Elegías | Albio Tibulo

Albius Tibullus nace cerca del 54 a.C. en Gabii o Pedum. Sobrevivieron pocas referencias acerca de su vida. Lo más importante fue registrado por Domicio Marso en un epigrama:

«Albio Tibulo, caballero romano de Gabios, destacado por su belleza y admirable por el cuidado de su aspecto, siguió antes que a otros la causa de Mesala Corvino, e incluso, como compañero suyo en la guerra de Aquitania, recibió los honores militares. Éste, a juicio de muchos, ocupa un lugar destacado entre los autores elegíacos. También sus cartas amatorias, aunque breves, son generalmente provechosas. Murió joven, como indica el epigrama escrito más arriba».

El resto de su vida se reconstruyen a partir de sus propias elegías y referencias de otros poetas como Horacio. Su actividad poética la desarrollo en el círculo de Mesala Corvino. Junto a Propercio es uno de los más distinguidos en la elegía, estilo poético que manifiesta su añoranza por la paz y la serenidad de la vida romana tradicional antes de las confiscaciones del segundo triunvirato. Sus poemas son principalmente amorosos. Ovidio dedicó una sentida elegía a Tibulo en el momento de su muerte alrededor del 19 a.C.

Elegiae
Liber III
VI

Candide Liber, ades – sic sit tibi mystica uitis
semper, sic hedera tempora uincta feras –
aufer et, ipse, meum, pariter medicande, dolorem:
saepe tuo cecidit munere uictus amor.
Care puer, madeant generoso pocula baccho,
et nobis prona funde Falerna manu.
Ite procul durum curae genus, ite labores;
fulserit hic niueis Delius alitibus.
Vos modo proposito dulces faueatis amici,
neue neget quisquam me duce se comitem,
aut si quis uini certamen mite recusat,
fallat eum tecto cara puella dolo.
Ille facit dites animos deus, ille ferocem
contundit et dominae misit in arbitrium,
Armenias tigres et fuluas ille leaenas
uicit et indomitis mollia corda dedit.
Haec Amor et maiora ualet; sed poscite Bacchi
munera: quem uestrum pocula sicca iuuant?
Conuenit ex aequo nec toruus Liber in illis
qui se quique una uina iocosa colunt,
nunc uenit iratus nimium nimiumque seueris:
qui timet irati numina magna, bibat.
Quales his poenas qualis quantusque minetur,
Cadmeae matris praeda cruenta docet.
Sed procul a nobis hic sit timor, illaque, si qua est,
quid ualeat laesi sentiat ira dei.
Quid precor a demens? Venti temeraria uota,
aeriae et nubes diripienda ferant.
Quamuis nulla mei superest tibi cura, Neaera,
sis felix et sint candida fata tua.
At nos securae reddamus tempora mensae:
uenit post multos una serena dies.
Ei mihi, difficile est imitari gaudia falsa,
difficile est tristi fingere mente iocum,
nec bene mendaci risus componitur ore,
nec bene sollicitis ebria uerba sonant.
Quid queror infelix? Turpes discedite curae:
odit Lanaeus tristia uerba pater.
Gnosia, Theseae quondam periuria linguae
fleuisti ignoto sola relicta mari:
sic cecinit pro te doctus, Minoi, Catullus
ingrati referens impia facta uiri.
Vos ego nunc moneo: felix, quicumque dolore
alterius disces posse cauere tuos.
Nec uos aut capiant pendentia bracchia collo
aut fallat blanda sordida lingua fide;
etsi perque suos fallax iurauit ocellos
Iononemque suam perque suam Venerem,
nulla fides inerit: periuria ridet amantum
Iuppiter et uentos inrita ferre iubet.
Ergo quid totiens fallacis uerba puellae
conqueror? Ite a me, seria uerba, precor.
Quam uellem tecum longas requiescere noctes
et tecum longos peruigilare dies,
perfida nec merito nobis inimica merenti,
perfida, sed, quamuis perfida, cara tamen!
Naida Bacchus amat: cessas, o lente minister?
Temperet annosum Marcia lympha merum.
Non ego, si fugit nostrae conuiuia mensae
ignotum cupiens uana puella torum,
sollicitus repetam tota suspiria nocte.
Tu, puer, i, liquidum fortius adde merum.
Iam dudum Syrio madefactus tempora nardo
debueram sertis implicuisse comas.

Elegías
Libro III
VI

Cándido Líber, ven aquí -que los misterios del vino,
y la corona de hiedra sean siempre
y por buen tiempo tuyos-,
y aleja mi dolor con esta medicina;
tu don deja al amor derrotado.
Querido chico, llena los vasos con generoso vino,
inclina esa mano y derrámalo para nosotros.
Fuera lejos de aquí, genio de las preocupaciones,
deberes, lárguense;
que brille Delio con alas de nieve.
Ustedes, dulces amigos, sigan este propósito
y que ninguno rechace continuar mi guía,
Pero si alguien rehúsa el certamen del vino,
que su amada lo engañe en secreto dolo.
Aquel dios ilumina los ánimos, abate al feroz
y lo somete al arbitrio de su amada,
aquel vence a los tigres de Armenia
y a los dorados leones
y relaja el corazón de los indomables.
Estas cosas y más puede Amor,
pero pidan los dones de Baco;
¿quién de ustedes agradece el vacío de sus copas?
Líber favorece por igual, sin enojo,
a quienes lo veneran alegremente con vino,
pero ahora viene airado y demasiado severo:
así que quien tema al gran dios iracundo, que beba.
Qué penas, cuáles y cuántas amenazas
enseña la ensangrentada presa de la madre Cadmea.
Que este temor esté lejos de nosotros,
pero en cambio, si lo merece, que aquella
sienta la ira del dios herido.
¿Qué ruego, demente? Que los vientos, los aires y las nubes
disuelvan las temerarias promesas.
Aunque no subsista tu cariño, Neera,
sé feliz y que tu destino sea brillante.
Nosotros preocupémonos del tiempo sobre nuestra mesa:
después de tanto, al fin llegó un día tranquilo.
¡Pobre de mí! difícil es imitar falsos goces,
difícil es fingir bromas con el corazón triste,
ni quien miente dibuja bien una sonrisa,
ni suenan bien las palabras de un ebrio angustiado.
¿De qué me quejo, infeliz? Váyanse pesadumbres:
El padre Laneo odia las tristes palabras.
Cnosia, frente a un mar desconocido
lloraste sola y abandonada por los perjuicios de Teseo:
así cantó el docto Catulo los actos de un marido ingrato.
Así declaro: feliz quien aprenda
de los dolores ajenos para evitar los suyos.
No sean seducidos por los brazos que penden al cuello
ni sean engañados por la lengua de floja lealtad:
Y aunque la embustera jure por sus ojos,
y por los de Juno, y por los de Venus,
su fidelidad contendrá solo vacío.
Júpiter se ríe de los dolores de los amantes
y hace que sean disueltos por los vientos.
Entonces, ¿por qué tantas veces sufro
por las palabras falsas de esa mujer?
Discursos serios, lejos de mí, les ruego.
Cómo quisiera reposar contigo las largas noches
y velar contigo largos días…
¡Pérfida, no merecía tu enemistad,
pérfida, pero aunque pérfida, por mí querida!
Baco ama a las Náyades… ¿ya no sirves, copero inútil?
El agua Marcia templa el vino añejo…
Si esa muchacha deseosa por una cama desconocida
huye de nuestro banquete,
no seré yo quien continúe a repetir mis lamentos,
suspirando toda la noche.
Prosigue, compañero, sírveme un trago más fuerte.
Ya de hace tiempo, al empapar mi sienes con nardo sirio,
debí haber coronado mi cabello con guirnaldas.

XVI

Gratum est, securus multum quod iam tibi de me
permittis, subito ne male inepta cadam.
Sit tibi cura togae potior pressumque quasillo
scortum quam Serui filia Sulpicia:
solliciti sunt pro nobis, quibus illa dolori est
ne cedam ignoto maxima causa toro.

XVI

Es gracioso todo aquello que te permites de mí,
no me voy a dejar caer como un inepto.
Más aprecio tienes por la toga
y por una prostituta con canasto
que por Sulpicia, la hija de Servio.
Se preocupan por nosotros y hasta se acongojan
para que no ceda a los encantos de una desconocida.

Extraído de Tibullo. Elegie. BUR Biblioteca Univ. Rizzoli, 1989 | Traducción de Mario Chávez Carmona, Buenos Aires Poetry 2021.