Carta de Allen Ginsberg [Portland, OR] a Nicanor Parra [Santiago, Chile], 20 de agosto de 1965

Carta de Allen Ginsberg [Portland, OR] a Nicanor Parra [Santiago, Chile], 20 de agosto de 1965

Querido Nicanor querido:

Recibí tu carta desde Santiago el 9 de julio y estoy ahora en el noroeste con Gary Snyder, un viejo amigo poeta que ha vivido en Japón y estudiado zen y lengua china y japonesa durante los últimos 8 años. Nos estamos dedicando a acampar con sacos de dormir en bosques y playas y preparándonos para escalar valles glaciares durante un mes. Luego regresaré a San Francisco y el 15-16 de octubre participaré en una manifestación contra la guerra de Vietnam y quizá acabe en la cárcel otro mes o algo así. Ya veremos.
Me alegra saber de ti, yo he vivido unas cuantas enloquecidas aventuras desde que me fui de Cuba, incluso he pasado unas cuantas noches hasta las 4 de la mañana con Alejandro Jodorowsky en La Coupole de París. Pero empecemos donde lo dejamos.
A las 8.30, después de la fiesta del Habana-Riviera en la que te vi riéndote en pijama por última vez, me despertó alguien llamando a mi puerta y 3 milicianos entraron y me pegaron un buen susto. Pensé que me iban a robar los cuadernos de notas, me despertaron en plena resaca porque solo llevaba 2 horas en la cama. Me dijeron que abra la maleta, que el jefe de inmigración quería hablar conmigo y no me dejaron hacer una llamada, me llevaron a un despacho en La Habana Vieja para presentarme ante el señor Verona, el jefe de inmigración, quien me dijo que me iba a meter en el primer avión que saliera del país. Le pregunté si se lo habían notificado a la Casa de las Américas o a Haydee y me contestó que no, que tenían una cita con Haydee esa tarde y que ella estaría de acuerdo cuando escuchara sus motivos. ¿Qué motivos? “Atentado contra las leyes de Cuba”. “Pero ¿qué leyes?” “Eso tendrá que preguntárselo a usted mismo”, contestó. Mientras me llevaban hacia el aeropuerto les dije que sentía simpatía por la revolución y que me avergonzaba aquella situación tanto por mí como por ellos y le expliqué también que mi mes había terminado, o al menos casi lo había hecho, que los delegados se iban a marchar de todas formas el fin de semana y que sería más diplomático y evitaría a todos un lío si me dejaban marcharme normalmente a Praga con todos los demás, que por qué actuaban de aquella manera tan brusca y sin notificárselo a la casa. “En la revolución tenemos que actuar con rapidez” (…).
Pasé un mes tranquilo en Varsovia, la mayor parte del tiempo estuve solo o borracho con Irridensky, un joven escritor rimbauldiano con aspecto de Marlon Brando de la Unión de Escritores y también largas tardes con el editor de la revista Jazz, que ha publicado mis poemas, un judío muy buen tipo que estuvo en el gueto de Varsovia, escapó y se pasó el resto de la guerra como periodista con el ejército ruso y cruzó el río al otro lado desde Varsovia (…).
El 7 de mayo volé a Inglaterra y escribí un bonito poema “Kraj Majales”, te lo enviaré el mes que viene cuando se imprima – un gran himno paranoico sobre ser el Rey de Mayo y dormir con adolescentes risueños – llegué a Inglaterra y coincidí con Bob Dylan (un cantante folk, ¿recuerdas que tenía su disco en La Habana?), que estaba allí, pasé varios días con él viendo cómo le perseguía toda una generación de muchachas y muchachos pacifistas de pelo largo con abrigos de piel de borrego y mochilas – y en su habitación del Hotel Savoy me pasé una noche de borrachera hablando de hierba y de William Blake con Los Beatles, di un par de recitales poéticos en Londres Liverpool Newcastle Cambridge y me encontré allí con mi amiga, hice más documentales y me hicieron una fiesta de cumpleaños de la lectura en el Institute of Contemporary Arts, me desnudé en mi fiesta de 39 cumpleaños y me puse a cantar y bailar desnudo, los Beatles llegaron a medianoche y se asustaron y marcharon a toda prisa entre carcajadas y diciendo que tenían que cuidar su reputación (…).
Al llegar a Ny tras el episodio kafkiano del registro en la aduana entré en casa y descubrí que mis amigos yonquis habían hecho una visita y habían robado el harmonio indio de Peter Orlovsky y mi última máquina de escribir y luego viajamos a San Francisco a dar una charla sobre poesía en la Universidad de Berkeley con Creeley y Olson y Gary Snyder y vi a más apocalípticos adolescentes delirantes descalzos. También este país revela lentamente su locura absoluta, me enfurecí junto a los estudiantes de Berkeley en una sentada cantando mantras a través del micrófono frente al juzgado en el que les iban a juzgar. Se supone que el 16 de octubre voy a participar en más protestas y mientras tanto, con el dinero de la beca Giggenheim, me he comprado un Volkswagen con transistor, una autocaravana en miniatura que alcanza los 100 km por hora y dura 10 años o más, con cama y nevera y mesa para escribir y radio y pequeños armarios en el interior, y viajo a través de bosques de secuoyas y leo mapas, y fui a casa de Snyder en el noroeste para escalar quizá el monte Olympus antes de que regrese al monasterio zen para estudiar cosas en otoño (…).

Te quiere,
Allen

Extraído de Allen GINSBERG, Ginsberg Esencial. Edición e introducción de Michael Schumacher. Traducción de Andrés Barba y Rodrigo Olavarría, Editorial Anagrama, Barcelona, 2018.