“Aguas con corrientes múltiples” • Poetas del Caribe colombiano nacidos en las décadas de los 80 y 90 • por William Jiménez • Parte II

AGUAS CON CORRIENTES MÚLTIPLES
POETAS DEL CARIBE COLOMBIANO NACIDOS EN LAS DÉCADAS DE LOS 80 Y 90 • Parte II

POR WILLIAM JIMÉNEZ¹

Creo que fue Cobo Borda quien dijo que la poesía colombiana se encontraba inédita, pienso más bien que se encuentra en la marginalidad, estado que ha sido sumida por las editoriales, y un círculo cerrado que han establecido los poetas del centro, en ese juego de elogios y aplausos recíprocos del panorama literario, de la juerga mediática, del contrabandeo de dádivas del poder, mejor dicho en la periferia de las regiones, como todo hecho político en este país; es allí donde la poesía que se escribe en los departamentos que conforman la región Caribe de Colombia (Atlántico, Bolívar, Cesar, Córdoba, La Guajira, Magdalena, San Andrés y Providencia y Sucre), configura un hecho político entre centro y margen, un radical encuentro de estéticas, recordemos a Verlaine :“El poeta como campo de disputa”, por eso toma relevancia esta selección de poetas nacidos en la década de los 80 y 90 para establecer una lectura insurrecta, cada uno lleva sus tradiciones acuestas (Culturales, musicales, poéticas, etc.) para no cantar la misma tonada, la misma sinfonía desgastada del poema como decoro, la misma pose anticuada, sino que sale del corral, y planta un lenguaje inédito que va más allá del lugar común como región de mar , sol y brisa, de la postal turística, sino en el fulgor del decir “las aguas con corrientes múltiples” como pensó Jacques Dupin.

Luiser Suárez Ospino

El Paso, Cesar, 1991. Poeta y narrador. Ha publicado el libro de poemas Vértice de oración (Terrear Ediciones, Colección Plaquetas de poesía, 2016).


II

En el silencio nace el llanto de la primera
boca. Todo niño se resiste al despertar. En
la apertura se busca el pico de la vida en el
misterio de los muertos y la huella de su
lamento sacro.
¿Hay lamentos de muertos y vivos?
Los sepulcros temen abrir la garganta del
sol.
La madre llora de dolor y amor. El presente
miente a prisa. La verdad extrémese los
secretos. El fuego no cesa de respirar y el
café despierta la madrugada.

III

Destella desmesura entre camas y sexo de
ebanistas. Pienso en el sinsentido de la
pasión o en la esterilidad de una mañana
desconectada de la noche. Ya quiero que
el tiempo se nos convierta en personaje
de nuestras pesadillas.

VI

Ya es tarde en este amanecer. Mañana
esperaré que la garganta del gallo se eleve
y me confiese su secreto: despertad, un
sueño se nos escapa y las hojas permanecen
en el filo de la verdad.

VIII

Es el reloj la necesidad de algo lejano, es
el sol que te mira y te cuestiona la piel,
y te reproduce el despertar en lo soñado.
Quiero pesadillas en tus manos estériles.
Estos ojos caen en lodos memorables
mientras busco el punto cero. Un silencio
en el calor y el color. Un espacio sin vacío
de todo. Un alto dimensional. Estancia.

XVI

Trataremos de morir luego de que se
defina el destino de los asilos para los
cobardes. Habrá que vivir una temporada
en todos, se nos habrá de pegar algo al
cuero, tal vez un sol, o un sombrero, o
una camisa de todos los colores. Lo ideal
es caminar vidas entre lumbres de vidas.

Ariana Molina Gómez.

Fonseca (La Guajira) en 1986. Poeta y escritora. Microbióloga. Ganadora del tercer puesto del Concurso Departamental de Poesía del Cesar con el poemario Naufragios en la Caverna y finalista del VII Concurso Departamental del Cesar de cuento corto, categoría adulto, con el cuento “Recordamient”o. Algunos de sus poemas han sido publicados en medios electrónicos y en publicaciones de revistas y libros de antología como: Libro Antología, Concurso Departamental de Poesía del Cesar. Libro Antología Literatura del Cesar, VII Concurso Departamental de Cuento Corto: Adultos y V Concurso Departamental de Cuento Corto: Juvenil, 2010; Revista Puesto de Combate, Entrega Especial, 2010; Libro Lo que mora cerca del origen, Antología del Encuentro Internacional de Mujeres Poetas, Cereté, 2013. Los siguientes poemas hacen parte de su libro de poemas Asidos en el destello.

ASIDOS EN EL DESTELLO

Nos asimos en el destello creando puentes ligeros, es necesario fundirse, disolverse en otras pieles con la esperada comunión del agua y el fuego. Entreguemos la incapacidad de lo soñado para oír las frecuencias ocultas. Hacemos parte de la fragmentación, construyamos la palabra que centralice el margen.

EL TIEMPO DE PARIR Y CONCEBIR

El aire comprimido invoca la sangre. Y avanza por los intersticios haciendo piedra el pensamiento que cae y se rompe. Los fragmentos vuelven a la oscuridad donde sólo la mano del árbol los hace cuerpo. Lo térreo anuncia que todo será cubierto bajo un poder acromático y aún allí estará la palabra combatiente. Iremos de cruzar un río de sal sin nada esperando al otro lado, es la consumación haciendo posible el nacimiento de la arena compacta. Fundemos el tiempo de parir y concebir, esa es la correspondencia.

EN EL TRASEGAR DE LO DEFORME

Cielo de agua, tan cercano, ondulante y sin reflejo muestra el círculo rojo, de quién escapas fugacidad, caminas, desapareces y vuelves allí, al tiempo de la sangre espesa. Vaivén salvaje de víscera, viento que la espera para la música final, la que no regresará a la tierra. Dentro crece la neurosis. Perplejo cae el coágulo de las palabras en un movimiento desaparecido. Imposibilidad del retorno de lo mismo. Sólo el trasegar de lo deforme.

RESPIRA AGUA

Las luminiscencias de la sangre materializan la desesperación, puerta de lo otro presencia lo indómito. En la historia de las coronas se encienden los réprobos. Vamos camino abajo sobre la telaraña de fuego, se advierte que la risa es el humo de la carne. De deformidad en deformidad la soberanía se ejerce en lo ficticio. Gira. La palabra asciende en el interior de la arteria. La ponzoña sigue su curso erosionando los sueños, descendiendo raíces en la locura. Respira agua, es la fuerza obstinada.

A LA DERIVA EN EL TÉRMINO

A la deriva en el término y aún no crece el viento. Amulada en la llama azul de la descomposición, las presencias se fugan al espacio sumergido y las manos estallan dejando cada trozo en lejanía. El cuerpo suspendido en el salto tiene un tiempo de agua para entrar a la choza que arde. Partir desde la tierra hacia la tierra en la maternidad del silencio, inundar el cuerpo perturbado ansiando un desbordamiento. Lento. En un instante de sol.

Norman Paba Zarante

Cartagena, Bolivar, 1985. Finalizó estudios en Literatura. Magíster en Escrituras Creativas de la Universidad Nacional de Colombia (Bogotá). Participó, entre otras, en la antología de poesía colombo-peruana En Tierras del Cóndor del Taller de Edición Rocca, Antología Múltiple III Luna Nueva (Diecinueve miradas a la poesía colombiana), La Casa Sin Sosiego La violencia y los Poetas Colombianos del Siglo XX. Algunos de sus poemas han sido traducidos al francés, inglés e italiano. Colaborador de la editorial Piedra de Toque Poesía Ambulante. Dirigió y dictó el taller de creación y apreciación en poesía Ruido Ciego para la Dirección de Museos y Patrimonio Cultural de la Universidad Nacional de Colombia y el taller de Escritura Creativa Oficio Mayor para el Museo de Arte de Pereira. Ganador en el año 2017 de la convocatoria de Idartes Residencias Artísticas en Bloque Ciudad de Bogotá con el proyecto Habitar el Relámpago (Fundación Poética de Espacios No Convencionales). Su libro de poemas La Noche Incinerada se encuentra en proceso de publicación con editorial Babilonia. Ha publicado la plaquette Habitar el Relámpago.

Suma

Ser un violento ángel de Caravaggio
visión narcótica de la Gracia.
Ser la pantalla borrosa de un cine pornográfico.
Ser el amante baleado a media noche
gacela herida en la tela del sueño.
Ser la calma anterior,
el jardín cercado por las llamas,
una ciudad aplastada por la artillería de dioses enemigos.
Ser Chet Baker, un diamante tallado y robado en Oklahoma,
delirio de trompetas volando entre lujosos hoteles
y la muerte.
Ser un monje salvaje en perpetuo éxtasis
adusta serenidad sobre el lomo curvado del relámpago.
Ser la fuga, la lluvia, un fuego de hojas secas.
Ser
el más hermoso cuchillo
clavado en el corazón del mundo.

Dieta

Come toda la luz que puedas antes del desayuno.
Si tienes ansiedad
cálmala con cerveza
y espera, pero sé precavido
el tiempo es un cazador ciego.
Al almuerzo
traga países como manzanas, continentes completos.
Y toma tu intemperie y viértele mares y ríos y duras calles.
Repite esta rutina como respirar,
siempre cuida tu espalda,
nunca confíes completamente en nadie.
Al cabo de no pocos años
habrás ganado un alma de lluvia,
inundarás las calles, regarás las cosechas,
te rebasarás y escaparás de ti mismo.
Y tu casa será la soledad, allí aprenderás a amar.
Y te hallarás libre y completo
porque no ardiste lentamente hasta desaparecer
como todo lo que alguna vez ha vivido en este mundo.

Tu camino es otro:
Un beso prolongado. Una ruta salvaje entre las estrellas.

Calma

Lanzarse a las vías de un tren que no existe
en una ciudad bombardeada y olvidada en el sueño.
Vivir en los libros, en la pantalla de un cine,
en minúsculas habitaciones donde solo palpita
tu respiración de puro fragor,
pulso de ruinas doradas
bajo el ojo salvaje del amanecer.
Bailar con cuchillos
mientras las ambulancias rugen y el mundo ruge
y la tranquila apariencia de las grietas
es la única música posible.
Derrochar todo dinero en cerveza y cocaína,
y una angustia tan bella
como para huir travestido en aerolitos de furiosa carne.
Jugar con las ilusiones perdidas hace tanto tiempo,
una tarde de agosto,
cuando atravesábamos la avenida Santander
en un viejo Mazda
y tú mirabas a través del parabrisas
a las gaviotas sobrevolando como diosas del destierro
la orilla del mar,
y yo pensaba que podíamos estar allí
en la carretera, para siempre, amándonos.

Visión de San Victorino

A la manera de Hieronymus Bosch

Niños visionarios arrojados a la hoguera
y viejos toxicómanos destruidos
ofreciendo sus llagas a tambaleantes ángeles del vértigo
detectives del fulgor
que ofrecieron su mente en sacrificio
para despertar tan solo a los tres días
con oro en sus libretas
y la certeza de un nuevo astro
alumbrando el material cambiante de la furia.
Suicidas de cristal paranoico estallando
la calma sorda de las avenidas.
Siniestros productores pornográficos
ejercitando carne podrida
desde el doceavo piso de una pesadilla
con gabanes de cuero sintético y paredes cubiertas en plástico.
Pederastas constelados de horror
cuyos dientes
como los dientes de una cantante muerta
resplandecen en teatros y azoteas.
Putas vestidas de un rojo violento
inestables traficantes de Mini Uzis
enseñando que la belleza sucede
a una cadencia de 950 disparos por minuto.

Dormir

Dormir en sofás endurecidos por el frío.
Dormir en callejones, en puentes, en plazas,
mientras las ratas bailan un vals con tu hambre.
Dormir
con toxicómanas violentas aullando de emoción
ante la posibilidad de una nueva dosis.
Dormir, perseguido por las jaurías del amor,
en un Cadillac dios de óxido y ruido.
Dormir con las luces encendidas por miedo al fin del mundo.
Dormir en habitaciones destruidas por la fiesta,
en trincheras, en cráteres salvajes.
Dormir borracho y despertar en medio de un hospital
ciego de golpes.
Dormir enfermo en el altillo del apartamento 2 0 2
5 gatos furtivos y la amistad más generosa
desplegándose.
Dormir esposado en estaciones de policía, dormir en bibliotecas,
en taxis que regresan a ningún lugar.
Dormir en moteles del desierto
donde la certeza de la inminente y estruendosa derrota
seduce a mi desesperación.
Dormir
en ese único avión
que cae en medio del infierno.
Dormir con Angélica, su cuerpo perfecto de 1 metro 79
cuchillo de luz que parte el aire, parte la madrugada
irrumpiendo como milagro,
breve tigre de Kafka, fogata alucinada.
Dormir
arrullado por el resplandor de las bengalas,
en altamar,
escuchando la conversación subterránea de todas las cosas vivas.

Juan Vicente Medina Cuentas

(Tolú, Colombia, 3 de octubre de 1982). Abogado (Universidad de San Buenaventura), especialista en Derecho Público (Universidad del Norte) y magíster en Derechos Humanos y Democratización (Universidad Externado de Colombia). Con la colaboración de unos amigos funda en el año 2004 el pliego literario El Capote. Miembro del grupo Anfiteatro de la ciudad de Cartagena. Primer puesto del concurso de poesía de la Universidad de San Buenaventura, 2005. Primer puesto compartido del concurso de poesía Terceros juegos florarles de Sincelejo, 2005. Ha sido asesor en Memoria Histórica, DDR y Reparación Simbólica. Actualmente se desempeña como profesor universitario. En el 2006 publicó el libro Dicha del musgaño (Poesía, Ediciones Anfiteatro). Tiene inédito el libro ¿Qué se hicieron los perros salvajes? (Cuentos). Reside en Sincelejo, Colombia.

LA ASCENCIÓN DEL VAGABUNDO

Asciendo a la región del frío. Allí la pureza se oculta.
Soy una ventana condenada que ya nada espera.
Dame señora del frío una espada que afile los besos
y libere las mariposas abandonadas dentro de los espejos.
Dame señora del frío una guitarra, una mano mutilada,
que devuelvan a mi rostro las formas del asombro.
Asciendo a la región del frío, como el vagabundo
que entra en una casa desconocida a recoger sus zapatos.

TOLÚ, 1990

Hila la luz los silenciosos temblores del patio.
Un caballete, una desolada cama de lona,
como últimas efigies de un antiguo fresco
que cada siglo envenena a un pintor.
Permanece la algarabía de los niños
encadenada a la puerta del salón,
la atolondrada saliva rodando por el suelo,
puliendo el brillo de las hojas de sábila.
El sol tatúa sobre la mano de mi hijo Ernesto
un abismo ciego,
una procesión de rostros desgastados.
Barre el patio de escuela una vieja desdentada.
Harto de vino y luna Li-po pende del almendro
sosteniendo entre los dedos del pie libre
una mariposa ebria,
dudosa entre la tostada lengua del vino y sus alas.

VUELVO

Vuelvo al jorobado árbol de mango de los once años
levantado sobre aguas rosadas
donde velan su tedio los juguetes.
Mi abuela pasa lista
a las empobrecidas muecas de sus muertos.
Vuelvo a abrir la puerta falsa de mi casa,
todavía de luto la noche,
y como una lechuza ebria
cruza el patio el pardo horror que ya somos.

SONATA POR LA MUERTE DE UN IRAQUÍ

Ha muerto. Adosada la cabeza contra un muro de Bagdad.
En vano mis manos simulan las paredes de una cueva,
en vano a los delgados velos de la lluvia
entrego la inocencia de un perro. Nada podría hacer.
Ni reírme del traje azul que lleva ni del poco de tierra
que han acumulado sus dedos,
ni dolerme de la mueca que otra noche aparecerá en mi rostro.

CANTIGA PARA CATALINA

Por la terrible manía de enjabonar mis manos
después de que fumo, me ahorco o copulo;
por tener un ombligo más ancho que mis virtudes,
por haber nacido dormido,
por amar a dos Catalinas en un solo cuerpo,
por cargar unos ojos resecos y alancear con ellos
los murciélagos de escarcha que sostienen la noche;
quiero entrar en la muerte con los ojos bien abiertos,
como pidiera al joven Marcos el divino Adriano.

¹  William Jiménez es un poeta nacido en Valledupar (Colombia) en 1988. Ha publicado en Yuluka-poetas de Valledupar (Colección Los Conjurados, Común Presencia Editores, Bogotá, 2010), épica de la sangre (Frailejón Editores Medellín, 2013) y Lo desnudo del volcán (Colección Claros del bosque, Terrear Ediciones, Valledupar, 2016). Es coordinador editorial de Terrear Ediciones, la cual contiene las colecciones de poesía: Claros del bosque y Plaquetas de poesía y la colección de narrativa: Errancia. Ha participado en diversos encuentros y festivales de poesía a nivel nacional y de la región caribe colombiana. Su último libro, Tormenta de Fiebre, fue publicado por Buenos Aires Poetry en la colección Pippa Passes (2018).