Elogio de los alucinógenos | Raúl Gómez Jattin

La obra de Gómez Jattin —que hace tambalear el andamiaje crítico con que se ha intentado explicar su generación y, en general, la poesía colombiana de finales del siglo XX—comprende: Poemas (1980); Tríptico cereteano: Retratos, Amanecer en el valle del Sinú y Del amor (1988); Hijos del tiempo (1992); y Esplendor de la mariposa (1993). Hay tres retrospectivas de su quehacer: Antología poética (1991), Poesía: 1980-1989 (1995), y Amanecer en el Valle del Sinú (2004). Este último volumen incluye los poemas que creó en los últimos momentos de su vida, bajo el título de El libro de la locura.

Como señala Rafael del Castillo Matamoros, Gómez Jattin retoma “instancias vitales que habían sido proscritas en aras de la […] ‘felicidad poética’”, destruye “los límites entre la experiencia poética y la experiencia cotidiana”, y recurre a un lenguaje “desenfadadamente humano: vigoroso, desnudo, preciso”. Quizás se trate, en fin, de una “actitud [demasiado] radical”, de “una crítica a las convenciones retóricas y temáticas existentes”, de “una lucidez que implica deshacernos por un momento de toda camisa de fuerza”, elementos difícilmente canonizables.

 

Elogio de los alucinógenos

Del hongo stropharia y su herida mortal
derivó mi alma una locura alucinada
de entregarle a mis palabras de siempre
todo el sentido decisivo de la plena vida
Decir mi soledad y sus motivos sin amargura
Acercarme a esa mula vieja de mi angustia
y sacarle de la boca todo el fervor posible
toda su babaza y estrangularla lenta
con poemas anudados por la desolación
De la interminable edad adolescente
otorgada por la cannabis sativa diré
un elogio diferente Su mal es menos bello
Pero hay imágenes en mi escritura
que volvieron gracias a su embrujo enfermizo
Ciertos amores regresaron investidos de fulgor
eterno Algunos pasajes de mi niñez volcaron
su intacta lumbre en el papel Desengaños
de siempre me mostraron sus vísceras
Hay quien confía para la vida en el arte
en la frialdad inteligente de sus razonamientos
Yo voy de lágrima en lágrima prosternado
Acumulando sílabas dolorosas que no nieguen
la risa Que la reafirmen en su cierta posibilidad
de descanso del alma No de su letargo
Voy de hospital en cárcel en conocidos inhóspitos
como ellos Almas con cara de hipodérmica
y lecho de caridad Entregándole mi compañía
a cambio de un hueso infame de alimento
Toda esa gran vida a los alucinógenos debo
La delicadeza de un alma no está casi
en los que se apropia Sino en el desprecio de ese estorbo
sangriento cual banquete de Tiestes
que la opulencia inconsciente ofrece vana y fútil

Pájaro

En la clínica mental vivo
un pedazo de mi vida.
Allí me levanto con el sol
y entre tanto escribo
mi dolor y mi angustia.
Sin angustias ni dolores
ataraxia del espíritu
en que mi corazón
como una mariposa
brilla con la luz
y se opaca como un pájaro
al darse cuenta
de los barrotes que lo encierran.

Conjuro

Los habitantes de mi aldea
dicen que soy un hombre
despreciable y peligroso
Y no andan muy equivocados
Despreciable y Peligroso
Eso ha hecho de mí la poesía y el amor
Señores habitantes
Tranquilos
que sólo a mí
suelo hacer daño