12 poetas mexicanos actuales | Carlos Sánchez Emir [3]

Carlos Sánchez Emir (Ciudad de México, 1998). Ha sido becario, un par de ocasiones (noveno y décimo, respectivamente), en el Curso de Creación Literaria para jóvenes de la Fundación para las Letras Mexicanas y la Universidad Veracruzana y, de igual manera, becario del Festival Cultural Interfaz ISSSTE-Cultura/Los Signos en Rotación. Actualmente es estudiante de Lengua y Literaturas Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Textos suyos aparecen en revistas digitales como Letralia, Página Salmón, Círculo de Poesía y Primera Página. Forma parte del “Taller literario Igitur” y del proyecto “Crítica y Pensamiento en México”. Cultiva la poesía.

Sueños

En sueños entran a lujosos restaurantes
donde una multitud les aplaude
su más grande y nuevo éxito.
¿Cuál éxito? Ellos lo ignoran
y no importa. Agradecen.
Amigos, hermanos míos, no los despertemos,
no hagamos ya más ruido
para que no amanezcan tan temprano
a la pesadilla de ser los de siempre;
los que miran los sueños correr
más deprisa, en el desayuno,
y muerden amargamente el pan de cada día
como protesta contra sí mismos.

Otra vez Dafne

Por razones divinas, humanas y naturales
el amor puede ser un árbol
deshojándose de tristeza. Explico:
En otro tiempo un dios volaba
con un grupo de íntimas enamoradas detrás,
pero él sólo amaba a una mujer
que también era árbol. Sin embargo,
esa mujer ya no era mujer
y sólo era un árbol.
Esto no tiene gran importancia,
hasta que un día la mano misteriosa de un dios
hace que te enamores de golpe
de un rostro que no verás más,
y andarás cargando ese rostro en la memoria
como un inútil saco de tierra sobre el hombro,
y ya sólo pensarás que el amor
es un árbol deshojándose
y nada más.

Perras

No entienden de regaños
cuando el amor las enciende.
Ellas se desbordan de amor.
Las garras y las puntas de los pelos
aman con ellas.
No escuchan a nadie,
son presa de algo más hondo,
no temen ni al palo de escoba,
incluso buscan al palo de escoba
o cualquier otro fálico objeto
donde puedan entregar
todo su impaciente amor.

Caninos

De inflamables tristezas están
abastecidos los perros,
de duros ácidos que golpean sus vientres
hasta provocar, en ellos, el aullido.
Los perros están
llenos de sí mismos; es decir,
están al borde de las lágrimas.

Origami

A ver, hay hombres que a charcos lloran,
y niños que juegan en esos charcos
con un empapelado barquito
y, aunque no lo parezca, aquel
íntimo barco de papel agradece,
mientras danza en las horas del agua,
a los hombres su tristeza.

Vejez

Entra en el carro de metro a su lugar de solo.
Los viejos tienen su lugar ahí.
El viejo se pregunta: ¿qué fue del mundo?
Recuerda su primer pelo caído,
piensa en el destino de aquel pelo,
pero, ¿cuál es el destino de aquel viejo solo?
Al carro esto nada le importa.
Mañana, es seguro, el viejo
acomodará sus huesitos en cualquier tumba.
Mañana, otro viejo ocupará
ese lugar de solo. El carro continuará el viaje
en representación de aquello
que llamamos vida.

Cuarto de espejos

Todo espejos en la habitación,
un mundo de lastimosas envolturas:
aquella mujer fríamente hermosa
es sólo una sombra de lo más amarga.
¿Y qué es la muerte?, me pregunto.
Quizá la muerte son espejos
reventándose poco a poco hasta dejar
al puro marco en maderas y aire.

Y a todo esto:
¿Será verdad que los espejos rotos
traen mala suerte?
Espero que no,
porque durante cien espejos
he quebrado mis años.

A la conquista del otro

Delante de este mundo
hay otro mundo, pero con otras caras.

Este mundo es nuestro;
el otro, aquel sin nombre,
todavía no tiene nuestros respiros.

Afortunadamente ese mundo
es inconquistable;
porque un hombre no puede dominar
a quien está del otro lado del espejo.

La resistencia del hueso

Se ahogó el único aliento
que todavía no era cadáver,
y con un temblor de rodillas y manos
se agrietó el rostro de la tierra.

¿Y qué pasó con el hueso?
Me contaron que venció a la carne
y que se acabaron las viejas pretensiones,
pues ahora el único sustento de la vanidad
será ya cuestión del número
de gusanos en los ojos.

El traje adecuado

Ir a la sastrería y que te confeccionen
un traje para la ocasión más especial;
o, aún mejor, ir a la plaza
llena de caras artificiosas
y comprar un traje
que siempre esté a la justa medida.

Y comprar un traje
que sea cálido con tus huesos,
un sano y gozoso
alimento para los gusanos,
aquellos que te acompañarán
hasta el final de tu muerte,

si es que la muerte
tiene algún final.

Jaulas

Todo este lugar está lleno de tigre,
nada es permisible en este sitio.

Somos los únicos habitantes de su jaula,
somos, al fin, su fiel presa.
Somos aquello que lo hace ver
como un ser superior
a los otros seres.

Todo este lugar está lleno de tigre,
y la memoria nos inventa
que en otro tiempo
los papeles fueron distintos.

El gran zarpazo
quiebra la memoria.

El pequeño mantel

Tener hambre es como tenazas,
es como muerden los cangrejos,
quema, quema y no tiene fuego:
el hambre es un incendio frío.
Pablo Neruda

La mesa está bocarriba
así que hoy no habrá alimentos,
las cucharas están pálidas y entiendo:
su inutilidad proviene de cóncavos problemas.

Pienso, hay ratoncillos
con sombreros y sacos
que comerán las sobras
del cadáver de un espíritu hambriento;
y pienso, ellos tendrán que compartir
esas sobras con hormigas y cucarachas,
mientras sus cobijas tengan agujeros
tan profundos como un grito.

Sin embargo, hay gentes poniendo
las mesas bocarriba
todas las mañanas, aunque
a uno sólo le toque masticar
el tiempo que no sobra.

Prefantasma por voluntad

A Oscar Hahn

Podrías dar nuevos nombres a las calles,
marcar con olvidados números
las fechas en que los tristes
dieron su primer beso, el único.
Pero te escondes en sabanas y toallas,
en las alcobas de bellísimas mujeres
con tobillos de íntima copa;
y de pronto, espías a la muerte
acariciando los senos de la vida.

Podrías murmurar con tus piernas
el sentido más antiguo del placer,
pero preferiste morir
antes de haber nacido.


SECCIÓN PREPARADA POR FERNANDO SALAZAR TORRES PARA BUENOS AIRES POETRY, 2018 | 12 POETAS MEXICANOS ACTUALES | Eduardo Sánchez Emir [3]