Ningún hombre es una isla (Colección Pippa Passes) | Ernesto González Barnert

Ernesto González Barnert (Temuco, 1978) ha recibido por su obra poética el Premio Pablo Neruda de Poesía Joven 2018, Premio Consejo Nacional del Libro a Mejor Obra Inédita 2014, Premio Nacional Eduardo Anguita 2009, Premio de Honor Pablo Neruda de la U. de Valparaíso 2007, además de varias menciones y becas. Entre sus últimos libros está la antología de su poesía Equipaje ligero (La Carretilla Roja, Argentina, 2017), reedición de Trabajos de luz sobre el agua (HD, Argentina, 2017), Éramos estrellas, éramos música, éramos tiempo (Editorial Mago, Chile, 2018). La reedición bilingüe de Playlist (Plaza de Letras, Chile, 2019) y la obra reunida Cinco mamuts en fila (HD, Argentina, 2019). Además, es cineasta, productor cultural. Reside en Santiago de Chile. Estos poemas forman parte de NINGÚN HOMBRE ES UNA ISLA (Colección Pippa Passes, Buenos Aires Poetry 2019). 

EN EL ERIAZO FRENTE A CASA
marca una línea con un palo,
urde un sendero, junta piedritas,
imagina la maleza ardiendo
y concluye que aquí
no puede señorear ningún Dios.
Hace calor, apenas corre viento
y la levedad de su paso
prueba que todo acaba
demasiado pronto,
se funde en otra cosa.

VALPARAÍSO

Es feriado en el corazón.
Alguien insiste en lo contrario
martillando no sé que lata o madero
a dos o tres casas de aquí.
Lo entiendo, es mejor para ese hombre
que quedarse a secas, en silencio,
con un martillo en la mano.
Observando, por ejemplo, a este otro
sin ganas de escribir, de berrinche,
cansado de leer otro día más al idiota
que raya pueblo, en la carilla.
Arenga todo para todos, guía en la igualdad
con que unos y otros somos tratados de siervo
o pontificamos amo y señor
sobre nuestra mesa de trabajo
aunque sea sobre cucarachas y mierda.
Me comprendes Méndez, todos golpean
donde no duele, borran lo importante:
nuestra ansia de poder,
los pequeños sueños saltando como ovejas
en un desierto de indecisiones.
Volvamos a puerto, bajemos de nuestra cháchara.
Ayer, jadeando en mitad de una escalinata
pensé: estos fieles,
creen los fuegos artificiales
más espectaculares que las estrellas.
No te guíes por el viento
cuando puedes leerlas.
Tampoco lo corrijas.
Corregirse es escribir.
Pero el espíritu del viento
es cumplir la palabra:
no lo enderezcas.
El aire no es ignorado
por el ala de los pájaros.

Ni por mi Breve Historia de Chile
que hoy parezco cargar de recuerdos inconexos,
ideas preconcebidas, versiones ordinarias
mientras el tipo golpea y golpea
como si esto fuera el final de todo
invadiendo mi cerro, apuntalando mi resaca.
Imagínate a Silvia Plath en la de Ted Hughes,
a Carrera en la de O’Higgins.
¿Ves? La poesía porteña
es como ese hombre que machaca
en mi día de asueto, porfía
porque circulen troles que no llegan a casa
con tal de sonar a patrimonio de la humanidad.

A meses del terremoto, da risa
observar a tanto petimetre
pensar que pegarle al clavo es martillar,
tanta baba escaleras abajo.

No sé dónde ir en esta ciudad pasada a viejo orín
y sombras chinescas.
En realidad hace rato perdí el punto,
dejé de tirar migajas para volver.

ACORTÉ CAMINO PARA LLEGAR AQUÍ:
escribir es esa fuerza que te pone de rodillas.
Ningún poema escrito en estos meses
fue una conversación tranquila.

Empiezo a creer que el mundo desaparecerá,
nunca es tarde.
He vuelto a dormir en la litera.
Mi hermano menor en la cama de arriba
ronca como si estuviera sólo.
La vida no es tan alegre como quisiera hacerle creer
con mis cuentos y bromas.
Si pregunta no volveré a mentir.

Cada año los boletines meteorológicos dicen
que es el más húmedo, seco o lluvioso ,
¿Es que a nadie le jode leer en locales semivacíos,
confundir el riñón con el puño?
No quiero hacer un libro para leer en familia.
No esta vez al menos. Otro viejo teléfono público
en que las monedas se pierden.

¿Dónde puedo beber un lunes a las 3 a.m.
sin un mango?

Bajo esta ampolleta de pobre intensidad
las letras parecen luciérnagas
que no sobrevivirán a la mañana.
La verdad es que hurgamos con torpeza,
gruñimos, sudamos.
Y como todos los novatos dije no
cuando debí decir sí.
Ahora revienta la piñata
cuando había dejado de esperar.
No conseguiré ningún dulce.
O palo en la cabeza.

¿Qué es lo que sigue con nosotros
al cerrar los ojos?
¿Qué es lo que tu mano sostendría con fuerza?
Ahora que de rodillas busco bajo la cama
unas zapatillas de levantar
que pertenecieron a la pareja de mi tía,
visto la bata de mi abuelo.
Quizás todo sea calzar, arroparse
con lo que dejan nuestros muertos
y apagar la luz.

UN LIBRO QUE HUNDA TODOS LOS DEMÁS.
Ante eso comparezco.
Coto de caza en que una variopinta manga
de cortesanos, estrechas,
maricones, pendejos y borrachos
uniformados de rebelde
pinchan, sobajean, chillan al cachalote muerto
sobre las arenas de Isla Negra.

Si a largos trechos
esto pareció una fiesta de disfraces
de lobos
en que todos balan de cordero,
estás en lo cierto.

Donde no falta el entusiasta con la buena nueva
empujándolo otra vez al mar.

Adiós, piratas, estoy demasiado cansado
para ir de segundo en su listón.
Me alcanza lo que dejo sin decir.
Todas las ovejas que claman paz
la obtendrán del carnicero.

Toda posteridad puede irse a la mierda
en la edad de la prosa.
Contra esta iglesia de los últimos días
y su ego harto de butacas desiertas.
Carver tenía un retrato de Machado
en su habitación.
Tras cada pesadilla decía: tranquilo,
Machado esta aquí.
No quiero pegarle a la piñata
echarla abajo con las venas marcadas
de la frente.

Sí, no parece buena la fiesta. Un dodo
espera la muerte de pie.
Las chicas se solazan tejiendo
y destejiendo petitorios
contra el macho dominante.
Se hacen llamar
sin el segundo apellido.

Un oso hartado de bayas se recoge.
Bienvenida sea la nieve.

PINGÜINOS, UNIVERSITARIOS
que no terminarán su primera carrera
dejan en este árbol sus corazones
hechos con corrector,
corazoncitos blancos, tan mal hechos,
inevitablemente duros.
Una parejita unida por el audífono
canturrea la versión de Nick Cave de Disco 2000
y se esmera en hacer el suyo.


Ernesto González Barnert
NINGÚN HOMBRE ES UNA ISLA
Buenos Aires Poetry, 2019.
88p. ; 20×13 cm.
ISBN 9789874197337
1. Poesía chilena.
©Ernesto González Barnert. Febrero 2019.
Reservados todos los derechos.
Primera edición.