Noche de epifanías | André Fontainas

La vida de André Fontainas (1865-1948) giró entre la Bruselas que lo vio nacer en 1865 y París, ciudad donde pasó parte de su infancia y adolescencia y en la que se instaló de forma definitiva en 1889 hasta su muerte en 1948.
Importante representante del simbolismo, y nexo entre los poetas belgas y franceses, publicó una decena de poemarios desde su debut con Les Vergers illusoires (Los vergeles ilusorios, 1892), así como una novela, dos libros de memorias (entre ellos uno sobre el simbolismo) y varios ensayos.

Noche de epifanías (extracto)

Partí,
partí en las tempestades y las marejadas
en los locos remolinos del viento y las olas,
Oh navío perdido bajo la tromba que arrolla
y tritura en montones de agua de las nubes
moliendo piedras y arena y cordeles de algas,
sufrí el rumor furioso de las olas,
el duro asalto de los crepúsculos futuros,
pero siempre en la proa y de pie en mi fe,
sereno miraba adelante a lo lejos
al otro lado de las negras brumas del horizonte
en vano espesas, en vano tantas. Mis ojos cerrados
veían sonreír en el fondo tempestuoso de las aguas
el valle evangélico
de donde puro ascenderé, lento y vestido de lino,
al radiante pórtico que abre en la roca sibilina
la maravillosa Basílica.

Y fueron tantas auroras, ocasos,
tantos días y noches por pequeños valles trágicos,
y la risa odiosa de las ciudades y los campos,
los señuelos de los caminos,
las emboscadas de las flores, las traiciones de las manos
embaucadoras y nostálgicas.
Y los he visto tanto, hombres, por fin, en sus ciudades,
que supe que las bestias que rondan
hocico en tierra o que reptan son menos viles
que ustedes, domadores en el cielo de los dioses de sus ciudades,
ídolos que son ustedes mismos, demacrados, crueles,
tortuosas deidades en obscenas callejuelas,
por mucho tiempo he amado más
los fríos glaciares en los que he pensado perecer
respirando apenas aún, inanimado,
o esos desiertos con sus ráfagas de arena
que me cegaban y cuyo látigo me hacía huir
siempre directo y hacia el sueño huidizo
de la Basílica de mi sueño.

Nuit d’épiphanies (extraits)

Je suis parti,
Je suis parti dans les tempêtes et les houles,
Dans les tourbillons fous des vagues et du vent,
O navire perdu sous la trombe qui roule
Et broie en paquets d’eau des nuages crevant
De pierres et de sable et de lanières d’algues,
J’ai subi la rumeur furieuse des vagues,
L’assaut lourd des crépuscules d’horizons,
Mais toujours à la proue et debout dans ma foi,
Serein je regardais au lointain devant moi
Par delà les noires brumes de l’horizon
En vain épaisses, en vain telles ; mes yeux clos
Voyaient sourire au fond tempétueux des flots
La valle évangélique
D’où pur je gravirai, lent et vêtu de lin,
Au porche radieux qu’ouvre au roc sibyllin
La merveilleux Basilique.

Et ce furent tant d’aurores, de couchants,
Tant de jours et de nuits par des vallons tragiques,
Et le rire odieux des villes et des champs,
Les leurres des chemins,
Les embûches des fleurs, les traîtrises des mains
Caresseuses et nostalgiques ;
Et je vous ai tant vus, hommes, enfin, dans vos villes ,
Que j’ai su que les bêtes qui rôdent
Mufle en terre ou qui rampent sont moins viles
Que vous, dresseurs au ciel des dieux de vos cités,
Idoles qui sont vous-mêmes, hâves, cruelles,
Tortueuses déités sur d’obscènes ruelles,
Longtemps j’ai mieux aimé
Les glaciers froids et clairs où j’ai pensé périr
A peine respirant encore, inanimé,
Ou ces déserts avec leurs rafales de sable
Qui m’aveuglaient et dont le fouet me faisait fuir
Tout droit toujours et vers le rêve insaisissable
De la Basilique de mon rêve.

Extraído de André FONTAINAS, Crépuscules, Société du Mercure de France, Paris, 1897. Presentación y traducción Mariano Rolando Andrade para Buenos Aires Poetry, 2018.