José Angel Leyva “VOZ QUE MADURA. LA POESÍA IBEROAMERICANA A TRAVÉS DE SUS POETAS” (Prólogo de Víctor Toledo)

Prólogo escrito por Víctor Toledo para el libro de José Angel Leyva “VOZ QUE MADURA. LA POESÍA IBEROAMERICANA A TRAVÉS DE SUS POETAS“. III TOMOS, BUAP, 2019.

 


 

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EL MURAL DE VOCES POÉTICAS DE HISPANOAMÉRICA

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Este libro de entrevistas a poetas (dividido en tres tomos) se compone de 70 nombres, entre los más destacados de la poesía hispanoamericana, de los cuales una tercera parte son mexicanos (23), la muestra más variada en cuanto a países es la de este tercer tomo.

El primer tomo presenta a 5 mexicanos, 2 colombianos y 2 argentinos como mayoría (un poco menos de la mitad son mexicanos).

El segundo a 12 mexicanos, 5 colombianos y 2 peruanos, mayoritariamente (poco más de la mitad son mexicanos). Éste 5 mexicanos, 3 cubanos, 3 españoles, 2 chilenos, dos colombianos, 2 dominicanos, 2 uruguayos y 2 brasileños, aquí nuestros compatriotas son un poco menos de la quinta parte.

El primer tomo contiene a 13 poetas, todos ellos ha trascendido con su poesía y la mayoría con los más importantes reconocimientos nacionales e hispanoamericanos (desde Alí Chumacero, mexicano, nacido en 1918, hasta Ferreira Gullar, brasileño, de 1930, el primer tercio del siglo pasado). Digamos que su obra comienza a mitad del siglo XX, hasta el final de ese siglo.

El segundo tomo inicia con Antonio Gamoneda (español, 1931) hasta Francisco Hernández (mexicano, 1946), su obra se circunscribe desde los años sesentas (calculando que comienzan a escribir mínimamente a los 20 años).

El tercer tomo inicia con el colombiano Darío Jaramillo Agudelo (1947) y termina con el español Francisco José Cruz de 1962, sus obras comienzan a escribirse en los años ochentas y noventas del pasado siglo y alcanzan su madurez en el presente.

El primer tomo no presenta alguna poeta, el segundo tres, y el tercero cuatro. Como en las antologías españolas, donde la mayoría de los seleccionados son iberos, la mayoría de poetas mexicanos entrevistados se explica por ser el entrevistador mexicano. La inclusión de poetas mujeres, conforme avanza la obra, por la apertura hacía su formación e información (publicaciones, difusión, etc.). Una entrevista a alguno de nuestros poetas nahuas y de otra lengua indígena nos faltará también. Sobre todo en que hay un acmeísmo poético provocado por la severa crisis de las lenguas indígenas en extinción.

Esta mínima estadística nos sirve para comprender que estamos ante una obra –con sus obvios faltantes humanos- monumental, muy completa (por las horas de preparación, paciencia con los entrevistados y realización técnica y elaboración del producto para un contenido decantado que contiene un continente): abanico del pensamiento y los sueños de la poesía mexicana e iberoamericana, muestra que, por la calidad de las entrevistas y los entrevistados, se convirtió en el plumaje lujoso extendido de un mítico y fantástico pavorreal que canta como ruiseñor.

José Ángel ha aprovechado tener como país un centro poético latinoamericano, por ser refugio contra las dictaduras latinoamericanas, único país americano con una política cultural estructurada como parte esencial de su sistema político y, por tener, como persona el privilegio de ser asiduo asistente a los festivales y congresos internacionales de poesía. Pero sobre todo por su gran vocación de periodista, además de ser un magnífico poeta que bien pudiera estar como entrevistado en esta obra. José Ángel es un periodista poético, poeta inteligente y metódico que maneja todas las herramientas culturales y técnicas de su doble oficio y que no pierde ocasión de entrevistar y grabar a un poeta importante cuando lo tiene enfrente.

Este libro tiene la virtud de elaborar sus entrevistas con uno de los grandes conocedores de la poesía contemporánea, sobre todo hispanoamericana, por eso sus preguntas están perfectamente preparadas (y aunque por su conocimiento podría improvisarlas, llega con todas las herramientas profesionales y técnicas del oficio disponibles para extraer la veta de oro –latente y oculta- de la cosmovisión del poeta): desde el conocimiento profundo de la obra del entrevistado hasta la circunstancia histórico-política y cultural del poeta, además de la inteligencia que privilegia la revelación de la voz, la vida y el pensamiento del poeta, no sin establecer un diálogo brillante en busca de lo trascendente y el enigma del Ser. Gracias a esto tenemos un mapa espiritual de la lengua y del pensamiento, sobre todo en español, trascendente. Este libro es uno de los tesoros más brillantes –por su materia y espíritu imperecederos- de la poesía mexicana e hispanoamericana. Texto esencial para el estudio de nuestra poesía contemporánea en las universidades y preparatorias: corrientes, tendencias, movimientos, poéticas, grupos, los sueños de libertad de nuestro continente, son profundizados, aclarados y revelados aquí, como un libro-baúl-arca rescatada de las aguas más profundas del mar de la memoria colectiva, sobre todo de nuestro continente (logra un Lugar que se opone al no lugar de la era líquida y del vacío). Nuestras revoluciones, movimientos sociales libertarios, sueños personales y colectivos están en este admirable arcón. Obra epopéyica, quizá José Ángel Leyva ha grabado aquí, con voces corales brillantes, de esta manera, moderna, contemporánea, nuestra epopeya latinoamericana actual. La importancia de este libro crecerá con los años, es un texto testimonial que contiene una parte esencial de nuestra Voz simbólica e histórica. Un libro individual y colectivo, texto y contexto de las venas más profundas de Nuestra América con contrapuntos españoles y brasileños.

Desde un primer momento fui consciente de la trascendencia de esta obra monumental que le ha llevado a este poeta de las entrevistas al menos la mitad de su vida, unos treinta años, tres décadas en que el panorama de los sueños de Nuestra América ha cambiado vertiginosamente pero que José Ángel ha recobrado en su esencia, en  su más íntima simbología, la que dar lugar a la Realidad. A la creación de un continente poético, simbólico –y real-, y un solo país más justo, espiritual y verdadero. La poesía es la esencia del Ser, la cúspide de la lengua y del pensamiento, por lo tanto estamos ante una de las cifras más significativas de la ontología y del sentido del mundo.

La poesía para él es una gran generadora de preguntas, pero también la respuesta de un hallazgo y forma nueva, original, de revelar la cosa, el ser. En el nacimiento de esta vocación –dice-, de esta misión nacional y continental fueron importantes los tres volúmenes de Paris review –obra maestra de este género- y las Siete conversaciones con Jorge Luis Borges de Sorrentino: así encontró las vías del horizonte en que se movería como periodista-poeta, entrevistas-ensayo, donde al “desaparecer” el interrogador, aflora la voz del interrogado y el verdadero sentido del cuestionamiento, el placer oral-escritural, la inteligencia “desovillándose” con un rayo agudo iluminándola, abriéndola. Borges –dice José Ángel- reconoce la revelación del entrevistador de zonas no visitadas por el escritor, espacios donde no se imaginó, el espacio de los sueños colectivos que da lugar a la creación personal y a una forma propia, individual y universal. Leyva recorrió este camino y también lo forjó a su manera, cambió los rieles de plata por los del arcoíris dorado de la poesía. Como dice: “creo que ahora sabemos más de las tradiciones poéticas de nuestros países, de sus andaduras líricas, de sus contextos históricos y sociales”, se ha guiado desde la vía del valor esencial de la poesía escrita por estos autores y desde la otra vía del valor histórico de estas obras. Aquí se manifiesta “la sensibilidad de un siglo afectado por la Segunda Guerra Mundial y la gran y dolorosa experiencia del realismo socialista, de la posguerra en España y la dictadura franquista, de los ideales de la revolución Cubana, de los golpes militares en América Latina, de la cultura priísta en México y la masacre estudiantil y popular de 1968, pero también un México abierto a los exilios y a la inteligencia”

Este es –probablemente- el libro más importante de entrevistas de la poesía mexicana e hispanoamericana, labor ctónica de décadas, manantial de siglos, estos textos que extraen hábilmente la poética del autor incluyen -en general- a varios de los últimos grandes poetas de América de la última mitad del siglo XX hasta el primer tercio de este XXI, obra monumental y libro fundamental para los estudiosos de la poesía, obligado en la carrera de letras de las universidades en español. La primera parte de las entrevistas es muy clara y luminosa, la segunda continúa esta claridad y profundidad, la tercera, que me ha tocado a mí introducir, va perdiendo algo ya de esta claridad pues la perspectiva es totalmente cercana (son los poetas contemporáneos de mi generación): nacidos entre 1947 y 1962, pero (la generación de los 50 es la más nutrida, tienen los de mayor edad alrededor de 70 años, y los más jóvenes alrededor de 50) la gran mayoría ya cumplió los sesenta, su obra está en plena madurez y efervescencia.

No obstante esta falta de perspectiva para poder analizar a profundidad esta generación que nació a la mitad del siglo XX, ya se visualizan voces destacadas que permanecerán en la historia de la poesía en español: quizá el más notable es Raúl Zurita (1950), dueño de una poderosa voz épica continuadora y renovadora de la de Neruda, poeta que escribe en el cielo y las montañas desde los ecos del inframundo de la Divina Comedia, desde la represión dolorosa infernal de la dictadura de Pinochet, gran poeta y enorme persona sufrió directamente la punición del militarismo chileno. Zurita nos hace ver que los ecos de la obra dantesca, el Infierno y el Purgatorio son los mismos arquetípicamente que los de la historia chilena y latinoamericana.

Dentro de los mexicanos uno de los más destacados de este grupo nos parece Javier Sicilia (1956), excelente poeta y novelista serio: por su dimensión histórica y trágica, religiosa, arquetípica, redentora y su vía crucis de luchador social –como Zurita-, unida a la calidad de su poesía mística (el otro sería neo-vanguardista y epopéyico).

Todos los demás reflejan -enterados, buena formación y hábil manejo del oficio- con claridad la conciencia de nuestro tiempo: el sueño de la utopía del siglo XX. Ya sea desde la frustración crítica y lúcida de la revolución cubana como Víctor Rodríguez Núñez (poeta inteligente, directo, que se destaca por su reflexión social y poética), a las visiones aun esperanzadas de izquierda como la de Jorge Boccanera, o reflexivas y contemplativas, metafísicas, como las de Antonio del Toro y Francisco José Cruz.

Entre los cubanos, además hay poetas que tienen una mirada serena sobre su país (no obstante reflejan en su fondo una realidad compleja) como reina María Rodríguez (poeta del erotismo femenino) u otros una mirada crítica, valiente y lúcida como la de Alex Fleites. Este mosaico es importante por la importancia que tuvo la revolución cubana como forjadora de los sueños más altos de un mejor mundo, más justo y bello que nos lega, alega  –y no nos aleja del alto sueño- grandes lecciones.

Poetas introspectivos como Yolanda Pantín, discursivos, conversacionales, tradicionales, como Marco Antonio Campos. Renovadores del discurso, la semántica y la lógica poética como el uruguayo-mexicano Eduardo Milán, representante del neobarroco (movimiento producto del exilio de las dictaduras latinoamericanas y de la dictadura democrática imperial estadounidense donde la mayoría, trabajando en la academia, fue a recalar y a encontrar un lenguaje intelectualizado), otra clave, ante la misma falta de libertad de expresión. En sus países eran reprimidos, en el exilio académico crearon un metalenguaje poético, una metapoética, ¿se autorreprimieron?, ¿su raíz se volvió rizoma? Sólo la lengua escapó, alcanzó la libertad.

Hay poetas que crearon una poesía homosexual abierta e interesante, en revelación y rebelión, abriendo más el alma de este género como Alfredo Fressia de Uruguay y poetas  (Floriano Martins de Brasil), con una fiebre difusora poética colectiva como la del autor de este colosal libro. Algunos son autores de poemas memorables como Antonio Deltoro, Boccanera, Zurita, por supuesto, y otros renuevan la tradición desde el acendramiento mismo de ésta como Francisco José Cruz, estacionado como Sicilia en las formas clásicas, en este caso, sobre todo populares, de la sencillez y la transparencia, de ese gran peligro que puede hacer caer en el abismo de la nada o de la luz.

Poetas que se desarrollan mejor teóricamente que poéticamente –sin restar valor a su poesía- como Gonzalo Millán (1947) y poetas con la claridad de la formación clásica como Carlos Montemayor (1947) que participó como luchador social hasta convertirse en el miembro más joven de la academia mexicana y difusor importante –desde su visión poética grecolatina- de la poesía en lenguas indígenas.

Luis García Montero, María Baranda, Marco Antonio Campos, Víctor Rodríguez Núñez, buscan un poética de la claridad, a veces más narrativa (Baranda) o conversacional (Campos), a veces más tendiente al canto (García Montero, Rodríguez Nuñez) o al erotismo (María Rodríguez), pero casi todos optaron por el verso libre, sin perder el canto.

Todos estos poetas son oferentes del significado más que del significante, la mayoría de discurso directo y pensante (de buena factura como Mármol y Rodríguez Núñez. La profundidad va en relación con el talento personal), con excepciones como Deltoro y Milán, poetas más metafísicos. Todos reflejan de manera rica y fiel la complejidad y riqueza de nuestra América del siglo XX  y actual.

El poeta cosmopolita colombiano Eduardo García Aguilar, al que José Ángel contradice con su praxis, dice: “Nada más opuestos, distintos, que la poesía y el periodismo. La poesía está en otra dimensión y vive otros tiempos. El periodista busca información, la procesa y la difunde y es algo que desaparece y se esfuma al día siguiente. Como los medios tienen tanto poder ahora, están entronizando al periodismo como el gran paradigma de todo y hasta quisieran lanzar a la literatura y a la poesía al precipicio de lo inútil e inefable y desterrarlas para siempre. Pero eso es un delirio de grandeza del periodismo y los periodistas, a quienes se les han subido los humos” pero –continúa diciendo Eduardo- “El poeta tiene que vivir, trabajar, estar en el mundo” y paradójica, dialécticamente, el autor de estas entrevistas es un excelente, completo, periodista-poeta que así se gana el pan.

Acompañado de una buena mayoría de los mejores poetas contemporáneos del español, José Ángel Leyva, ha escrito hasta ahora, su gran obra. Una texto-contexto, un contenido continente y un continente contenido y expandido, verdaderamente histórico, simbólico y por lo tanto, trascendente.

A medida que avanza la posmodernidad van desapareciendo los grupos y apareciendo los festivales turísticos de poetas (dice Juan Calzadilla). Vanguardia, posvanguardia dan lugar al no lugar. Modas, corrientes, la uniformidad se va perdiendo en la multiformidad, en la disformidad, la formación en la información, las redes atrapan y revuelven todos los peces y las publicaciones y autopublicaciones se multiplican como hongos, más que panes, sin un contrapeso crítico. De aquí también el valor de este libro. Un libro esencialmente crítico y estético, poético y político. Un libro árbol con raíces en el centro, tronco mexico-latino y fronda hispanoamericana. Aquí está gran parte de la historia de la poesía y la poesía de la historia de nuestro continente. Una entrevista se entreteje con la otra como una gran saga, como un Texto (gran tejido).

Confirma la entrevista como un género literario, Leyva es un maestro de este género específico: la entrevista poética, con esta obra se ha escrito, desde su impulso y pulso continental, la novela-poética de Nuestra patria universal del español (con un ligero tono brasileño).

Esta vocación-misión periodística es un énstasis poético. Una soteriología a través de la poesía en la derelicción de nuestro mundo, en la inedia de justicia y armonía. En cada obra ve su eidôlon, su doble (en la apariencia) de su personae poético. Su máscara-persona más cara. Leyva tiene verdadero amor y admiración por la obra del otro, “yo soy los otros”, parece decir, principio de la pietas romana y de su genio religioso-político y legal, civil: lo que se refleja en el entusiasmo que recorre todas sus entre-vistas. Esto lo hace un entrevistador distinto, de introspección continental.

Persona culta y generosa, de profunda y lúcida conciencia social, genera desde su incansable labor con su revista La Otra y su editorial, una enorme difusión de la poesía internacional contemporánea, reconociendo las obras consolidadas y difundiendo las nacientes. Una consecuencia luminosa es esta gran obra.

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Víctor Toledo

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Extreaído de José Angel Leyva, “VOZ QUE MADURA. LA POESÍA IBEROAMERICANA A TRAVÉS DE SUS POETAS” – Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Dirección General de Publicaciones, 2018.