La Tierra | Ramiro Villarroel Cifuentes

“El país entra en La Tierra y en la sangre de los otros/ Deja caer el diccionario y la ley sobre la verde selva, sobre el manantial, sobre la naturaleza que reparte su paz/ Coloca sobre el color su maraña de signos, su engaño/ donde los otros emiten su canto transparente, hermano de la lluvia, de los vientos, del mar y del estero”. Los versos pertenecen a La Tierra, poemario de Ramiro Villarroel Cifuentes¹, libro que puede ser considerado una crónica moderna sobre la construcción de la Araucanía. Salvo que en esa construcción opera un punto de vista preciso: se narra desde el suceso conocido como el Naufragio del Joven Daniel, ocurrido en Puaucho en 1849, hasta el asesinato de Camilo Catrillanca, en 2018. Los poemas señalan entonces un límite terminal en que se exhiben formas de violencia, política y civilizatoria, renovadas en modos de degradación espiritual y física, pero, sobre todo, dan cuenta del vaciamiento del tiempo y del lenguaje ajeno a la naturaleza que nombra: “La lengua sin pasado que domina/ La idea de sembradío lejos de La Tierra/ La idea de los caminos que sepultaron lo extenso/ Desde ahí amenazan las patrullas y arrasan”. El poemario avanza repartido en diversas secciones que intensifican la imposición de una modernidad falsificatoria que va desmembrando el pueblo originario y asimismo la palabra del poeta que termina prescindiendo de la versificación para entregarse a una mera enumeración de sustantivos que han perdido cualquier capacidad de predicación. Estamos ante una poesía de la derrota, pero también de la vida; quizás este sea el logro de Villarroel Cifuentes: elevar la derrota a una categoría estética sin derogarse en ningún realismo reduccionista. En la sección “Los Poetas”, donde Villarroel Cifuentes incluye en la historia de La Araucanía a Luis Marín, Ricardo Herrera y Elikura Chihuailaf, se encuentra el punto de equilibrio para suspender la barbarie y conservar un legado de raíces lingüísticas, mitológicas y sociales de la cultura. Se trata de que la poesía conserve un dejo de paraíso espiritual mediante la liberación de las teologías de la colonización que antes se imponían por la redención en la cruz y hoy por la lógica del mercado. El gesto y el imaginario de Villarroel Cifuentes lo emparentan con una serie de artistas latinoamericanos, desde los poetas chilenos que nombra hasta Wilfredo Lam, Arguedas, Diego Rivera y Oswald de Andrade, artistas que señalan una crítica radical de la modernidad y del fracaso de las culturas del Primer mundo y que bien podrían –en su conjunto– constituir el punto de partida de una nueva conciencia intelectual latinoamericana, erigida sobre la responsabilidad urbana, social, ecológica, y sobre todo, humanitaria: he ahí el porqué se hace imprescindible leer a Villarroel Cifuentes, poeta que ofrece, a pesar del predominio de la barbarie en el punto de vista escogido, la perspectiva del mundo mapuche entendido como misterio, indicios y sueños. Una cosmogonía que erradique la maledicencia contra todo un pueblo exige una operación antihermenéutica para comprender nuestro arte latinoamericano con la prescindencia de la mirada de los estudios coloniales norteamericanos bajo el estigma de sujetos subalternos. Es la poesía, nos quiere decir Villarroel Cifuentes, la que puede retomar el camino de los sueños de libertad y la única intérprete del presente aniquilado; valgan entonces estos bellos versos del poeta: “Hurón Magma corre entre los árboles de la quinta iluminado por los ojos de la amada. Pasea por el mausoleo de Cunco con un corazón latiendo en cada mano. Sobre un viejo puente, mira como desaparecen los bosques, las aves, la voz del sabio, las hierbas medicinales y canta”.

Rodrigo Arriagada Zubieta

HUENTEQUEO

Se nos impide que trabajemos chicha de nuestras arboleras
Y cuando los encuentran tomando en nuestras casas
Los llevan amarrados a la cárcel y los castiga cruelmente
Pero los españoles trabajan para benderlas a nosotros mismos
Y con esto compran nuestros terrenos, nuestros hijos
¿Por qué nos tratan con tanta opresión
Privándolos de todo derecho?
Se nos ha dicho que nos cristianemos
Para que tenga más valor nuestra provincia
Y estamos subyugados a las leyes del catolicismo.
Todo lo hacemos con exactitud
Y cumplimos todos los deberes como cristianos
¿Por qué no tenemos nosotros las mismas bentajas?
Por qué no se les consede que gobernemos nosotros
A nuestros mocetones o basallos
Y que estos no se metan en asuntos de los españoles
Y que nosotros como caciques gobernemos

*

Truenos y ráfagas oscurecían
Los días en que Chile asoló la Tierra
A sangre y aguardiente
A redobles y ladridos
Sargentos y comandantes
Se desplegó por la secuencia
El encadenamiento de carretas con explosivos
Leches, harinas
Otros animales y alimentos recogidos
De entre las vísceras desparramadas de los vencidos.
Los ríos de pronto trocaron en macabro rosal.
Los pájaros palpitando no dejaron de subir
Atravesando las nubes de espuma austral.
Las estrellas detonaron.
El paisaje susurró su contenido incomprensible
Para los cuerpos de artillería que se internaban.
Las ruedas de madera extranjera crujieron bajo el hualle.
Más allá de cualquier sendero
Los destacamentos desenvainaron los corvos.

*

Esta es la Uzi Beretta nueve milímetros
Que dispara una ráfaga de treinta y dos balas
En una fracción de segundos
El tren superior de los policías la empuña
Dirigiéndola a los campos
Los montes
Los bosques
Las nubes
Los ríos
Los lagos y las lluvias naturales de La Alta Frontera
Impaciente y violenta
Todos sin distingo hervimos en el mismo caldo.
Los disparos lanzan líneas directas al corazón de los indios
Que despabilan como el treile que se suspende vertical
Entre las nubes explosivas que evolucionan sobre La Tierra
Uno de los indios arenga directamente desde las nubes
A sus conas para que ataquen
Sin piedad a las patrullas.

¹ Ramiro Villarroel Cifuentes, Temuco, 1974. Perteneciente a una familia de músicos y artistas populares, con éstos decide levantar un bar lamado “El Klandestino” el año 2004 que duraría diez años ininterrumpidos en los suburbios de la ciudad de Temuco en el sur de Chile, el que dirigía, lugar por donde pasaron cientos de bandas chilenas y extranjeras de variados géneros, amén de espectáculos de circo, deportes extremos, y festivales de folclore o rock, entre otros. También se ha dedicado a la crítica de artes visuales, así como al documental y desde el año 2018 a la fecha escribe regularmente crítica literaria en el prestigioso medio digital chileno http://www.elmostrador.cl, así también como en la revista de alcance sudamericano http://www.cineyliteartura.cl y, desde marzo de este 2020 realiza la producción de contenidos de http://www.directa.cl, un periódico digital de información y cultura del sur de Chile.

Extraído de La Tierra, © RAMIRO VILLARROEL CIFUENTES, Editorial Dokumenta, Primera edición: Agosto 2019, Temuco, Chile | Buenos Aires Poetry, 2020 | Fotografía de Javier Martínez.