Temporal| Enrique Frías| Colección Pippa Passes

Nos dice el poeta mexicano Enrique Frías: “La poesía llega a la vida como apoyo como refugio, como entrada o salida, la poesía sirve al creador y al consumidor la poesía te salva en diferente medida.” No puedo estar más de acuerdo. No sé si la poesía nos salva, ni siquiera si a mí, como poeta y como lector de poemas, me ha salvado o me está salvando –quiero creer que sí–, de lo que sí estoy seguro es de que este mundo y, presupongo, otros mundos, no serían lo mismo sin la poesía. Sin la visión poética. La poesía de Enrique Frías nos nutre el alma desde su misteriosa y sencilla verdad interior. No es pretenciosa ni apela a lo intelectual, simplemente es. Su talento es el del poeta puro que busca la magia de las palabras desnudas, las metáforas exactas y los símbolos universales –el mar, el viento, lo corpóreo: piel, manos, ojos–, desde la honestidad de quien se sabe voz, abismo, misterio. Así lo atestiguan sus versos: “Hay una extraña magia en las palabras que nace del misterio o de la misma magia de quien las emite”, lo que nos remite a toda una tradición de poetas de Hispanoamérica, de Vallejo a Nicanor Parra, de Idea Vilariño a Alejandra Pizarnik, de Octavio Paz a Juan Gelman o Jodorowsky. Poetas de la Verdad. Fue precisamente a través de mi querido amigo Jodorowsky, poeta por encima de cualquier otra cosa, que conocí los poemas honestos de Frías. Una nueva voz en el panorama literario en español que es más deudora de cierta tradición mística o simbolista subterránea, incluso del creacionismo de un Huidobro, que de la gran poesía intelectual y cerebral de un Borges o un Neruda. Frías escribe con el corazón. Y eso lo es todo.
Sus versos son llanto, dolor, son las sombras de las nubes y las hojas al viento, son cielos y son caricias, son un resplandor de calma frente a la muerte. Hay en sus poemas un no querer morir, una perdurabilidad, un tesoro vitalista y agradecido, un seductor tango de libros que nos desvela y nos deslumbra. Presumo que Frías escribe como vive, o vive como escribe, en una plenitud que es un canto musical que comparte con la generosidad del que se sabe arqueólogo de sueños. “El poema le da un sentido a la vida, da una nueva visión. / El poema está esperando.”
Diego Moldes, Madrid, 16 de marzo de 2019

Enrique Frías es un poeta mexicano nacido en la ciudad de Oaxaca de Juárez el 22 de abril de 1993.
Ha publicado poemas en las revistas electrónicas de difusión poética Amarcacafé & Poetas Hispanos.
Egresado de la Facultad de Idiomas en la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.
Es profesor de español, inglés, francés y encuadernación artesanal.

A continuación se presentan algunos poemas del libro Temporal, publicado por Buenos Aires Poetry en Abril de 2019.

NO VA A COMPONER TODO LA POESÍA

No va a componer todo la poesía
no va a modificar por completo la vida
no va a disminuir la fealdad o el dolor por completo
no te va a salvar por completo la vida

sin embargo viene a tu vida
para arreglar el instante
para perfumarlo
para poner en el dolor y la fealdad
un sedante
como una calma
porque, a pesar de tener la vida con dolor
la podemos soportar

La poesía llega a la vida como apoyo
como refugio, como entrada o salida,
la poesía sirve al creador y al consumidor
la poesía te salva
en diferente medida.

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PONGO ESENCIA EN MIS MANOS

Pongo la delicadeza de las flores en mis manos
para así poder escribir
para así poder tener suavidad y esencia

Pongo en mis manos la fortaleza de la tormenta
de los puños del boxeador
para así poder dar un golpe
un despertar

Pongo en mis manos la virginidad de las islas
para así dar a descubrir nuevos hogares
Pongo la suciedad y la indecencia
la maldad y lo doliente
para dar a entender que no todo es felicidad

Pongo en mis manos la inocencia
para que en tu camino no dejes de jugar
Pongo mis manos
ofrezco mis manos
como si fuera un cristo, un papa
como si te fuera a dar
Ahora extiende tus brazos, tu carne, y tu alma al
poema No sabrás de mí en las palabras, sabrás de ti.

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PROFESIÓN

Siempre estamos cercanos a la muerte,
así siempre hay algo crudo e impío que decir.
Las voces de una eternidad desconocida
van con uno,
en gargantas desanimadas
o firmes dedos que firman y afirman.
La pluralidad de la vida,
lo que hay que decir queda escaso,
al tiempo que erigen sonrisas
o se desbarata el llanto.
Porque se dice que ya no hay nada que decir
es que nos seduce escribir.
Porque se dice que no hay inicio ni fin,
es que nos seduce la vida y la muerte.

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Enrique Frías,
TEMPORAL
Buenos Aires Poetry, 2019. 90p. ; 20×13 cm.
ISBN 978-987-4197-42-9
1. Poesía de México.


 

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