Epitafio & otros poemas | John M. Synge

John Millington Synge nació en Rathfarnham, Irlanda, en 1871. Después de graduarse en el Trinity College, estudió música en Alemania y posteriormente residió en París, donde gracias a su amistad con Yeats se entusiasmaría por la cultura celta. Su estancia en las islas Arán y su contacto con el peculiar modo de vida y las fantásticas creencias populares de las islas le llevaron a escribir una serie de obras de teatro –In the Shadow of the Glen (1904), Jinetes hacia el mar (1904), The Playboy of the Western World (1907)- que alcanzaron de inmediato una gran popularidad. Poco antes de su prematura muerte, publicó Las islas Aran (1907; ALBA CLÁSICA núm. XL), su única obra narrativa. Murió en Dublín el 24 de mayo de 1909. Synge está considerado uno de los mayores dramaturgos irlandeses; sus obras influyeron decisivamente en la literatura, tanto irlandesa como norteamericana, de la primera mitad del siglo XX.

EPITAPH
After reading Ronsard’s lines from Rabelais

If fruits are fed on any beast
Let vine-roots suck this parish priest,
For while he lived, no summer sun
Went up but he’d a bottle done,
And in the starlight beer and stout
Kept his waistcoat bulging out.
Then Death that changes happy things
Damned his soul to water springs.

EPITAFIO
Tras leer el epitafio de Ronsard a Rabelais

Si los frutos se alimentan de cualquier bestia,
que las raíces de la vid chupen de este cura parisino,
porque mientras vivió, ni un sol asomó
sin que acabara una botella,
y a la luz de las estrellas la cerveza negra
mantuvo su chaleco abultado.
Entonces la muerte que cambia las cosas felices
condenó su alma a los manantiales.

TO THE OAKS OF GLENCREE

My arms are round you, and I lean
Against you, while the lark
Sings over us, and golden lights, and green
Shadows are on your bark.

There’ll come a season when you’ll stretch
Black boards to cover me;
Then in Mount Jerome I will lie, poor wretch,
With worms eternally.

A LOS ROBLES DE GLENCREE

Mis brazos te rodean, y me apoyo en ti,
mientras la alondra canta sobre nosotros,
y luces doradas, y verdes sombras
están en tu corteza.

Vendrá la estación en que extiendas
tablas negras para taparme:
entonces en Mount Jerome yaceré, pobre desgraciado,
con gusanos eternamente.

IN GLENCULLEN

Thrush, linnet, stare and wren,
Brown lark beside the sun,
Take thought of kestril, sparrow-hawk,
Birdlime and roving gun.

You great-great-grandchildren
Of birds I’ve listened to,
I think I robbed your ancestors
When I was young as you.

EN GLENCULLEN

Tordo, pardillo, reyezuelo,
marrón alondra junto al sol,
piensan en el halcón, el gavilán,
la liga y el rifle errabundo.

Tátara nietos de pájaros,
los he oído,
creo que les robé a sus ancestros
cuando era joven como ustedes.

COLIN MUSSET, AN OLD POET, COMPLAINS TO HIS PATRON
From the Old French

I’m getting old in your big house, and you’ve never stretched your hand with a bit of gold to me, or a day’s wages itself. By my faith in Mary, it’s not that way I’ll serve you always, living on my pocket, with a few coppers only, and a small weight in my bag. You’ve had me to this day, singing on your stairs before you, but I’m getting a good mind to be going off, when I see my purse flattened out, and my wife does be making a fool of me from the edge of the door.
It’s another story I hear when I come home at night and herself looks behind me, and sets her eye on my bag stuffed to bursting, and I maybe with a grey, decent coat on my back. It’s that time she’s not long leaving down her spinning and coming with a smile, ready to choke me with her two hands squeezing my neck. It’s then my sons have a great rage to be rubbing the sweat from my horse, and my daughter isn’t long wringing the necks on a pair of chickens, and making a stew in the pot. It’s that day my youngest will bring me a towel, and she with nice manners. . . . It’s a full purse, I tell you, makes a man lord in his own house.

COLIN MUSSET, POETA ANTIGUO, SE QUEJA A SU PATRÓN
Del francés antiguo

Estoy envejeciendo en su gran casa, y usted nunca extendió su mano con un poco de oro para mí, o el salario mismo de un día. Por mi fe en María, no es así como le serviré siempre, viviendo de mi bolsillo con solo un par de cobres, y un pequeño peso en mi bolso. Me tuvo hasta hoy, cantando en sus escalones ante usted, pero me hago la idea de partir cuando veo mi bolso achatado, y a mi esposa burlándose desde el marco de la puerta.
Es otra la historia cuando llego a casa en la noche y ella se fija detrás de mí, y se detiene en mi bolso que revienta, y yo quizás con un buen abrigo gris en mi espalda. En ese momento no dejará lo que hace para acercarse con una sonrisa, lista para estrangularme con sus dos manos apretándome el cuello. Es entonces cuando mis dos hijos se entusiasmarán al limpiar el sudor de mi caballo, y mi hija no tardará en retorcer los cuellos de un par de gallinas y hacer un guiso en la olla. En ese día la más chica me traerá una toalla, y con buenos modales… Es un bolso lleno, le digo, lo que hace a un hombre señor en su propia casa.


Extraídos John M. Synge, The Complete Works of John M. Synge, 1935, Random House Book: Nueva York, Traducción de Ignacio Oliden | Buenos Aires Poetry, 2021