Silvas | Publio Papinio Estacio

Publio Papinio Estacio (Statius) fue un poeta latino nacido el año 45 en la región de la actual Nápoles, donde dedicó su vida a la enseñanza y a la poesía. Buscó ser un poeta de la corte, motivo que lo llevó a Roma. Tuvo una vida humilde en cuanto relaciones sociales y amorosas, pero su vida era ser un letrado en la corte del emperador Domiciano. Su obra está inspirada en la mitología, en las épicas clásicas en contraste con la vida social que observaba. Sus Silvas tienen muchas cualidades trovadorescas: el amor, el panegírico, el elogio, el sueño, etc. en forma de poesía lírica improvisada. Se convirtieron en una fuente de representación de la alta sociedad romana. Se creía que alcanzó a convertirse al cristianismo gracias a la Eneida de Virgilio y Dante le da un lugar particular en el Purgatorio. Se desconocen las circunstancias de su muerte, aunque se cree murió en el año 96.

Silvae
Liber II
V. LEO MANSVETVS

Quid tibi monstrata mansuescere profuit ira?
quid scelus humanasque animo dediscere caedes
imperiumque pati et domino parere minori?
quid, quod abire domo rursusque in claustra reverti
suetus et a capta iam sponte recedere praeda
insertasque manus laxo dimittere morsu?
occidis, altarum vastator docte ferarum,
non grege Massylo curvaque indagine clausus,
non formidato supra venabula saltu
incitus aut caeco foveae deceptus hiatu,
sed victus fugiente fera. stat cardine aperto
infelix cavea, et clausas circum undique portas
hoc licuisse nefas placidi tumuere leones.
tum cunctis cecidere iubae, puduitque relatum
aspicere, et totas duxere in lumina frontes.
at non te primo fusum novus obruit ictu
ille pudor: mansere animi, virtusque cadenti
a media iam morte redit, nec protinus omnes
terga dedere minae.
sicut sibi conscius alti
vulneris adversum moriens it miles in hostem
attollitque manum et ferro labente minatur,
sic piger ille gradu solitoque exutus honore
firmat hians oculos animamque hostemque requirit.
magna tamen subiti tecum solacia leti,
victe, feres, quod te maesti populusque patresque,
ceu notus caderes tristi gladiator harena,
ingemuere mori; magni quod Caesaris ora
inter tot Scythicas Libycasque, e litore Rheni
et Pharia de gente feras, quas perdere vile est,
unius amissi tetigit iactura leonis.

Silvas
Libro II
V. El león dominado

¿Qué cosa útil se demostró con dominar tu ira?
¿y con olvidar el ánimo de crimen, el asesinar al humano,
sufrir su imperio y obedecer a un señor más débil?
¿y con salir de la casa para regresar a tu encierro
y retroceder en tomar la presa y enseguida
dejarla libre de tus manos y tu mordisco?
Mueres, docto depredador de grandes fieras,
no encerrado bajo mira en medio del rebaño masilo,
no temido por el salto sobre el venablo,
ni ciego por el engaño de la trampa,
sino vencido por una fiera en fuga.
La infeliz jaula está abierta y alrededor las puertas cerradas,
por todas partes estos plácidos leones sufren la impiedad.
Entonces, cortan las melenas por entero,
observan el relato, se avergüenzan
y se llevan la luz de sus frentes.
Pero no caíste abrumado por la vergüenza del primer golpe:
mantén tu espíritu y tu virtud caída volverá
de en medio de la muerte y no cederá
delante de todas las amenazas.
Como un soldado consciente de su herida,
moribundo avanza frente al adversario,
levanta la mano y desliza agónico el hierro,
así el león agotado, despojado de su honor habitual,
abre sus ojos, fortalece su alma y busca al enemigo.
A pesar de estar vencido, te elevas de la muerte
y llevas contigo un gran alivio:
el pueblo y el senado entristecidos lloran tu derrota
como por un gladiador caído en la arena;
y, entre todas esas bestias de Escitia o de Libia
y esas del río Rin o del poblado de Faros,
cuyas muertes no valen,
un solo león caído
conmueve al Gran Cesar.

Silvae
Liber V
IV. SOMNVS

Crimine quo merui, iuvenis placidissime divum,
quove errore miser, donis ut solus egerem,
Somne, tuis? tacet omne pecus volucresque feraeque
et simulant fessos curvata cacumina somnos,
nec trucibus fluviis idem sonus; occidit horror
aequoris, et terris maria adclinata quiescunt.
septima iam rediens Phoebe mihi respicit aegras
stare genas; totidem Oetaeae Paphiaeque revisunt
lampades et totiens nostros Tithonia questus
praeterit et gelido spargit miserata flagello.
unde ego sufficiam? non si mihi lumina mille,
quae sacer alterna tantum statione tenebat
Argus et haud umquam vigilabat corpore toto.
at nunc heu! si aliquis longa sub nocte puellae
brachia nexa tenens ultro te, Somne, repellit,
inde veni; nec te totas infundere pennas
luminibus compello meis hoc turba precatur
laetior: extremo me tange cacumine virgae,
sufficit, aut leviter suspenso poplite transi.

Silvas
Libro V
IV. El Sueño

¿Por qué crimen, joven plácido dios,
o por qué mísero error, Sueño, merezco
ser el único que carece de tus dones?
Callan todas las reses, los pájaros y las fieras,
y las cóncavas cumbres simulan exhaustos sueños;
no suena igual el ruido de los ríos,
cesa el estremecimiento de las aguas
y la mar se acuesta a reposar sobre la tierra.
Ya es el séptimo regreso de Febe
y de pie me mira los ojos enfermos,
otras veces las lámparas de Eta y de Pafo
vuelven a visitarme,
y otras más nuestra Titonia pasa
y ahuyenta los lamentos con su gélido látigo.
¿No he tenido suficiente? Nunca Argos,
quien tenía miles de ojos por todo el cuerpo,
vigiló mi refugio sagrado. ¡Y ahora esto!
Si, bajo la larga noche, alguno te expulsa
del abrazo de su amada, Sueño, ven de allí;
no te obligo a extender tus plumas sobre mis ojos,
como la gente ruega para ser feliz:
basta que con el extremo de tu báculo me toques
o bien tus ligeros pasos me suspendan.

Extraído de Stazio, Le selve, Italia: Oscar Mondadori, 2006 | Traducción de Mario Chávez Carmona | Buenos Aires Poetry, 2020.