Anti Rockstars & otros poemas | William Velásquez Vásquez

William Velásquez Vásquez. Turrialba, Costa Rica, 1977. Estudió Diseño Publicitario en la Universidad Autónoma de Centroamérica (UACA). Miembro del equipo de gestión cultural de Turrialba Literaria. Cuentos y poemas de su autoría aparecen en las antologías Crónicas de lo Oculto (Editorial Club de Libros, 2016), Voces del Café (NYPP, 2018) y Entra-Mar II (Sakura Ediciones, Colombia, 2019), así como en diversas páginas literarias. Colabora como redactor en la revista digital Glass Onion (Argentina). Poemarios: “Los dictados del mar” (2018); “Tocadiscos” (2020) bajo el sello editorial Nueva York Poetry Press.

De “Tocadiscos” (NYPP, 2020):

CIUDAD PARAÍSO
(Elegía Glam Metal en Sol Mayor Fallido)

“Take me down to the Paradise City
where the grass is green and the girls are pretty.”
(Guns n’ Roses)

Rasgué un Sol Mayor y resurgieron
en tropel mi rebeldía,
la melena y el tatuaje que no tuve,
una banda que no logró articularse
o el beso que desde el aula me lanzó la chica rubia
pero sobre el pasillo se hizo polvo y huesos
………..sin alcanzarme.

“A veces las mujeres son tan frías” – cantaba Izzy
………….“¿Cómo ella puede verse tan bien?” – susurró Duff.
Yo sólo atiné a devolverle una mirada torpe;
pues en aquel tiempo, mis sentimientos constituían
un misterio para el mundo,
como los ojos de Slash bajo el sombrero de copa
y tras el ahumado cristal de sus Ray-Ban enormes.

Fallé un riff y volví a mis noches de colegio
cuando, con diccionario en mano,
traduje las canciones de los rockstars del momento.
Con Axl aprendí cierto léxico
que no estaba entre las páginas
de mi Pequeño Larousse verde.

Hoy podría gritárselo a mansalva al universo,
pero me he vuelto frágil al cabo de los años
y siento como si me golpeara un caballo muerto
si Rose atraviesa desnudo y encorvado
la pantalla del televisor; me ruega que no llore
mas yo no me contengo.

Ahora que noviembre dispara su aguacero,
uso mis ilusiones para crear un arpegio
que me devuelva a casa;
y acabar los proyectos aplastados por las ruinas
de un Sol Mayor que no brilló nunca
allá en mi lejana Ciudad Paraíso.

LOS POZOS DEL CAFÉ

La humeante oscuridad de un café
colma despacio
a su fría homóloga de las noches,
mientras la soledad ensaya
su mueca de espantapájaros.

La voz de Nina Simone gotea en trémolos
sobre los pozos de lo que fue un piano.

Uno tras otro, los minutos
agotan su ciclo de vida,
y un pequeño funeral se oficia tras mis labios,
que hieden a fango, a óxido y abandono,
…………y a eso debe apestar
……………………el hocico del diablo.

LA NOCHE STONIANA
(Time is on my side)

¿En qué peñascos se descalabraron,
por siempre jamás,
las piedras rodantes de mi juventud
donde solía hacer maromas,
corría y saltaba de una a otra;
cantaba y jugaba con el fuego?

Mi adolescencia fue un blues desafinado;
un Círculo de Sol torpe y anacrónico
amenazado por los caballos salvajes
de la tabla periódica y la trigonometría.

Pero al final de cada noche,
ensimismado e ileso,
a dúo con Mick Jagger desde la casetera
entonábamos por horas aquel estribillo:

…………“Time… time… time…
……………………is on my side… yes it is…”

hasta que, algo convencido o engañado,
mi cuarto se iba pintando de negro
y, poco a poco, me quedaba dormido.

ESCUCHA LA SALMODIA DE AQUEL MIRLO QUE TE LLAMA.

“Blackbird singing in the death of night
take these broken wings and learn to fly”
(Paul McCartney)

A Wendy

Presta atención a la partitura de la noche.

De todas las teclas del cosmos se fragua una melodía,
escalas de pesadilla
sin clave de Sol para atar las horas.
atiende al vacío que regurgitan las sombras
y escucha la salmodia de aquel mirlo que te llama.

Pero no mires de cerca su espectáculo umbrío,
te perderá por los trillos demarcados con una lágrima.

Yo vengo de vuelta de esos parajes insomnes;
de milagro estoy contándote
los infiernos que he visto.

Los surcos del pentagrama debí torcer para encontrarme
de vuelta en la claridad, y fue difícil el giro.

Es bella la entonación de la soledad;
¿por qué discutirlo?
parece un aria al portador, pero es una trampa;
un canto de sirena que descascara tu navío.

Presta atención a la memoria de tus huesos,
el crujir de su silencio
tendrá siempre algo que decirte.

Marca el compás de la canción que te llega de lejos,
y baila sobre tu propio eje;
no acudas a su hechizo.

Escucha la rapsodia de aquel mirlo que te canta,
pero
cuando diga tu nombre
mejor tápate los oídos.

ANTI ROCKSTARS

Esto no es el Madison Square Garden
o el estadio de Wembley,
ni nosotros somos Rockstars,
hermano poeta.

No hay juegos pirotécnicos o pantallas gigantes.
Los reflectores no persiguen
nuestra danza frenética.

Sólo tenemos una mesita,
sendos vasos con agua,
y un micrófono mal amplificado
que nos turnamos por momentos.

El público no alcanza
ni la media centena;
sólo vienen a observarnos los más allegados,
la mayoría no entiende nuestro verbo;
otros llegaron porque el anuncio
prometía un refrigerio.

Es como si viéramos el “trailer
de nuestro propio funeral:
aquí te das cuenta
de quienes te aprecian.

Esto no es Waken ni Lollapalooza,
hermano poeta.

No ansíes la ovación ni encendedores en alto;
mucho menos se te ocurra
lanzarte de espaldas sobre tu público.
Ellos no van a pasearte sobre sus manos,
no quieren un souvenir tuyo
para su cofrecito de tesoros.
Tampoco van a comprar tu libro.

Si levantas la vista mientras lees,
te frustrará constatar
que muchos se durmieron.

No somos Rockstars, hermano poeta,
nunca seremos un póster al costado
de la cama de las chicas que vinieron.

Nuestro editor nos transmite en vivo
porque no alcanza el presupuesto
para lanzar un DVD con la función en multi ángulos,
o un segundo tiraje de estas obras
que tanto nos consumieron.

No soy Frank Zappa ni tú Jim Morrison,
hermano poeta.

Nuestros textos inéditos,
o la pluma con que firmamos
jamás serán subastados
a precio de Caviar Almas
si nos revuelca la muerte.

Pero te incito a que leas,
como si cantaras en Las Ventas de Madrid,
en el Teatro de Bellas Artes,
o al menos en el Troubadour,
tras la estela de Don McLean,
de Bruce Springsteen o de John Lennon.

Lee, porque no hay más remedio
que fantasear con la hiel del éxito,
porque se vale alardear
que enfrentamos la hoja en blanco,
y que salimos airosos de ese duelo.

No somos Rockstars, hermano poeta;
no hay un rotulito de Sold Out
franqueando la entrada de este aposento.

No haremos gira mundial con nuestros libros;
incluso podría pasar
que nunca más publiquemos.

Lo más seguro es que nos ignoren
la pena, la gloria,
nuestros lectores, los caza talentos.

Así que sigue humilde,
encórvate sobre tu cuaderno,
traza toda la luz de tu palabra;
y haz un solo de eternidad con tus versos.

Ni tú ni yo somos Rockstars,
hermano, amigo:
Tan sólo somos m e n s a j e r o s.

De “Los dictados del mar” (NYPP, 2018):

RÍO DE LOS SEDIENTOS

“Este río
arrastra sus espejismos
muy al fondo de sus márgenes”.
(Osvaldo Sauma)

¿Qué nos seduce a regresar al embrujo del agua?
pienso mientras amontono los detritos de mi locura.

La desesperación de Qu Yuan emerge
en un murmullo de gongs y de tambores,
entre el aroma de las raciones que hartaron a los peces,
y el burbujeo acompasado por las Barcas de Dragón
venidas del Miluo, a tantos siglos de distancia.

¿Qué nos inspira a abandonarnos a su asedio, a su influjo,
o al conteo infinito de su ábaco de espumas?

Las esporas de Shelley cargan un llanto
por su Adonais de tinta y hueso,
los traumas del naufragio en el golfo La Spezia,
y una sed que amedrenta las zarzuelas de la deriva.

Al otro lado del cauce, Virginia se zambulle
con su abrigo repleto de piedras, golpeada por las voces
de sus íntimos demonios, con una carta de amor y despedida
escrita en las arenas.

El espejismo de Alfonsina salta al fondo de la escollera,
un acto fugaz y terrible, no una inmersión tan poética,
testimonio de la sed que aniquila los cardúmenes,
y troca en mausoleos la corriente que los lleva.

Tras su encierro en asilos psiquiátricos
y en campos de concentración,
el sediento Paul Celán saltó a beberse todo el Sena,
y hoy su fantasma me esquiva la mirada
como advirtiéndome que no salte yo a beber lo que no queda.

Ansío los dones del zahorí, para traer a superficie
todo el caudal que arrastran las venas de los muertos,
mas sé que no me conviene seguir a esta procesión plañidera.

Cierro con doble llave mi caparazón, aceito bien sus goznes,
pues aunque en el último segundo Caronte se aparezca
y lance desde la proa flotadores para los suicidas,
no guardo en la billetera ni un óbolo que salde el viaje.

Tendré que resignarme con saludarlos mientras se alejan
por el mismo río en el que me hundo
conforme intento aplacar, sin suerte, esta sed que me doblega.

LEYENDA PORTUARIA

Se sabe que el fantasma de un calypsonian
aparece en las ruinas del tajamar
a transcribir en partituras la danza de las olas
y hechiza con su banjo a los ahogados
que bailan descalzos entre los corales
hasta que amanezca.

LA INFANCIA ERA UNA PUERTA SOSTENIDA CON EL OCÉANO.

De una casa medio derrumbada salió un niño
gritando que había encontrado el mar
dentro de un caracol. El padre Ángel
se acercó el caracol al oído.
En efecto, allí estaba el mar.”
(Gabriel García Márquez)

Todo el mar de mi infancia cabía
en el viejo caracol
con que mamá aseguraba la puerta.
Al posar mi oído en él
reconocí su oleaje, el pregón de las gaviotas
y la proximidad de los transatlánticos
que estremecieron el barandal
del estrecho corredor de madera.

Me llenaba de sal y de arena
la mejilla más próxima a su cavidad,
por tantas horas absorto
ante el resuello de las muchachas
que bronceaban sus espaldas.

Pero un mal día mis padres
decidieron remodelar:
Tiraron el caracol y con él mi niñez;
pusieron otro cerrojo a la puerta,
ajustaron sus aldabas.

Ya nunca más hizo falta sujetarla con el océano.

Poesía Costa Rica | Buenos Aires Poetry, 2021.