Algernon C. Swinburne (Parte I) | por Luis Cernuda

La CONVENCIÓN VICTORIANA de que toda representación de la vida debía ser tal como se pensaba que ésta fuera, y no tal como en realidad era, halla uno de sus primeros rebeldes en Algernon C. Swinburne (1837-1909). Dicha rebeldía surge, paradójicamente, en un poeta que por su nacimiento pertenecía a la aristocracia (su padre, el almirante Charles Swinburne; su madre, Lady Jane Ashburnham), de lo cual él mismo era el primero en congratularse: “Nací entre la clase aristocrática, accidente que comparto con Byron y Shelley, los otros dos únicos poetas ingleses, surgidos en estas generaciones últimas, que tuvieron fe en los pueblos republicanos y en la libertad”. Así escribe a Giuseppe Chiarini en 1872. Es verdad que ese republicanismo, así como su antipatía a las restricciones y su gusto por ciertos ejercicios violentos, pudo heredarlo de Sir John Swinburne, el abuelo paterno.

Aunque nacido en Londres, su niñez la pasa en el campo y cerca del mar, ya en la casa de sus padres, East Den, Bonchurch, isla de Wight, ya en la de Sir John Swinburne; Capheaton, Northumberland: “En cuanto al mar, su sal debió estar en mi sangre antes de que yo naciese. No recuerdo gozo mayor que el de sentirme desnudo en brazos de mi abuelo, blandido por sus manos y luego arrojado, como piedra por la honda, gritando y riendo a través del aire de cabeza en la ola creciente … Recuerdo haber tenido miedo a otras cosas pero al mar nunca.” El futuro antiteísta se educa, “casi como católico”, en la religión familiar, que era de la fracción high church anglicana, influida por el Oxford Movement y partidiaria de Keble y Newan (antes de que éste se convirtiera a la iglesia de Roma), acostumbrado a la lectura de la Biblia, cuyo conocimiento conservará hasta el fin de su vida, y reconocido a tal costumbre que le inició en la hermosura del lenguaje.

Ante la inteligencia del niño y su afán de saber, la madre (educada en Florencia) le enseña italiano y francés. Durante una excursión familiar a la región de los lagos, le llevan a visitar a Wordsworth, quien al morir seis meses después, según dirá luego Swinburne, “nubló para él el sol de abril”.

En 1849 entra en Eton. Un compañero suyo allí, Lord Redesdale, traza este retrato del poeta a los doce años: “Qué criatura tan frágil parecía … Era extremadamente pequeño, de miembros menudos y delicados; los hombros; caídos parecían demasiado débiles para sostener la gran cabeza, cuyo tamaño exageraba una masa de pelo colorado … Sus facciones eran menudas y hermosas, tan finamente esculpidas como las de la obra maestra de un escultor griego. Su cutis era muy blanco, pero no enfermizo, sino de una transparencia teñida con blanco.” Cuatro años y medio dura su estancia en el colegio, que deja sin graduarse, aunque siempre lo recordará con afecto, como muestra su Commemoration Ode de 1891.

Sus lecturas infantiles se orientaban hacia el drama. Cuando años más tarde, estando en la biblioteca de su biógrafo Sir Edmund Gosse, halla un ejemplar de los Specimens of the English Dramatic Poets, de Charles Lamb, le dice: “Ese libro me enseñó más que otro alguno en el mundo; ése y la Biblia.” En Eton lee a Shakespeare, Marlowe, Ben Johnson, Ford, Massinger, Beaumont y Fletcher, así como otros dramaturgos de los siglos XVI y XVII; sin descuidar a los poetas líricos, clásicos y modernos, descubriendo entre los últimos “con placer inexplicable y una especie de ciego alivio” a Walter Savage Landor, a quien durante toda su vida dedica aquella adoración que libertaba su necesidad de postrarse y humillarse ante alguien. Así que el instinto de rebeldía va equilibrado en él por el de sumisión, siendo ambos rasgos principales de su carácter.

En la biblioteca de su tío, el conde de Ashburnham, encontrará libros medievales, entre ellos los primitivos franceses, que le deleitan. Y como la educación en Eton se basaba entonces en la enseñanza de las lenguas clásicas, no sólo traduciendo autores griegos y latinos sino componiendo versos latinos y griegos, Swinburne comienza allí su conocimiento de ambas lenguas. La antología oficial de la escuela eran los Poetae Graeci, de la cual dirá que “había representado gran papel, al nutrir en su mente el amor a la poesía”. Los poetas que más le atraen en dicha antología son Mosco, Píndaro, Teócrito, Safo, Esquilo y Sófocles; a Eurípides no detestaría, como en latín detesta a Horacio, aunque la poesía latina le interesará menos que la griega. La enseñamza de las lenguas modernas, que entonces apenas tenía categoría, estaba confiada a un Mr. Tarver, quien le revela la obra de Víctor Hugo (otra de sus adoraciones fervientes), entusiasmándose sobre todo con Les Châtiments. En Eton comienza a escribir sus versos primeros, aunque parece haberlos quemado al dejar la escuela. En la novela inconclusa Lesbia Brandon, publicada en 1852, donde hay alguna parte autobiográfica, el protagonista Bertie Leyton tiene rasgos que parecen haber sido característicos del propio autor, y nos lo presentan tal como acaso era en su juventud: “Acostumbrado a la soledad y sensitivo ante todas las cosas exteriores, encontraba vida y gozo suficientes en jardines y bosques, dunas y playas … Agua y viento, oscuridad y luz, eran amigos, e iba, sin asombro ni temor, entre las cosas hermosas.” El mar constituía sin embargo su atracción principal: “Hacia eso, visión única de la hermosura divina y perdurable, sobre la cual puedan descansar en este mundo los ojos, se dirigieron primero los ojos del niño, y su corazón se abrió doliendo de placer… El color y el sabor del mar parecían pasar por sus ojos y su boca, los nervios todos deseando aquel tacto, saludándolo con su alma a través de los sentidos.” Entusiasmo marino que guardará siempre, hablando de él como de una pasión física; así habla en uno de sus poemas mejores, The Triumph of Time: “Volveré a la grande y dulce madre, / Madre y amante de los hombres, la mar. / Iré a ella y a ninguna otra, / Unido a ella. besándola y entrelazándola conmigo, / Asido a ella, luchando con ella, reteniéndola”.

En 1856 se matricula en la universidad de Oxford. El año anterior había salido por vez primera al extranjero, a Alemania, país y lengua que nunca le atrajeron. Tampoco le agrada Oxford. El aspecto del nuevo estudiante, sus aficiones literarias, su alejamiento del culto al deporte, debieron hacer de él persona no grata para la mayoría de los undergraduates y aun de los profesores.

Mas en su colegio, que era Balliol, Benjamín Jowett le mira con cierta simpatía y al año segundo de su estancia en la universidad hace varios amigos, entre ellos Richard Watson Dixon, luego también poeta, años más tarde corresponsal de Hopkins, y Thomas Hill Green, el futuro filósofo: otro de .sus amigos, el escocés John Nichol, funda en 1856 la sociedad Old Mortality a la cual pertenece Swinburne. La sociedad fomenta su republicanismo, y la amistad de Nichol contribuye tal vez a que deseche el resto del sentimiento religioso anglicano que para tal fecha pudiera quedarle (4). Así que la influencia del abuelo jacobino, el entusiasmo hacia Shelley y Landor y su relación con el republicano Aurelio Saffi, profesor de italiano en la universidad, todo actúa en una dirección única. En el centro mismo de sus simpatías está ya la figura de Giuseppe Mazzini, cuyo retrato cuelga en su habitación de Balliol; retrato al que se unirá el del carbonario Orsini, después del atentado de éste contra Napoleón III, quien para Swinburne era el Enemigo. Ante ambos retratos se le ve bailar y hacer actos de adoración no pocas veces al día. Porque el tema de la libertad y unidad de Italia (unidad nacional bajo un Estado republicano) comenzaba a interesar mucho a Swinburne, sin duda por influencia del destarado Saffi.

Organo de la Old Mortality eran los Undergraduate Papers, que aparecen en 1857, adonde colabora Swinburne con varios trabajos, entre otros un ensayo sobre Marlowe y Webster, el primer canto de Queen Y seult y cierto ataque burlesco, Church Imperialism, contra Napoleón III y el clero. Para concursar al Newdigate Prize Poem compone en 1858, sobre el tema propuesto, The Discovery of the North-West Passage, más como siempre ocurre en tales ocasiones, el jurado concede el premio a una composición inferior, lo cual acaso contribuya a aumentar el disgusto de Swinburne hacia Oxford. Por esas fechas comienza su relación con los prerrafaelitas: Morris llega a Oxford con el proyecto de decorar el hall de la University Union, juntamente con Rossetti y Burne-Jones. Swinburne simpatiza con ellos, aunque Rossetti le intimide un poco y no forme amistad con él hasta después de abandonar la universidad e irse a vivir a Londres. También conoce entonces a Ruskin, al cual cierto profesor de dibujo llama la atención acerca del parecido que tenía la cabeza de Swinburne con la de Galeazzo Malatesta en un lienzo de Paolo Uccello, de la National Gallery.


Extraído de Revista de la Universidad de México. No. 7, Marzo (1958).