Cinco poetas del grupo surrealista de Tenerife, España (1931-1940): Pedro García Cabrera

Pedro García Cabrera, nace en Vallehermoso (Isla de La Gomera, España), el día 19 de agosto de 1905. Pasa allí sus primeros años, pero, luego, su familia se traslada a Sevilla, aunque regresa al poco tiempo. En los años 20, se establece ya en Santa Cruz de Tenerife, donde destinan a su padre como maestro. Comienza su Bachillerato en el Instituto General y Técnico de Canarias, en La Laguna, y cursa el resto en el Establecimiento Municipal de Segunda Enseñanza de Santa Cruz de Tenerife. A partir de 1922, aparecen sus primeros trabajos literarios en La Voz de Junonia y en Gaceta de Tenerife. En estos años realiza funciones de secretario y encargado de la administración en la redacción de la revista Hespérides, dirigida por Rafael Peña León. Esta publicación periódica acoge en su seno las colaboraciones asiduas de los que se convertirían en sus compañeros de generación: Domingo Pérez Minik, Eduardo Westerdahl, Emeterio Gutiérrez Albelo, el pintor Juan Ismael y el escultor Francisco Borges. En todas estas publicaciones el joven poeta edita sus primeros versos y reflexiones críticas.

La vanguardia en Canarias, en lo que a literatura se refiere, tradicionalmente parece arrancar definitivamente en 1927, con la aparición de la revista La Rosa de los Vientos. Si bien García Cabrera no llega a publicar en dicha revista ningún trabajo suyo, en esta época comienza a enviar sus colaboraciones a El Progreso y Las Noticias. Y es en 1928 cuando edita su primer compendio de poemas, Líquenes, a través de Hespérides. En este primer intento el profesor Nilo Palenzuela ha visto una aproximación inicial a los movimientos de vanguardia, especialmente al creacionismo. En ese mismo año, el poeta gomero firma en La Gaceta Literaria el manifiesto que anuncia la futura aparición de la revista Cartones. También forma parte del grupo de vanguardia «Pajaritas de Papel».

A partir de 1929 empieza a publicar sus primeros ensayos y artículos de más relevancia. Su madurez artística y reflexiva, así como sus aptitudes para el compromiso político, adquieren a partir de estos años mayor fuerza. El año 1930 fue especial para Pedro García Cabrera porque su madurez crítica comienza a dar frutos interesantes: junto a Juan Ismael, José Antonio Rojas, Julio de la Rosa, Domingo López Torres, Josefina Corujo y Antonio Guillermo Cruz, funda la revista Cartones, que dura solo un número. También escribe el célebre ensayo «El hombre en función del paisaje», texto fundamental para su generación, fruto de la conferencia de clausura de la muestra de los alumnos de la Escuela Luján Pérez de Las Palmas de Gran Canaria, así como otros trabajos ensayísticos: «La ordenación de lo abstracto», «Regionalismo y universalismo», «Notas para una estructuración de las islas», entre otros. En este mismo año inicia su principal proyecto teatral: Proyecciones, que redactará entre 1930 y 1931, probablemente. Pero también aparece el poema «Pitera», en Cartones, en 1930, que incluye en su serie poética La aurora sumergida (publicada completa por primera vez en 2010), fruto de sus investigaciones con el lenguaje de vanguardia.

En 1931, aunque funda el grupo Rebeldía y Disciplina, junto a Eduardo Westerdahl, el cual presenta la Exposición del libro contemporáneo, y anuncia la próxima aparición de una revista, además de ser miembro de la Junta de Gobierno del Círculo de Bellas Artes de Tenerife, en Pedro García Cabrera el compromiso político adquiere una gran importancia. En esta época abandona sus estudios por la militancia política, participa en las elecciones municipales en la Conjunción Republicano-Socialista, es elegido portavoz socialista en el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, concejal inspector de Alamedas y Paseos, consejero del Cabildo Insular de Tenerife, responsable de las emisiones de Radio Club Tenerife, director del periódico El Socialista, además de vincularse como miembro de la Junta Provincial de Turismo.

Uno de los acontecimientos más importantes que vive el poeta en estos años es la fundación de la revista internacional de cultura Gaceta de Arte (1932-1936), cuyo director es Eduardo Westerdahl, al principio asociada al Círculo de Bellas Artes de Tenerife, luego se desvincula de dicha entidad. García Cabrera participa como secretario de redacción. En ella figuran algunos de los jóvenes que se habían formado en torno a la revista Hespérides: Francisco Aguilar, Domingo López Torres, Óscar Pestana Ramos, Emeterio Gutiérrez Albelo, José Arozena y Domingo Pérez Minik. También se incorporaría oficialmente Agustín Espinosa en un momento posterior y Aguilar no figuraría en los dos últimos números dentro del consejo de redacción. Es la publicación por excelencia de la vanguardia canaria, la que marcó un punto de inflexión en la vida intelectual de las Islas. En la actualidad es considerada como uno de los valores más importantes de la cultura de Canarias y un momento muy destacado de la evolución artística europea de los años 30 del siglo XX.

Entre 1932 y 1934, Pedro García Cabrera publica destacados ensayos como «El hacha y la máscara» (1932), «Casas para obreros» (1932), «Influencia mediterránea y atlántica en la poesía» (1932), «Expresión de G. A. Por una dialéctica urbana» (1933), «La concéntrica de un estilo en los últimos congresos» (1934), entre otros. En ese año, en 1934, sucedió un incidente que afectó personalmente al poeta. Es condenado a una pena de destierro a 25 kilómetros de Santa Cruz de Tenerife durante un año, por un delito de injurias al candidato del partido republicano, el poeta y abogado Ramón Gil Roldán, debido a un «entrefilet» publicado en 1931, en El Socialista. García Cabrera decide cumplir su pena en Tafira (Gran Canaria), en casa de un familiar. Durante este tiempo trabaja para el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, elaborando el padrón de la ciudad. Allí escribe Transparencias fugadas, inicia La rodilla en el agua (1934-1935), que no se publica hasta 1981, y, además, compone la prosa surrealista Los senos de tinta (1934). Este texto se incluye póstumamente en las Obras completas, en 1987, cuatro tomos al cuidado de Sebastián de la Nuez, Nilo Palenzuela y Rafael Fernández Hernández. A su vuelta en octubre a Tenerife publica su segundo libro de poemas, Transparencias fugadas, en ediciones Gaceta de Arte.

El año 1935 es muy importante para la historia de la vanguardia hispánica, ya que se celebra la «II Exposición Internacional del Surrealismo» –en la que participa activamente el propio García Cabrera–, compuesta de numerosas piezas de los principales artistas del momento dentro de este movimiento que traen los invitados a Tenerife André Breton, Benjamin Péret y Jacqueline Lamba. Fruto de las impresiones de la estancia en la isla, de las conversaciones, lecturas y diversas conferencias pronunciadas, tanto los poetas franceses como los canarios de Gaceta de Arte, publican un manifiesto conjunto que aparece en el n.º 2 del Boletín Internacional del Surrealismo, donde se posicionan en una sola voz acerca de diversos acontecimientos artísticos y socio-políticos del momento.

Durante esta época, la obra crítica y ensayística de García Cabrera se amplía con trabajos tan destacados como «Acotaciones al Congreso Internacional de escritores proletarios» (1935), «El pleito surrealista. La moral del tanto por ciento» (1935), «El movimiento revolucionario de octubre» (1935), entre otros. Al mismo tiempo, traduce los poemas de Benjamin Péret, André Breton y Paul Éluard que publicará Gaceta de Arte.

En 1936, en las elecciones de febrero, triunfa el Frente Popular y García Cabrera se incorpora al Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife como 4º Teniente de Alcalde. Además, es uno de los compromisarios enviados para la elección del presidente de la República: Manuel Azaña. Su actividad creadora no se detiene: en junio participa con un objeto surrealista en la exposición «Arte Contemporáneo ADLAN-Gaceta de Arte»; publica en el último número de esta revista tres poemas de clara afiliación surrealista que más adelante incorporará en el libro Entre la guerra y tú («El reloj de mi cuerpo», «La cita abierta» y «Con la mano en la sangre»), y el 1 de julio pronuncia la conferencia «Sentido revolucionario del arte nuevo», en el Puerto de la Cruz (Tenerife).

En ese año, el poeta canario continúa su andadura por el surrealismo y comienza a escribir un libro de poemas que tituló inicialmente Vidas irracionales. Se publicará por primera vez en Papeles invertidos, en 1980,bajo el título Dársena con despertadores, pero en 2010, en la edición de Roberto García de Mesa titulada La aurora sumergida y otros poemas inéditos (2010) serán recuperados otros dos poemas escritos en sus primeros años de la posguerra, que iban destinados a dicha obra: «Solo de paredes» y «Soliloquio de torre», ambos fechados en abril de 1943, y redactados en la prisión provincial de Granada. El libro se interrumpe porque la Guerra Civil lo coge por sorpresa, como a tantos otros. García Cabrera es detenido el 17 de julio de 1936. A partir de entonces, su vida estará determinada por las terribles consecuencias del conflicto bélico. En su caso, lo encierran en el campo de concentración de Villa Cisneros, del que se logra fugar. Se une al frente republicano en Andalucía y es capturado durante la guerra. Vuelve a entrar en prisión hasta la segunda mitad de los años cuarenta y puesto en libertad vigilada a partir de 1946. Al poco tiempo, regresa a Tenerife y se casa algún tiempo después con Matilde Torres Monreal. En el panorama asfixiante para los perdedores de la guerra, bajo la dictadura del general Franco, impulsó, junto a sus amigos Eduardo Westerdahl y Domingo Pérez Minik, diversos proyectos: la revista De Arte, que dio un solo número en 1950; las páginas literarias tituladas «Gaceta Semanal de las Artes», en La Tarde, desde 1954, entre otros. Sus libros publicados a partir de la guerra fueron Día de alondras (1951), La esperanza me mantiene (1959), Entre cuatro paredes (1968), Vuelta a la isla (1968), Hora punta del hombre (1969), Las islas en que vivo (1971), Elegías muertas de hambre (1975), Ojos que no ven (1977), Hacia la libertad (1978), Dársena con despertadores (1980) y La rodilla en el agua (1981).

Su actividad política toma cuerpo con la transición de la sociedad española a la democracia. Su ideología vuelve a salir a la luz pública, ya que es nombrado, en 1976, presidente de honor de la Nueva Ejecutiva Insular del Partido Socialista Obrero Español en Tenerife y, además, pasa a ocupar el cuarto puesto en la lista de dicho partido al Senado por la Isla de La Gomera, en 1977. A finales de esta década se le agudiza un cáncer de próstata y en 1980 viaja a Suecia en busca de una cura. En 1981, el Cabildo Insular de Tenerife le concede la Medalla de Oro de la isla, y la recibe dos días antes de morir. El poeta fallece el 20 de marzo de 1981, en Santa Cruz de Tenerife, a los 76 años.

Roberto García de Mesa


Selección de textos

Senos de tinta (fragmento)

¡Una mancha de tinta! Por un instante relampagueó un temblor en sus manos recordadas. Y se apretó más a sí, se redondeó más, acurrucándose fuertemente. Sin embargo, el débil desnivel de abrigos dio paso a las agujetas del frío en las espaldas. Simultáneamente surgió aquella representación de sus manos hundidas en el agua helada del atardecer para borrar con su esponja transparente la mancha de tinta de su dedo. Todas estas recordaciones, al corporeizarlas, las desvela difusas, en un escenario sin fondo, bambalinas ni candilejas, a la intemperie casi, dentro de una bola de aire enrarecido, espesándose hacia la periferia. Y los objetos y su figura cobraban un sentido antiespacial, ni grande ni pequeño, adivinándolas, e intuyendo sus equivalentes plásticos en una astralidad esmerilada. Siempre le ocurría lo mismo. Cuanto más se esforzaba en plastificar los detalles contenidos en sus horas vencidas, más se esfumaban en aquella vaga penumbra aposentada en su conciencia.
Aquel recuerdo del agua fría, al pasar ahora por sus sienes calientes, le contagiaba de una deliciosa frescura que le hacía comprender el goce que han de experimentar los motores de explosión al circular por su red de arterias cristalinas refrigeraciones.
Aquella mancha negra se resistía a dejarse vencer por el agua. En ese sistema de surcos insignificantes que son las puntas de los dedos, se hacía fuerte, penetrándolos con insistencia. Aquella mancha se hizo piel, carne nueva, formando parte de su nieve orgánica, afirmando por contraste su albura y negándola con su negrez. ¡Sus manos manchadas! Accidente trivial, pero lleno de sentido. ¡Las manos! ¡Cuántas veces le asaltó la obsesión de que su vivir se transformaría en otro distinto de faltarle las manos! El mundo de la mecánica, lleno de fuerzas fatales, mugía sus articulaciones aceitosas, las rosas de aire de los volantes, las murmuraciones de sus aceros, solo con que una mano estableciese un circuito, moviese una rueda o apretase un botón. Eran las caracolas del devenir en cuyas conchas vigilaban sus ángeles custodios. Y aquella gota negra, gangrenosa, le agujereaba la carne. Sintió una repulsión instintiva casi cósmica, contra aquel bautismo de presagios que se acumulaba en los ojos, cegándolos. Que se le derramaba en sus interiores departamentos, nube de tormenta con vientre de lluvia.

1934, publicado por primera vez en las Obras completas, de Pedro García Cabrera
(vol. 1, Islas Canarias, Gobierno de Canarias, 1987)

La cita abierta

Por la derecha de la voz del sueño de la estatua
pasa un río de pájaros.
El río es una niña y el pájaro una llave.
Y la llave un campo de trigo
que abre un lento caracol de cien días.
Esto quiere decir que las colinas de los hombres rotos
son de cartón, madera y nueces verdes.
Pero no toquéis esa angustia: es toda del domingo
que crearon los nidos donde mañana empollarán las piedras adúlteras.
Es de aquel pez que mira por el ojo del mar
cómo la guerra es la ternura que guardan los lechos vacíos
y la paz esa sangre con que los pies salpican sus cadenas.
Vámonos ya. No taladres la sombra que tenía hace cuatro años,
que me duelen los dedos del hambre y el corazón de las lluvias.
Mejor es que te duermas, que prosigas andando.
Yo te esperaré hasta los tigres, a la orilla del lago, después de la vendimia,
mintiendo labradores a los campos
y hombros de alguien sobre las desiertas promesas sin agua.

Con la mano en la sangre

Nadie se acuerda ya de la Gran Guerra
y aún tienen los ríos su largo brazo en cabestrillo
y los ojos saltados los puentes
y corazones ortopédicos los hombres.
Solo tú, yo y aquel sueño polar de golondrinas,
con nuestras aguas verdes por la espera,
batimos el recuerdo en tu mármol, en mi frente, en su oído.
Nos venderán de nuevo
aunque prosigan con su rebelión armada los rosales
y la mentira con sus tres dimensiones y un pico con ojeras
y el treno de los trenes en el trino de una estación al este de los mares.
Todo se perderá: corales, ruiseñores,
la última comedia que apunte el caracol desde su concha,
los diarios que voceen las ranas al crepúsculo,
tu orfelinato de montañas locas,
tantas y tantas cosas que ignoran los cipreses.
Y de tu voz, hasta de tu voz, que enlaza las sedas con los pámpanos,
fabricarán cañones que habrán de bendecir los obispos
para que rompan más eficazmente las venas de los sueños.
Se nos dará una gran razón: que somos hijos de la patria,
sin saber que a ti, a mí y al sueño polar de golondrinas
nos sobra espacio para vivir, aun dentro de un beso de paloma.

El reloj de mi cuerpo

Apenas a tus ojos asomaron los ríos de sangre derramada en la guerra
cuando la noche, con su quilla helada, atravesó mis bosques de ternura.
Oh los mares sin islas, las huellas de tus manos en el aire de mis cabellos,
ya sin ti, al pie de los días crucificados, mientras maduran las naranjas.
Aún estoy sordo de la despedida, cuando las mariposas se quemaron las alas
entre las campanadas de los pájaros disecados en las paredes
y los relojes despiertos en los árboles del jardín.
Toda la tierra tiene ahora un frescor de ceniza y arena.
Las botellas recuerdan aquel último beso estallado en sus cuellos
sin que puedan los líquidos hacerlas olvidar que te marchaste.
Te lloro con mis manos y con mis muslos que ya no encuentro
más que a través de trincheras abandonadas y de globos cautivos.
He puesto el latir de mis sienes al compás de tus pasos subiendo la escalera
para oír cómo pisa tu sangre sobre las yemas de mis dedos ausentes.
Sigue el dolor rodando. Y es tan duro
que podría servir de rieles a los trenes cargados de heridos.
Y tengo miedo. Miedo de que se escape de mi insomnio
helando las palabras que dicen las cerillas a los niños.

En Gaceta de Arte, n.º 38, Tenerife, junio, 1936

Habla un interruptor

No me preguntéis cuántos pensamientos
caben a la redonda en mi cabeza
porque os diré que tantos
como acantilados en un percebe.
Pero cuando orino a la hora de la nostalgia
no recuerdo la lectura si los libros son verdes.
Y bien sabéis que una cartera de piel de ante puede
magnetizarme teniendo las manos apagadas.
Y que mi sueño más bello es aquel
en que una mujer desnuda se va quedando
transparente como un farol tocado de ateísmo.
Y que solo contraería matrimonio
con una brújula
a condición de tener cuatro hijos ciegos.
Y que si mi risa es una catarata puesta a secar
es porque la música de los pájaros
me sugiere una pelota que se hincha de turbias patadas
y porque las bocinas de los automóviles
tienen olor a arco iris.
Las ventanas que dan al patio de los contratiempos
son del mismo matiz de mi frente
y desde ellas prefiero, de tarde, la letra m si es pelirroja,
al amanecer, una entre la g y la h,
y al mediodía, la misma que picotean los tirabuzones del alba.
Como mis sentidos nacieron en una naranja con relámpagos,
a veces,
cuando la noche no está de guardia,
la lluvia puede dilucidar la joroba de un centinela.
Pero a pesar de todo esto
nunca acariciaré los rayos del sol
porque mi soledad está siempre libertando
cerrojos del tamaño de hombres.

Habla el Pájaro del Sueño

Como por sus hábitos se desconocen los fantasmas
quiero exponer la clave de mis actos mejores.
Así aprenderéis
que
para psicoanalizar el vuelo de las mariposas
no hay mejor aparato que los imanes de mi propio pico.
Que no siento envidia de la niebla
porque la verdadera soy yo mismo, adaptada
a la forma de mi deseo de trotamundos.
La que veis en el campo es solo un espejismo
que no puede sostener las arañas de los reflejos.
Que aprovechando los insomnios de mi larga cola de encaje
puede un insecto oscurecer la noche de unas sienes.
Lo que no sabréis nunca es si los caminos
dan el pecho o la espalda a los transeúntes
porque depende
de cuál de mis alas señale el oeste de un grito.
Nadie podrá explicarse que mi mayor sorpresa
sea hallar un violín pelirrubio
en una voraz planicie de hielo,
aunque sepa que el color de las ansias
es el del llanto de un amor madurado entre ortigas.
Lo mismo de un caracol, que de un suspiro, que de una pezuña,
haría un micrófono
para oír el jadeo del agua en los fondos de la luz.
Si existiera mi muerte
enviaría a buscarla por mis ojos adentro
con el primer sombrero de copa que pasase
vestido con plumas incendiadas.
Hay una palabra única que me levanta la ternura,
esa que se balancea
en la punta de la lengua de un retórico.
Para mí nunca llueve, pero si me lloviese
serían letras góticas y algodones en llamas.
Este es mi alcohol. Líbalo mientras duermes.
Por esta vez tan solo a conduciros voy
al paisaje más iracundo de la tierra,
sangrando a la derecha de un ensueño de alondras.
Ninguna esperanza
me obceca,
tanto por ser todas las obcecaciones a la vez
como por inclinarse más allá de todos los mares.
Así comprenderéis
que no tengo salvación fuera de mis costados,
que soy azar y suerte
porque vivo en las fuentes de donde manan,
que siendo la más audaz caja de prestidigitadores
anido en la encrucijada de las querencias.
Y que mi exclusivo fracaso,
el mío,
el del pájaro del sueño,
es que nadie me reconozca
como la ganzúa de todas las claridades.

Julio de 1936, antes de ser detenido. En Dársena con despertadores
(Santa Cruz de Tenerife, Papeles Invertidos, números 4-5, 1980)

Nota biobibliográfica y selección de Roberto García de Mesa | Buenos Aires Poetry, 2020