PANTISOCRACIA: S. T. COLERIDGE – de J. Miguel Vicente Pecino

En Junio de 1794, a la edad de 22 años, el joven Samuel Taylor Coleridge, estudiante de la universidad de Cambridge, se encontró con Robert Southey, estudiante de la universidad de Oxford, ambos tenían aspiraciones poéticas y eran radicales en conceptos religiosos y políticos, lo que con facilidad les condujo a simpatizar con el experimento republicano francés. El sueño de una comunidad igualitaria y libre, era herencia común de Rousseau y reaparece tanto en los románticos alemanes, Hölderlin y otros, y poetas ingleses como Shelley, Byron y por supuesto el propio Coleridge. Todos ellos ven el amor como trasgresión social y exaltan a la mujer no como objeto sino como sujeto erótico; incluso llegan al comunismo poético, a la sociedad en la que cada producción de poesía sea colectiva. En este ambiente libertario planearon establecer el ideal democrático y comunitario en la otra orilla del Atlántico, en América, y le dieron el nombre de Pantisocracia, (donde todos gobernaran). Un agente americano de la propiedad, les persuadió de que el lugar ideal sería a orillas del río Susquehanna, en Pensilvania, donde ya se habían establecido comunidades religiosas de distinto signo y grado de tolerancia. Shelley, años mas tarde y en sus observaciones sobre el primer ideal romántico, observaba que éste imaginario siempre inspiró los esfuerzos prácticos de la reforma del mundo y cómo Coleridge, siendo joven, planteó establecer esta comunidad utópica en América. Estas eran sus palabras:

Aquello que ni me atrevía a esperar de las constituciones de los gobiernos y de todas las naciones, lo esperaba de la Religión y de un pequeño grupo de íntimos amigos, al tenerun plan organizado, que sin ser peligroso, si era algo extravagante el hecho de intentar el experimento de una perfecta comunicación de personas en las orillas del río Susquehanna; donde nuestra pequeña sociedad en su segunda generación, tendrá ya conjuntada la inocencia de la experiencia patriarcal con el conocimiento y los auténticos refinamientos de la cultura Europea.

La conexión de Coleridge con América, además de la fundación de esta sociedad igualitaria, ya había empezado con la admiración que siempre tuvo por los inquietos e inteligentes Unitarios que emigraron al nuevo mundo por razones políticas y religiosas.

En la práctica, esta admiración siguió en aumentó a lo largo de su vida e incluso se afianzódurante sus viajes a Malta en 1805 y 1806, donde fomentó la amistad de Washington Allston, pintor que incluso leretrató. Ya en los últimos años de su vida en el santuario de Highgate, Coleridge fue visitado por una procesión de ilustres Americanos entre los que se encontraban Fenimore Cooper, Washington Irving y el líder de los Unitarios, Ralph Waldo Emerson . En un temprano poema de Coleridge Religious Musings y en otro que colaboró con Southey Joan of Arc (libro segundo), se puede vislumbrar y rastrear por donde iban los fundamentos filosóficos que llevaron a estos hechos; era la teoría que interpretaba la naturaleza del mundo desde el punto de vista panteísta y apocalíptico5 . En estos poemas Coleridge contemplaba el mundo no como una materia inerte, sino como un conjunto actuante de fuerzas positivas e inteligentes a las que llamó ‘mónadas’, usando la palabra en el sentido que tenía en siglo XVIII como‘átomo de materiao más bien fuerzas’. Estas mónadas eran a su vez parte de un organismo mayor, ‘la mente infinita’, y estaban organizadas y dispuestas para cumplir su propósito. Este propósito, elevado acategoría política significativa, procedía de la filosofía inglesa del siglo XVII y ya había tenido consecuencias en la Revolución Francesa; pronto aquel ‘corpus’ iba a producir los terremotos ideológicos profetizados en las Revelaciones de San Juan: los cambios culturales, políticos y religiosos del Milenio y la Resurrección de los Muertos. Este conjunto de circunstancias y la idea ‘monadológica’, actuaron como ‘proceso del bien eterno’ para influir definitivamente en las mentes de los jóvenes y magnetizados poetas. Coleridge, en su profundización poético-filosófica de dar respuesta al origen del universo y la propia humanidad, se remonta a la cosmogonía de los espíritus de las estrellas fugaces y de las auroras boreales, que, de una manera confusa, las describió como rebeldes, presumiblemente porque Coleridge hubiera deseado que la aparente rebelión fuera parte del propósito divino; estos espíritus, qué él llamaba ‘lapps’ eran la idealización de las noches en Lapland (Laponia). Coleridge había tenido noticias de una obra quecirculaba por Europa hacia 1738-44 titulada The Background of Thomson Season y en el capítulo III se refería a The Golden Age (la Edad de Oro); en su poema The Destiny of Nations, Coleridge hacía referencia a este pasaje que Thomson denominó ‘the dancing meteors’ (los meteoros que danzan) y son en definitiva la inspiración de su ‘Pantisocracia’, infundida por el halo misterioso y utópico que este pueblo transmitía. En el imaginario romántico, este pueblo ‘los Lapps’, recogía las esencias de unas gentes libres de las ataduras de las leyes, que aborrecían la guerra (en oposición a sus enemigos Los Tartars), que ni pedían ni prestaban dinero, no se veían implicados en crímenes y su lengua mostraba la antigua simplicidad de este pueblo; también llevaban a cabo privaciones que les reforzaba su salud. Había también opinionescontrarias de autores7 que los muestran como supersticiosos y brutales, y que a pesar de la buena opinión que Coleridge muestra hacia ellos, también está de acuerdo con Sheffer en que la superstición era el primer paso para la religión, entendido en sentido negativo.

El pueblo Lapp-Lapón- se extiende como ondeantes estandartes del norte

Pensando que todos aquellos jubilosos espíritus se unirán

En quién allí danza despreocupado con ropas etéreas de luz rosada

Ya que la Imaginación es el poder que primero lustra la mente oscura.

∇ Extraído de PANTISOCRACIA: LA UTOPÍA COLECTIVA DEL ROMANTICISMO INGLÉS J. Miguel Vicente Pecino, El Puerto de Santa María. Artículo Completo en N° Especial Samuel Taylor Coleridge, Buenos Aires Poetry, ©2016.