Tras las huellas de Dylan Thomas | Juan Pablo Bertazza

En su casa natal, en Swansea, todavía sobrevive el espíritu adolescente del poeta galés, genial hacedor de música con palabras

SWANSEA, Gales

La habitación que ocupaba el causante de que este lugar se anuncie en gran parte de la ciudad de Swansea es, irónicamente, la más pequeña de la casa: una piecita oscura, llena de libros, papeles y cigarrillos, tan pero tan chica que, como decía en alguna de sus cartas el propio Dylan Thomas, (1914-1953), “había que salir para darse vuelta”.

De la misma forma, así como en algunos de sus poemas el gran escritor galés exploraba las notables similitudes fonéticas entre dos palabras tan lejanas como womb (vientre) y tomb (tumba), a la profunda y estrecha casa donde nació y vivió hasta los 23 años, y en la que escribió dos tercios de su obra, se ingresa por el pequeño vestíbulo de puerta verde. De chico, Thomas asociaba esa puerta indefectiblemente a la muerte, tal como explica en Recuerdos de infancia, porque ahí se perdían muchos de los vecinos que no lograban regresar del “frente” de la guerra.

En esa confusión infantil que no deja de poner en juego un recurso poético podría cifrarse, tal vez, el arranque de una creación enorme que modernizó y le abrió inesperadas puertas a la literatura inglesa del siglo XX y que, por supuesto, está muy ligada a esta casa que aparece, además, en algunos relatos de Retrato del artista cachorro, en sus cartas y en la novela inconclusa Con otra piel.

Hoy convertida en una residencia temática que recibe alrededor de un grupo por semana (sobre todo de norteamericanos) esta casa de dos plantas, cuatro habitaciones y una mística difícil de poner en palabras, ubicada en el número 5 de la empinada calle Cwmdonkin Drive, fue la primera propiedad que adquirieron los padres de Dylan Thomas en 1914, el año de su nacimiento (que no tuvo lugar en un hospital sino en una de esas habitaciones reservada a los huéspedes), y también el año en que se desencadenó la Primera Guerra Mundial.

La casa del poeta y narrador que le sacaba música a las palabras, “la primera estrella de rock” según muchos biógrafos y de quien un músico que terminó ganando el Premio Nobel de Literatura tomaría su nombre, está ubicada en Uplands, un suburbio con muchos árboles y espectaculares vistas de la bahía de Swansea, pequeña ciudad de frontera que, durante años, fue la capital mundial del cobre y punto de encuentro entre el mar y el continente, entre las culturas de Gales e Inglaterra.

“La primera vez que la vi quedé absolutamente horrorizado por las condiciones en las que estaba”, cuenta Geoff Haden, el hombre que, en 2005, inspirado en el auge que en materia de turismo generaba la figura de Shakespeare en Stratford-upon-Avon o de la familia Brontë en Haworth, se acercó a la municipalidad con la idea de rescatar la casa de Dylan Thomas de esa caótica residencia de estudiantes en la que la habían convertido desde hacía algunos años. La municipalidad se mostró interesada en mantenerla. En consecuencia, tal como resume Geoff, “el bebé se convirtió en un monstruo” y él, casi sin darse cuenta, terminó administrando la casa natal de la personalidad más importante de Gales sin recibir ninguna ayuda del gobierno.

“Por suerte ninguno de los que vivieron acá después de los Thomas tenían mucho dinero, con lo cual nunca se hicieron grandes modificaciones: las ventanas de madera, las puertas, el cielorraso y las cortinas son originales y, quizá lo más importante, el hogar que le da mucha personalidad a la casa”, detalla Geoff, un ingeniero civil amante de los puentes. “El dormitorio de Dylan es el único cuarto de la casa ambientado en una época bien precisa, el año 1934, cuando publicó su primer libro Dieciocho poemas”, remata con voz firme y grave.

Desde que adquirió la concesión, el proceso de devolverle a la casa el aspecto que tenía en 1914 duró tres largos años. Una verdadera reconstrucción que demandó asesoramiento, dedicación absoluta y hasta una buena dosis de lectura que podría compararse con una traducción o con la adaptación de un libro al cine.

“Teníamos muy poca información en la cual basarnos: las cartas y algunos cuentos de Dylan, algo de las biografías y lo que nos pudieron contar los hijos del hombre que vino a vivir inmediatamente después de que se fueran los Thomas y que se quedó en la casa hasta principios de los años 80. Pero el momento bisagra fue cuando nos pusimos en contacto con Emily, una mucama que trabajó aquí cinco años, cuando ella solo tenía 15 y Dylan apenas 16. Emily nos reveló innumerables detalles de la casa y, de repente, todas las piezas encajaron: sacamos los empapelados y volvimos a pintar con los colores originales, compramos todos los muebles en Swansea a partir de ventas de garaje y subastas”, recuerda Geoff con una mano apoyada en la baranda de la escalera que conecta las dos plantas.

Este hombre que escuchó hablar por primera vez del poeta en la misma escuela a la que iba Dylan y que empezó a quedarse a vivir en su obra a partir de la lectura de Retrato del artista cachorro cuenta que, además de hacer tours guiados por la casa, también es posible alquilarla en su totalidad por un precio que ronda las doscientas libras por noche. Más allá de lo elevada o directamente absurda que puede significar la tarifa con nuestro actual valor del dólar, para más de uno pasar la noche en esa casa implica la posibilidad de vincularse con los fantasmas y las visiones de la inspiración que, acaso, quedaron atrapados en sus intersticios, rincones y rumores nocturnos.

Si, tal como dijo Dylan Thomas en Sobre la poesía, “un buen poema es una contribución a la realidad”, la restauración de esta casa eduardiana significó un valiosísimo grano de arena. “La idea es que nuestros huéspedes se queden con la impresión de que viajaron en el tiempo aprovechando la salida de la familia Thomas para espiar su hogar”, resume Geoff y, a juzgar por algunos comentarios, el objetivo parece cumplido.

Romy Räihälä, una joven finlandesa que se hospedó en febrero de 2016 define su visita a la casa natal de Dylan Thomas como una verdadera peregrinación gracias a la cual pudieron sentir la tremenda energía del lugar y sus alrededores: “Algunos autores tienen el poder de provocar poderosas imágenes en tu mente, capaces de llevarte a lugares desconocidos que, sin embargo, se sienten increíblemente familiares; esa es para mí la magia de la poesía”.

Pero la magia se apoya bastante en la atmósfera de la casa que no se limita a muebles, esculturas griegas, cuadros de la bahía de Nápoles, candelabros y el jazz incesante que sale del gramófono sino que también incorpora algunos detalles vinculados con sus textos, como un casco de bombero que refiere a “La Navidad de un niño en Gales”.

Cada uno de los espacios cuenta, además, con una ficha que explica su distribución en la casa e incluye menciones del propio Dylan Thomas dispersas en sus cartas. En el cuarto de la bañadera antigua, donde Dylan solía pasar mucho tiempo, leemos por ejemplo: “Estoy dentro de la bañadera fumando Woodbines y mirando fijamente a través de los vapores calientes el papel frente a mí. Cubro las noticias del frente acuático. El clic clic del geyser suena como el distante masticar de un tenor femenino”.

Estamos ahora en la segunda planta donde se ubican el baño y las cuatro habitaciones, mientras que, en la primera, aparecen el lavadero, la cocina, el living, que tiene una ventana que da a la calle y solo se utilizaba en ocasiones extraordinarias como navidad o año nuevo, y el estudio de David John Thomas, el padre de Dylan, quien inspiró ese poema magnífico que es “Do not Go Gentle into That Good Night”.

¿Cómo recuerda hoy la gente de Swansea a su máximo artista? “Aunque es la segunda ciudad más importante de Gales con 250.000 habitantes, Swansea tiene algo de pueblo. Si pregunta, la mayoría le va a decir que Dylan Thomas era un borracho y un mujeriego. El borracho más famoso del que va a escuchar hablar. Swansea tiene una actitud muy extraña: no le gusta el éxito. Cuando su equipo de fútbol, el Swansea City, subió a la primera división, la gente decía que no iba a durar y lo cierto es que permaneció siete años en la Premier League, como si hubiera una tendencia a subestimar cualquier área en que alguien resulte exitoso. Dylan Thomas, por supuesto, no es la excepción.”


Este texto, parte de un libro sobre Dylan Thomas de Juan Pablo Bertazza que será publicado en 2020 por Buenos Aires Poetry,  fue publicado en LA NACION | OPINIÓN | LITERATURA |28 de abril de 2019