KANEKO MISUZU かねこ みすず | Yo, el pájaro y la campana

Pocas veces se combinan experiencias tristes y desdichadas con resultados literarios felices. Es el caso de Kaneko Misuzu (Nagato, Japón, 1903-1930), poeta que se quitó la vida a los veintiséis años tras una larga y tortuosa relación de pareja, y de la que se publica ahora esta selección de sus poemas por primera vez en nuestro idioma.
Sabemos que su marido, además de resultar infiel, por medio de sus privilegiados derechos parentales la fue separando del mundo de los libros y le prohibió la escritura. Aunque su desgracia recién comenzaba.
Kaneko Misuzu fue contagiada por su esposo de una grave enfermedad sexual, y la pareja se divorció finalmente en 1930. No alcanzó todo esto a su exmarido, quien reclamó luego la custodia de su pequeña hija, y la poeta ꟷvencida física y emocionalmenteꟷ se suicidó con una sobredosis de calmantes.
Habiendo sólo publicado algunos poemas en revistas, y tras largos años de completo olvido, fue el poeta y estudioso Setsuo Yazaki quien encontró uno de sus trabajos en una Colección de poemas infantiles de Japón.
Yazaki se demoró dieciséis años en encontrar al hermano de ella, quien seguía conservando los tres cuadernos que contenían los 512 poemas que la poeta había compilado antes de morir.
Pese a todo esto, los poemas de Kaneko Misuzu comprueban un optimismo desbordante, celebran al mundo y a la naturaleza desde un modo que sólo resulta visible para ella.
En ellos, además, quedan asentados los aportes más valiosos de la tradición de la poesía oriental, como la sencillez y el tratamiento directo de la cosa, sin artificios ni adjetivaciones: “En el cielo / una alondra canta, / están arando / el campo de tréboles”; “El paraguas del vendedor viajero / arrastra una pequeña sombra / por la calle blanca y cegadora del mediodía”.
El tratamiento directo se complementa con la yuxtaposición de imágenes concretas, y a la vez cimentadas en imágenes profundas, imágenes de naturaleza extraña y evocativa, cercanas a las representaciones surrealistas: “Nuestros ojos, / botellas de genios”; “En la profundidad del cielo azul, / como guijarros en el mar, / sumergidas, hasta que llega la oscuridad, / están las estrellas, / invisibles a la luz del día”.

Juan Arabia¹

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Yo, el pájaro y la campana

Por más que extienda mis brazos,
nunca podré volar por el cielo.
Y el pájaro que vuela no podrá correr
rápido por la tierra, como yo.

Por más que me balancee
no se producirá un bello sonido.
Y la campana que suena,
no podrá saber tantas canciones como yo.

La campana, el pájaro y yo,
todos diferentes, todos buenos.

Ojos

Nuestros ojos,
botellas de genios.

El seto de azahar,
el camino,
aquel carro y el caballo,
también el conductor,
el sembrado de alforfón,
el árbol de paulonia,
y aquella montaña, allá,
tan lejos y verde,
incluso las nubes,
allá en el cielo,
se vuelven pequeños,
todos entran.

Ojos negros,
botellas de genios.

¹ Texto publicado en Diario Perfil – Cultura – Domingo 26 de enero, 2020.

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Extraído de El alma de las flores, Ed. Satori 2019. Traducción de Yumi Hoshino y María José Ferrada.