Durmientes | Xaviera Hoffman

Xaviera Hoffman (CDMX, 1980), poeta, investigadora , artista multidisciplinaria.
Ha publicado en revistas digitales como, NYU/TISCH (School of the Arts, New York University), Revista Replicante, Morelos 3.0, Exquisito Fiu Fiú, La HorJorgmega, Lenguaje y Simulacro, Revista Moria y Locomotor (Guía Cultural de Guadalajara y Mazatlán), así como en el libro San Lunes de resaca literaria (Antología literaria. Compilador Francisco Rebolledo. Lengua de Diablo Editorial, Cuernavaca, 2014). También participó en el primer Festival de la Lectura organizado por el colectivo Ruina Tropical (2017), diversas lecturas poéticas organizadas por el Programa Universitario de Estudios de la Complejidad y Formación de la Ciudadanía (UAEM) y el II Festival Internacional de Poesía “José María Heredia” 2018.
Actualmente es participante del programa de posgrados de calidad meal (Maestría en Estudios de Artes y Literatura), colabora en los seminarios del Grupo de Robótica Cognitiva, impartido por el Centro de Investigación en Ciencias (UAEM), es directora de la asociación civil AR.CO. ARTE Y COSMOVISIÓN A.C. y dirige la publicación electrónica LENGUAJE Y SIMULACRO.

EL COLECCIONISTA

A mi padre se lo llevaron los rusos,
se lo llevó la dictadura
o una abducción extraterrestre.
Se lo llevó cualquier cosa
menos el alcohol y la mediocridad.

Mi padre fue un hombre importante
que huía de sí mismo, es por eso
que se ocultaba en el mundo.
En su mundo.
Donde no cabía otra cosa que los recuerdos,
el resentimiento y la tristeza.

Mi padre no fue padre, fue hijo.
El hijo pródigo que le lloraba a su madre.
Un niño que jamás creció
porque vivió siempre confundido
entre la incertidumbre del amor y el desprecio,
entre la auto humillación y el exilio,
entre sus trampas y la soledad.

DURMIENTES

He dedicado tanto tiempo a verte pasar
que me avergüenza admitir que las macetas
ahora son pequeños ataúdes.
Y el lavabo, que no me atrevo a drenar,
es un charco turbio y maloliente.

Camino indiferente pateando
nubes de polvo y cabellos.
Acumulando sobras, aquí y allá,
para observar como hormigas de distintas clases,
no tienen prisa de que eso termine.

¡Los insectos son los únicos que tienen fiesta!

Yo no estoy invitada.
A veces me enojo y los piso,
pero ellos vuelven, siempre vuelven.
Nos ignoramos.

La ropa sucia y los zapatos repartidos
son un campo de batalla.
Duermo sobre el abandono
y, a lo que supongo
debería oler la tristeza.
Soy como las telarañas, el desperdicio,
la mugre, las manchas o el refrigerador vacío;
un objeto inanimado que espera
cambiar su condición de violencia
y de rechazo.

He dedicado tanto tiempo a verte pasar,
y los vagones son interminables.
Entre uno y otro, un destello de luz
me devuelve intermitente la esperanza;
pero no hay fin, sigue, sigue, sigue…

El tren lleva una carga mortal:
a ti y a mí — a mí — a ti — a ti y a mí.
Me arrepiento tanto de subirte,
porque no veo la hora de que esto se detenga
para verte bajar.

Si tuvieras los ojos verdes.
Mi niña, si tan sólo los tuvieras verdes.

Nuestra historia sería otra.

No me sacarías nunca de tu casa.
No te habría abandonado,
hace tantos años, bonita.

Si tan sólo los tuvieras verdes.

Mis culpas se lavarían en tu mirada,
y haría del deseo una rutina.

Pero así no es, no quiso que fuera.

Soy, y no soporto el brillo oscuro que reflejas
con tanta calma. Me escudriña,
dice cosas muy distintas a tus palabras.

Es por eso que estoy lejos.
Para imaginarte como yo quiera.
Para hacerte mía sin tocarte.
Para reinventarte en tantas otras.

Para que lo nuestro dure toda una vida.

Si tuvieras lo ojos verdes,
querida, no serías tú.
Nada nunca me confrontaría.

Es mejor así, entonces, que no lo sepas.


Colaboración enviada por Jorge Contreras Herrera (MX) | Buenos Aires Poetry, 2019.