Bus al norte | Juan Santander Leal

Juan Santander Leal (Copiapó, 1984). Ha publicado Allí estás (2009), Cuarzo (2012) y Agujas (2015), todos ellos reunidos en versiones revisadas en La destrucción del mundo interior (Overol, 2015) y la plaquette Nueve Lugares (2017). Textos suyos aparecen en el libro Memoria poética. Reescrituras de la Araucana (2010). Por Hijos únicos recibió el Premio Mejores Obras Literarias (MOL), categoría poesía publicada, 2017.

De “Hijos únicos” 2016

SOBRENOMBRE

Anochece. Las palmeras limpian
sus hojas sin que nadie las vea,
las aves públicas buscan comida,
los perros pronuncian fuerte la U.

Las manos con olor a naranja
se esconden. Anochece, los cerros
son suaves como nudillos de arena
y hay una tos que agita la neblina.

El frío cubre una hilera de cactus
como un sobrenombre humillante,
la lluvia trata de caer por aquí
pero no tiene fuerza para hacerlo.

Las hortensias azules hacen nubes
y mueren. Los eucaliptos botan
sus campanas, los niños las recogen.
A mí me sale sangre de narices.

BUS AL NORTE

Cae la noche y cae mi cabeza
directo en tu hombro izquierdo,
así tratamos de dormir en el bus
y ambos acostados formamos

un valle con poquísima agricultura:
olivos y almácigos de cebolla
como manos verdes en el patio
de una casa donde ya no vive nadie.

Cierras los ojos, estiras la trompa,
y me dices que estás aburrida.
Afuera hay viñedos secos y una luna
que nos espera para congelarnos.

Yo pongo una mano en tu pecho,
justo delante de la división
entre lo que voy a recordar de ti
y lo que voy a tener que olvidar.

De “Cuarzo” 2012

Hay analgésicos
como huevos de insecto en el velador.
Las heridas ablandan su conducta
como un niño que recibe lo pedido.
Tramas, jalea, cortinas recogidas
por olas vestidas de visita.
Los triángulos que al caminar dejan las aves,
la extraña artesanía
que comienza en la espalda
de quien se levanta después de un mes.
Las campanas se han puesto quebradizas
y a las frazadas el sol ya no les quita el olor.
Los pacientes
olvidan el camino a sus camas,
esperan que la cera los cubra del frío.

Inédito

Querida levadura del mundo:
que la boca del invierno
murmure una noche calurosa,
las raíces que abran el cemento
y un pasillo respire cerca mío.
Que el ruido del maíz cayendo al saco
a veces me distraiga de mis nervios
y que el viento se confunda de dialecto
cuando vuelva a dirigirme la palabra.
Que ningún sentimiento amanezca en su casa.


COLABORACIÓN ENVIADA POR RODRIGO ARRIAGADA-ZUBIETA | BUENOS AIRES POETRY, 2018.