Breve acercamiento a Círculo de Sal de Juan Espinoza Ale | Nicolás Salerno

 

Juan Espinoza Ale: (Los Ángeles, Chile 1977) Poeta y Docente de la Universidad del Desarrollo. Ha publicado Falso Testimonio (Beudevráis Editores, 2005) y Círculo de Sal (Eloy Editores, 2011)


 

BREVE ACERCAMIENTO A CÍRCULO DE SAL DE JUAN ESPINOZA ALE

por Nicolás Salerno

Acercarse “críticamente” a Círculo de Sal de Juan Espinoza es un ejercicio difícil; se trata de un libro de una valentía y de una honestidad brutal, consigo mismo y con la comunidad desde la que escribe: un libro que roza algunas de las cuerdas más íntimas del ser humano en general y del chileno en particular, con todo lo arriesgo y terrible que tamaño ejercicio poético puede ser.
No me propongo aquí realizar un acercamiento global a esta obra, pues ello requiere de un trabajo mucho más riguroso, por ahora sólo deseo exponer algunas de las temáticas abordadas en este magnífico poemario, tres específicamente, las cuales me parecen centrales para la comprensión del mismo, y en base a las estas, intentaré construir un discurso que nos permita dimensionar la agudeza y belleza de este libro.

LA BANALIDAD/COTIDIANEIDAD DEL MAL

En “Círculo de Sal”, Espinoza se mete directamente en temas peliagudos: el primero al que me gustaría referirme es el del mal; un tema tratado bastamente por la tradición literaria, y, por lo mismo, difícil de abordar sin caer en el remedo; Espinoza lo logra: En Círculo de Sal el mal no se nombra, no se apunta con el dedo, como lo hacen muchas iluminadas voces poéticas de ayer y hoy; es una presencia tácita, se lidia con él a ras de suelo, se tantea, sin llegar a directamente a palparlo, pues, justamente una de las características de este es su omnipresencia en la sociedad contemporánea: sus versiones y subversiones están en todas partes; actúan sobre todos nosotros y por medio de todos nosotros. El hablante básico del poemario lo intuye dolorosamente, y acepta el riesgo de ir decantando con su palabra poética su presencia, palabra que como una aguja va uniendo prolijamente los distintos trozos del enorme manto de miserias que nos rodea; imágenes esperpénticas a través de las cuales el mal va mostrándose por el mundo:

“El mundo entero decidió. de un año para otro. enfermar de la cabeza. gravemente. y leer al viejo Whitman no parece suficiente. cuando el mundo entero se ha convertido en un hijo de puta y de un año para otro. sonríen igual se afeitan igual. planchan como siempre el cuello a su camisa. pero de un año para otro, yo tengo. como idiota. que seguir cacareando a la esperanza. vivir al día. dejar el vino y el azúcar . resistir con mi cigarro, algo así como un apóstol. de la verdad. de pacotilla. (Apotáxis)

Pese a abordar un tema enorme como el mal, el poeta jamás cae en la pretensión totalizadora ni en aquel tono pontificador, revestido de falsa modestia, tan común en la joven, y no tan joven poesía chilena; tentación difícil de resistir cuando se posee el oficio y la lucidez de sobra para hacerlo. Su poesía es enormemente empática, en el sentido no banal del vocablo. Empática, pues comprende que el mal está en todos y que, de una u otra forma, todos somos a la vez sus instrumentos y sus indefensas víctimas; es parte esencial de la naturaleza humana, y es por lo mismo que el poeta no lo condena: “solo” lo muestra en toda su crueldad.
Varios de sus poemas parecen frescos que ilustran este mal cotidiano, naturalizado, donde la rutina aparece como un placebo ante la enfermedad social, y la aparentemente inocua moral pequeño burguesa, con toda su enorme y patética gama de victorias pírricas frente a la vida. La rutina del consumo y de la búsqueda del bienestar y el progreso no es más que una máscara de oxígeno que le permite dar ciertos estertores de vida a una comunidad asfixiada, vaciada de toda dignidad; tristemente inconsciente de sus padecimientos.

“A quien pedir un poco de azúcar un poco de tiempo
Un poco de calma
Si a partir de mañana, cuando sólo paguen
La mitad del dividendo
Encadenados al ladrillo de su deuda
Una masa uniforme de personas va a secarse al sol
Mostrando las boletas de su orgullo y repitiendo
Esto es mío
Me lo he ganado con esfuerzo limpiamente
Por favor señor, por favor no me lo quite.”

(Comedia en 4 ambientes).

La normalización de la crueldad es lograda por medio de la llamada “capacidad negativa”, asunto que el mismo poeta me ha explicado, definiéndola como la facultad de dejar la percepción del texto poético a la intuición del lector, es decir, evitar la poesía descriptiva y explicativa por medio de una suerte de “camuflaje del yo”, que haga que el lector centre su atención en los otros, en el caso de Círculo de Sal, una enorme prole de desamparados y desalmados, víctimas y victimarios, cuyos errores y horrores desfilan por el texto, nombrados, pero no juzgados por esta voz camuflada, que se confunde con las de ellos, porque no aparenta ser uno de ellos, lo es, lo cual provocan la perplejidad del lector, dejándolo con el juicio moral atragantado, al verse a sí mismo en los poemas, que, cuales espejos nerudianos, deberían sentir vergüenza de lo que reflejan. Pero no la sienten, el efecto está tan bien logrado que no sólo inhabilita el juicio moral, sino que además predispone al lector a la comprensión, generando un acercamiento a lo humano muchísimo más complejo e interesante.

II. LA VOZ POÉTICA

La voz del poeta se confunde con la de sus personajes a través de poemas que son hermosos ejercicios de empatía, en los cuales se percibe el cuidadoso trato del yo poético, asunto con el que tan pocos poetas saben lidiar, un yo que se desdobla, que a ratos se resquebraja, pero que jamás se parte, que evita las salidas fáciles de la melancolía y de la nostalgia. La melancolía, entendida desde Cioran, como “una especie de tedio refinado, un sentimiento intenso de que no se pertenece a este mundo” y la nostalgia, comprendida por el mismo pensador rumano, como: “un sentimiento cuyo fondo metafísico es comparable a la caída, a la pérdida irremediable del paraíso, un constante aferrarse al pasado”, ambos recursos, que siempre estarán a disposición de las almas sensibles, son desechados por Espinoza; en su poesía, prima el coraje de la honestidad; el yo poético siempre está ahí, en medio de la miseria del descampado, cual Lear enloquecido por su lucidez, para ver lo que no nos atrevemos a ver, para hablar de lo que no queremos oír y justamente como no queremos oírlo:

Lucía tiene 26
Riega el pasto público
En una villa al sur de la ciudad
No pudo estudiar
Su madre pasa gran parte del año con bronquitis
A ella no le importa
No le importa pero compra los remedios
Su padre vende diarios, cada día
La besa en los ojos y en la frente
Dice que esto es sólo temporal
Que apenas junte algo de plata
Se podrá operar y será todo tan diferente
Tiene obesidad mórbida
Y va a morir en el quirófano
El 24 de junio
Del año 2020.

(Público objetivo II)

El yo poético se aleja de sí mismo, pero vuelve, como un semejante, como un hermano de sus personajes (y de sus lectores) , con una fuerza sobrecogedora que emana de un Chile que le duele; una comunidad asfixiada por un mal desbocado y poliforme, ahogada a tal punto que no es capaz de reconocerse, de lamer sus propias heridas. Es en la constatación de que la comunidad se pierde, que deja de verse a sí misma, que aparece su yo, no para guiarla, sino para, integrándose a ella, decirle, nada menos y nada menos que pese a la amnesia, al miedo y a la rutina, todavía existe: que tenemos una historia de dolores, fracasos, hambre, sueños rotos y humillaciones, y que eso, es casi lo único que tenemos:

Soy hijo y nieto de quienes fueron acusados
por repartir comida en tomas de terreno poblaciones
Isabel Riquelme, Alto Bío Bío
por escuchar al Pato Manns o menear el agua en la batea
por una partida de ajedrez en el estadio de Collao
y esconderse debajo de la cama con fotos de Marx y de Neruda
soy hijo, no lo niego
de mujeres nerviosas entusiastas temerosas del llamado poder popular
esas que sabían que sin armas la cosa iba a ser mala
y con ellas quizás aún peor
nieto de mujeres que caminaron por las comisarías
soportando las risas cabos y sargentos
hijo y nieto de los que alguna vez fueron derrotados
por un lápiz que marcaba nombres familiares
sobre una muy inmensa lista de desaparecidos
soy hijo y nieto, ya decía
del mismo país en que tú vives.

(Libreta de familia)

III. NO SOMOS PARTE DE LA TOTALIDAD: TENEMOS CONCIENCIA

Neruda, el más sombrío, el mejor, el de Residencia en la tierra, parece mostrarnos un mundo en el cual predomina la angustia y la desintegración, un universo asfixiante del cual no habría salida posible. Eso era lo que decía Amado Alonso al menos. Los poemas de Círculo de Sal tienen un fuerte eco residenciario (también deudas a las obras de grandes poetas como De Rokha, Vallejo y Pessoa); recurro a Neruda pues el al que mejor he leído, en honor a la verdad, al único que he leído medianamente bien) Jaime Concha ve la salida de la angustia y desintegración en la integración que propone el hablante lírico de las Residencias con la materia en los “Tres cantos materiales”; el hombre es parte de la naturaleza, su dolor radica en el no entenderlo y vivir en la angustia de negar pertenecer a su lógica, de querer dominarla. En las obras de Gonzalo Rojas, Mistral e incluso del escéptico y mordaz Parra subsiste esta idea, esa suerte de panteísmo que viene de Whitman y más allá…¡Cuán lejos está la visión de la existencia que de desprende del poemario de Juan Espinoza!. En las postrimerías del poemario me tope con unos versos que deben estar entre los más notables que he leído en años, y sobre los cuales esbozaré una breve interpretación:

El espíritu
Sólo es el amor con que nos trata la materia
Y es un poco más
Y también un poco menos cuando el objeto se ha perdido.

(Círculo concreto)

No somos materia. La materia, el mundo físico, nos acoge y provee, y, en nuestro delirio egocéntrico, en el malestar con nuestra condición humana, queremos ser parte de aquella perfección, pero tenemos conciencia, y eso nos separa irremediablemente de tal perfección: es la lectura secular de poeta sobre el pecado original y a la vez la crítica descarnada a las falacias urdidas en torno al concepto de espíritu, en tanto representación de una supuesta reserva de pureza y bondad. Somos lo que somos: seres gregarios que construimos círculos dentro en los cuales nos protegemos de nuestros semejantes (el hombre es el lobo del hombre, decía Hobbes), círculos herméticos que, nos alejan de ciertos males y aunque estos mismos círculos a veces nos hieran, de este acto de entrega a los otros, es que surge lo mejor que podemos dar como especie, escenas maravillosas como la de este poema:

En las rocas de una dictadura como tantas
A metros de la rompiente y a saltos de suicida
Una familia pequeña extiende sobre un mantel pequeño
El pan con mortadela que el padre ha preparado
Y la madre dispensa temblorosa
El té, el azúcar
y el cariño.

(Retablo)

SELECCIÓN DE POEMAS

SANTO OFICIO

El día empieza
metiéndome en el traje
del corazón henchido salomónico y decente.
Saludo muy gentil a la misma panadera
que cogería encima de la mesa contra el horno la vitrina
y con violencia digo hola
o pregunto por el clima y le sonrío
al mismo conductor que quiero ver sin párpados
masticar la piel de sus mejillas me persigno
ante la iglesia que quisiera demoler
miro con respeto
al palacio de justicia que sueño ver en llamas
trabajo lo mejor que puedo para un tipo
al que podría degollar una y otra y otra vez y vuelvo a casa
a sentarme en una mesa sin comida
a acostarme en una cama en la que no puedo dormir
tomo el lápiz y aburrido
salomónico
decente
comienzo a escribir con la bondad
el amor
y la belleza.

FÁTIMA

Qué hermoso es verla
en sus días de descanso
cuando sale a comprar dulces o verduras
con ropa sencilla
con la pena bien lavada en una cara sin pintar.

Qué hermoso el fuego eterno cuando pasa
cabeza en alto delante de la iglesia
porque el agua de colonia sí que limpia
todos los pecados de este mundo
que anoche nada más
se mezclaban en sus piernas.

Y es hermosa ella
cuando elige lo que hace
abdicar del amor y la ternura
que es siempre renunciar
también a las cadenas y al insulto.

Hermoso es verla encender un cigarrillo
por placer no por costumbre vicio ni negocio
como las cicatrices al sol
al mediodía que alumbra sus cesáreas
y el camión que de su casa
se lleva en sus días de descanso
los restos de verduras
y de abortos.

LA PLUMA DEL VERDUGO

Juan, trabajador de matadero
entra cada noche a cumplir con su deber en doble turno
dice que ya nada es como antes, todo es mucho más sencillo
ahora se aprietan más botones
ya no hay tanta sangre con espuma
los matarifes a la antigua, cuenta el hombre, partieron hace mucho inundaron la ciudad
ahora los golpes son eléctricos, los cerdos y las vacas
bajan suben ramblas de acero inoxidable
salen muchas veces por primera vez de su corral
sólo para entrar en otro más pequeño
pero hay algunos que no quieren, pobres brutos, piensa Juan
¡miren que cogerse de la celda, con granos hormonas antibióticos
miren que gritar cuando me llevo a los del lado, miren los muy mierdas, se suben a la rambla
……..o yo mismo los degüello!
dice Juan lanzando chispas de la pluma en su bastón
que clava con más fuerza cuando discute con su esposa
o a su hijo le va mal en el colegio.

Luego, después de que otros han hecho la parte más fácil del trabajo
Juan debe limpiar con un gran chorro de agua
llevar algunos restos
a una cloaca de acero inoxidable
todo es mucho más limpio, dice Juan, ya no estamos todo el día salpicados
la empresa nos ha dado delantales, blancos y brillantes, dice Juan
mientras lanza un chorro de agua luminosa.
Un poco de hueso, un poco de carne
entrando en la cloaca
al mas allá
a la otra vida.

A FLOR DE LABIOS

Del barro de mis días yo quisiera
tomar las horas mudas en que el miedo
parece que no existe, en las que puedo
hacer esta pasión más duradera

o amarrado a esta falsa primavera
con un sonido oculto en cada dedo
olvidar yo quisiera que me quedo
tan solo y con mi lengua prisionera.

Quisiera en mi corteza florecida
callado ser feliz del mismo modo
que los labios encierran una herida

o hundiendo la cabeza en este lodo
borrar las dos condenas de mi vida
y ser al fin bueno conmigo en todo.

CÍRCULO CONCRETO

¿Y qué pensar cuando el objeto de la vida
es poco más que la costumbre
la comodidad de seguir respirando como siempre
porque nuestra vida ha sido siempre
cuando el objeto no es la historia es la costumbre
con que bajamos la escalera
nos amarramos los zapatos y el espíritu
parece el único actor en el estrecho
escenario de nuestro corazón:
está ahí, está ahí pero en el fondo es otra cosa y el objeto
es con suerte el reflejo de sentirse vivo
y renovar contrato con el mundo
una mañana, y otra
y otra?

¿Y qué pensar cuando no hay razón para seguir
pero seguimos
porque no sabemos otra cosa no sabemos
cómo vivirá la vida sin nosotros
ni nosotros fuera de ella y el objeto
ya no es dios ni el otro mundo
cuando sabemos de memoria el recorrido
entre lo que no recordamos
y no queremos recordar?

El espíritu
sólo es el amor con que nos trata la materia
y es un poco más
y también un poco menos cuando el objeto se ha perdido
no las ganas de vivir
por costumbre
por reflejo
por amor a la materia.


Colaboración enviada por Nicolás Salerno – Buenos Aires Poetry, 2019.