropiación de lo económico (y por tanto de lo cultural). Cuerpo de hombres ―como el de Enrique y David―, encarnando nuevas formas de experiencia y de vida. Como el de Francisco Urondo, asesinado en 1976, poeta que tenía bien en claro que el populismo no era un camino revolucionario 6.
Viñas avanzaba, en este sentido, hacia la búsqueda de otra literatura que no fuera burguesa. En primera instancia, una de sus propuestas atacaba directamente al “heroísmo creador” sobre la base de la disolución de sus productos entendidos como privados. Por decirlo de otra manera: promovía desparación del autor individual en pos de un equipo anónimo que absorba “héroes” y los límites de la propiedad privada. Algo parecido a lo realizado por Guevara y su propuesta de redactar la historia de la revolución por todos sus participantes.
Otra salida, conforme a un esfuerzo teórico en este mismo sentido: la de Víctor Rodríguez Núñez y su prólogo a la Antología de La poesía del siglo XX en Cuba.
Ahí Víctor, bajo los insumos de Mijail Bajtín y Raymond Williams, propone ―para explicar la poesía de Cuba― el caso de la poesía dialógica, “cuya base es la conciencia de la otredad, la decisión del autor de convertirse ‛en otro respecto de sí mismo como persona’ (…). El autor dialógico es consciente de que ‛[y]o no soy el héroe de mi propia vida’, y que la contemplación estética ―la creación conjunta con el lector, el otro del otro― es inmanente a la misma obra de arte” 7.
En relación con la poesía, Rodríguez Núñez señala que la vida interior carece de ritmo y que la forma lírica se aporta desde el exterior. Citando a Bajtín, concluye “No es la naturaleza indiferente la que canta en mí; esta expresión se hace poderosa (…) sólo en el coro de los otros (…) la voz puede cantar tan sólo en una atmósfera cálida, en la atmósfera de un posible apoyo por parte del coro, de una fundamental no soledad sonora” 8.

Notas

 

1 Raymond WILLIAMS, “El futuro de los estudios culturales”, La política de la modernidad. Traducción de Horacio Pons, Manantial, Buenos Aires p. 188.

2 David VIÑAS, Literatura argentina y política, Santiago Arcos, Buenos Aires, 2017, pp. 23-24.

3 Ver “Borges: desacreditar el mundo”, en David VIÑAS, op. cit. pp. 523-528.

4 Ver “Cortázar y la fundación mitológica de París”, en David VIÑAS, op. cit. 549-557.

5 David VIÑAS, op. cit., pp. 278-279.

6 Tal como describe Víctor Rodríguez Núñez en la edición crítica de la poesía de Francisco Urondo, publicada en 2006 por el Fondo Editorial Casa de las Américas, “Se trata de una poesía que niega tanto el realismo crítico burgués como el realismo socialista, que rechaza el monólogo épico de Pablo Neruda como modelo de escritura revolucionaria y asume, en cambio, un lirismo diálogo”.

7 Víctor RODRÍGUEZ NÚÑEZ, “Prólogo. La vía pública o La poesía dialógica en Cuba”, en Poesía Cubana, Antología esencial, Visor libros, 2011, p. 13.

8 Víctor RODRÍGUEZ NÚÑEZ, op. cit., p. 14.

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