Tres poemas de: Parasitarias | Alejandro Castro

Alejandro Castro. Caracas, 1986. Poeta venezolano. Licenciado en Artes por la Universidad Central de Venezuela (UCV) y Magíster en Literatura Latinoamericana por la Universidad Simón Bolívar (USB). Es autor del libro No es por vicio ni por fornicio. Uranismo y otras parafilias (Monte Avila, 2011), ganador en 2010 del Concurso para autores inéditos de Monte Avila Editores y reeditado en 2018 por El Estilete. Su segundo libro, El lejano oeste (Bid & Co., 2013), fue merecedor del premio al Libro del Año 2014, otorgado por los libreros venezolanos. Ha trabajado como docente en los departamentos de Estudios Estéticos en la Escuela de Artes y de Teoría Literaria en la Escuela de Letras, ambas de la UCV. Es columnista en el suplemento literario del diario El Nacional, así como en distintas publicaciones digitales. Actualmente realiza estudios de doctorado en la New York University. Parasitarias (Libros del fuego, 2020) es su publicación más reciente.

CHUSPA

Yo no sabía: la muerte era en tus manos erizo,
erizo equinoideo, abierto de tripas,
puntas al viento, animal de incurable embriaguez.
Erizo era silencio en tus manos rubias,
niño con erizo equinodermo,
dando la muerte despiadado y alegre.
Pensé que era alegría despiadada,
un rayo niño de sol: yo no sabía.

Pensé que eras el sol y no la muerte.

*

PORQUE el mar no tiene estrellas, Cueva,
sino alimañas: repta equinodermo asteroideo.
Mar no es cielo, Cueva, ni sabana:
su fondo detritófago lo pudre todo.
El mar no tiene estrellas, Cueva,
ni caballos, sino monstruos:
hippocampus minotauro erecto,
equino que ni tira ni carga ni cabalga,
cebra hippocampus camaleón.
¿Para qué quiere Piélago caballo?
Mar no es pradera, Cueva, ni llanura:
su fondo sin tristeza todo ahoga.

*

PARECE que también hay lirios en el mar.
Abajo, digo, adentro. Parece que se mueven
lentamente crinoideos (o que no se mueven).
Parece que tienen brazos y no pétalos,
pétalos ramificados que se amputan sin dolor
cuando hay peligro. Parece que los llaman
estrellas emplumadas. Porque así son
los científicos, poetas. A veces un pedúnculo
calcáreo los mantiene fijos al sustrato.
Es un animal que es una flor, que es un abismo.
Todos tienen espinas.

Colaboración enviada por Víctor Manuel Pinto | Poesía Venezuela | Buenos Aires Poetry, 2020.