12 Poetas Mexicanos Actuales| Eduardo Serdio [2]

Eduardo Serdio. Poeta nacido en marzo de 1994. Es estudiante de Lengua y Literaturas Hispánicas en la Universidad Nacional Autónoma de México. Ha impartido talleres de creación literaria en el ámbito juvenil e infantil en Mostrarte a México A.C. Es miembro fundador del taller literario De-lirio que actualmente se ejecuta en la Facultad de Estudios Superiores “Acatlán”. Se desempeña como crítico y editor en la revista homónima.

La grieta

Desde todos los puntos
de esta ciudad indómita
podemos observar
la grieta.

Es una fisura en el concreto
una caída de ángeles soberbios,
parece que no está
pero existe
y hasta el niño más ingenuo se da cuenta.

Tratamos de habar de economía
de los veinte pesos que alcanzó el dólar
No es fácil sacar un país a flote
-dicen los reptiles saqueadores-
hemos trabajado en el progreso.
Pero el país dice cosas muy distintas,
el país estalla y se fragmenta,
huelen las calles a hierro y a navaja
a ratas, a sangre con esquirlas,
impuestos, hambre, miseria,
dinero como agua removida,
inflación, apatía;
huelen las calles a rupturas,
a fisuras que nos crecen desde adentro,
a la sociedad desquebrajada sin valores.
Basta con mirar el suelo que pisamos
para ver que en el concreto de esta ciudad
se nota más,
nos hiere más,
nos lastima más:
la grieta.

Un simple poema

I

Que abrupto es entrar en un poema
diciendo: me duele el hígado;
yo nunca pensé escribir algo así,
pero de’veras me duele
y algo tan trivial como la enfermedad
la rutina o el cansancio
también son puertas de poesía.

Las obras son como nuestros hijos
-lo decía Cervantes-
por eso a mí me hubiera gustado
llenar ésta de cisnes en el lenguaje,
cortar los versos de tal forma
que la diosa de flujo se viera absorta
por el ritmo de las sílabas mecidas.
Es cierto, el poema se hace con palabras,
pero también es cierto que abundan los poemas sin poesía
y la poesía no está en el conteo presuroso
ni las rimas, ni en formas posmodernas.
La poesía está en algo tan trivial
como la enfermedad, la rutina,
o el cansancio.

II

Hasta que empezó a dolerme el hígado
pude darme cuenta de que existía,
y que algo tan simple
podía ser más importante que cualquier cosa.
Lo mismo me pasó con las flores
los libros, los perros, las nubes
y dos o tres novias de la adolescencia.

Las flores y los perros me producían alergia,
los libros me los escondían mis padres
por leer en la madrugada,
y las nubes me recuerdan a mi infancia que
como las novias
se ha ido
para siempre.

Debe haber memoria entre nosotros

Debe haber memoria entre nosotros,
ella me hace saber de la infancia por tus labios
y de tus senos adolescentes por mi boca,
quizá ella me entera del mundo
que te habita y que me habita
y que nos vive en las entrañas.

Debe haber otra memoria entre nosotros
y te lo digo
como quien contempla las hojas ya caídas,
los versos escritos hace doscientos años,
la calma y el sosiego del juego interminable.

No podemos callar,
somos la misma sal de hace siglos,
llevas un océano en tus hombros,
mil mares por tus pensamientos.
Un buque de vapor ha cruzado tu mirada.

Debe haber memoria entre nosotros
dormida en nuestra carne o nuestros besos.

Es hora de emprender el viaje por el tiempo,
haz que florezca entre nosotros un lenguaje nuevo
despertemos la memoria para vislumbrar los mundos,
todos los mundos posibles
más allá de la palabra escrita
refugio de los hombres y el olvido.

U’ Ejathal alabel¹

¿Cómo no ver dentro de ti mismo cuando estás frente a un camino que parece hablarte? Es claro, así fue como quedé cautivado por Tierra Santa.

Tierra Santa, amigos míos, no es una mujer, ni una región, ni un camino, ni una metáfora de la vida o la muerte. Tierra Santa es sencillamente una estrella.
Me gustaría poder decirles que es visible desde la América septentrional en invierno o verano, entre alguna constelación u otra; pero no, para ver a Tierra Santa se necesita mucho más que sólo números y telescopios.
Yo la sentí un día, más bien una noche, allá por la Huasteca Potosina. Había sido un viaje tan cansado que yo iba casi descalzo y la travesía me exigió deshacerme del exceso de equipaje. Fue entonces, en el mero Tamasopo, donde el sonido de las aguas parece latir, que recordé palabras de Eclesiastés: “Vanidad de vanidades”. Acto seguido me quité la ropa para estar desnudo, y en el nido de la selva, con sus tres mil tonos esmeralda, me hinqué a rezar un Padrenuestro que me hizo llorar como aquel que ha sido besado por las aguas de río Jordán. Entonces, levanté el rostro y estaba ella. Tierra Santa secó mis lágrimas, y recordándome a un poeta chileno dijo: “Estoy aquí, mi perro romántico, y aquí me voy a quedar”.
Inútil será describirles cómo le hice el amor aquella noche, pues ningún lirio blanco, por hermoso que sea, podrá ser comparado con la languidez y el tono de sus piernas; ningún potro desbocado, por furioso que esté, podrá ser utilizado como símil para asemejar el vigor del serpenteo de su cuerpo.
La noche extendió sus brazos sobre nuestros cuerpos enlazados y desnudos. Los mangos voyeristas se asomaban en la ventana para vernos recorrer el continente a sueños, los montes a semen, las llanuras a sangre. Tierra Santa ya no sólo era una estrella, era una furia, una tormenta de marzo, un huracán inmóvil, una marea que no cesa en su vaivén; pero también era una niña que en la noche callaba, era un día de pesca con mi padre, era tiempo de meditación en silencios de belleza. Entonces comprendí, amigos míos, que Tierra Santa era una mujer, una región, un camino, y una metáfora de la vida y la muerte.

¹ Tének: Mi alma bella

Égloga I

A Garcilaso de la Vega

Igual la pluma pesa que’l arado,
igual la pluma pesa, mi Señor,
dolores y quebrantos me ha costado
nacer de la palabra y ser pastor,
mas padre nuestro que’stás en los cielos
¿Por qué es tan doloroso dar amor?
Opté por la riqueza del anhelo
y la del cuerpo siempre desdeñé
opté por la riqueza de tu cielo
y en versos comprendí lo que’s la fe
cogiendo mi labor quedome solo
mas siempre a ti mi vida yo entregué,
no dejes que mi canto cante solo
observa a tu guerrero ya vencido
que Venus como a Marte vence a Apolo
no quiero de Sabrina ser olvido.

Que sepa de su origen todo hombre
Y que Atenea envidie su linaje
¿Habrá mujer hermosa que no asombre
y al hombre no lo exhorte con coraje?
Del río Savern, ninfa fue nacida,
le dio su nombre el agua más salvaje
le dio su nombre el agua más la vida
por eso no hay gallardo que la vea
sin que produzca en él profunda herida,
salvaje y mítica es cual semidea,
peligro es su belleza femenina,
mayor que la de aquella Galatea,
que en el pastor Salicio grave ruina
causó con sus bellos ojos de dolores,
pues muerto a mí condena hoy Sabrina
por haber nacido en casa de pastores.

De nada sirve el sueño, padre mío
que otorgas a mis manos de tortura
¿Será que estoy cansado de ser río,
De disolverme siempre con natura?
¿Será que no sabía los dolores
al pretender tener un alma pura?
¿Será que no sabía los dolores
que tus divinas causas dado han?
¿Será que no sabía que pastores
de soledades vienen y a ellas van?
No quiero que contestes de mi duelo
la causa, ni si a mí amor darán,
no quiero que le brindes a mi vuelo
las alas, ni me quites el dolor,
mas padre nuestro que’stás en los cielos
¿Por qué es tan doloroso dar amor?

Palabras a sal

Palabras al magma
Palabras al mar
Palabras saladas
aladas a amar

Palabras saladas
saladas a mar
palabras la llama
la llama a cantar

Cantar a las hadas
las hadas calmar
tramar las palabras
palabras plasmar

palabras las almas
las almas palpar
tragar las palabras
palabras a mar.


SECCIÓN PREPARADA POR FERNANDO SALAZAR TORRES PARA BUENOS AIRES POETRY, 2018 | 12 POETAS MEXICANOS ACTUALES | Eduardo Serdio [2]