Desvaríos – de Marisol Bohórquez Godoy

Marisol Bohórquez Godoy (Santa María, Colombia, 1982). Poeta y pintora. Graduada en ingeniería. Algunos de sus escritos han sido publicados en antologías y revistas de Colombia, Mexico, España, Argentina e Italia. La Colección Los Conjurados publicó su primer libro La Soledad de los espejos (2016) y la editorial Rafaelli de Italia publicó una selección de su poesia bajo el titulo Effetto Farfalla (2017). Ha participado como poeta invitada en el Festival Internacional de Poesía de Medellín (Colombia), el Festival de Poesía Joven “La Juntada 2016” en Buenos Aires (Argentina) y Conferencia de poesía latinoamericana en la Universidad Carlo Bo de Urbino (Italia) 2017. Parte de su poesía ha sido traducida al Francés e Italiano.

El poema que no quiso ser escrito

Fui testigo de la guerra antes de mi nacimiento
Yo era un trozo de carne que intentaba latir
en un vientre acechado por la angustia

Resistimos el hambre de los violentos
La lluvia borró el silencio que dejaron las balas
Lavamos nuestras pesadillas en los ríos teñidos de sangre
y mordimos la oscuridad hecha ceniza
para enfrentar el miedo a un nuevo amanecer
con la muerte esperando

Vimos madres llorar a sus hijos
y esposas que eclipsaron el día con el luto en sus ropas
Nos aferramos cada noche a la protección de unos dioses
que aún no muestran su rostro
y ocultamos los sueños bajo el dintel de la puerta

Nuestra herradura de la buena suerte
fue la bendecida víctima de una bala perdida
para que yo pudiera creer en los augurios

Yo vi la guerra antes de mi nacimiento
conocí el llanto de mi madre
y el estrépito en el corazón de mi padre
antes que los cantos de cuna

Vi el naranjo agrio llorar sus naranjas podridas
y servir de refugio a quienes bajo sus ramas
intentaron borrar el infierno de la memoria

Y me preguntan a mí ¿por qué no escribo poemas acerca de la guerra?
A mí, que aún sigo intentando callar el eco de sus voces durante mis sueños

Desvaríos

Sueños de espuma devorados por el tiempo,
recuerdos que destiñen palabras nunca pronunciadas
y que traen tu voz
como la pesadilla del amor que me busca.

¿Es la muerte que me llama
al otro lado de esta angustia?
¿O la vida
tratando de encontrarme entre las piedras?

El mar y sus abismos

Condenada a perder todas las batallas,
elegí ser mar en lugar de roca;
ser impulsada por el viento, sin temor a sucumbir
ante el oscuro vértigo de los acantilados;
porque después de la caída
sé de la fuerza con la que se levantan
mis enfurecidas olas
y de los remolinos que forman.

Sé de la suave espuma que resulta después de un estallido
-labios sedientos que se desvanecen al besar tus costas-

No evitaré mi sal, capaz de corroer los imponentes barcos;
ni evitaré la desembocadura de aguas dulces
que me traen noticias de otros mundos.

Contendré en mi vientre criaturas nobles, bestias feroces
y seré testigo de los amores que se abrazan con el vaivén
de mi música.

Sepultaré cadáveres y sueños,
pero valdrá la pena este infinito de contradicciones
porque sé que me hallarás un día.
Pedirás luz a las estrellas
para navegarme en las noches
y valiente como Ulises
enfrentar todas las tormentas
para conducirme a la orilla
donde mi cuerpo cristalino
sobre cálidas arenas encienda su danza;
tus pies se abracen a efímeras caricias
con el deseo de contenerme
o de regresar a mis aguas,
porque un marinero en tierra
es un hombre que ha perdido la vida.