Posdata a John Fante | Juan Arabia

John Fante: a partir de la publicación del reciente volumen de Charles Bukowski, Relatos y ensayo

 

Por primera vez, anoche, leí algo que me despertó las ganas de escribir algo en prosa que no sea una reseña formal sobre un poeta o un libro. La ocasión fue un texto de Charles Bukowski, su ensayo “Conozco al maestro”*, en la que rememora su encuentro-lectura de John Fante.
Mi relación con Fante fue algo distinta, aunque por contexto, país, etc. Cuando descubrí a John Fante aún vivía con mis padres, conseguí Camino de Los Ángeles una noche en una librería de la calle Corrientes. Era verano, recuerdo, y mi vida era bastante solitaria. Estaba entre salirme, dejar la universidad, hacer algo que me de dinero, o hacer algo (ya no recuerdo) que me salve de ambas cosas.
Era un libro de los amarillos de Anagrama, incluía su foto en la solapa. La cara y expresión de Fante penetraba al hueso de uno, tenía algo para decir, “el pequeño bulldog”…
Al llegar a mi casa, no podía dejar de leer el libro y no podía dejar de sonreír. Sabía, además, que había más libro publicados y traducidos de él, de manera que sentí que se aproximaba un verano distinto.
Mi excusa no es hablar de aquella época, que ahora recuerdo con algo de simpatía, sino la de dar un texto distinto, más natural, sin decoros ni determinaciones sobre John Fante.
Lamentablemente yo estaba en una situación límite, y Fante me sirvió para encontrar una excusa académica, especialmente porque decidí terminar mi carrera en la Facultad de Ciencias Sociales en la Universidad de Buenos Aires (básicamente, quería demostrar la contradicción del sistema, y no cargar con la culpa de la eminente y futura pobreza).
Fante me sirvió para no sentirme traicionado, y dediqué mi tesis sobre sus novelas, cartas, escritos.
Dejé un libro publicado con una o dos ediciones, una más académica que otra. No es un libro bueno, excepto por algunos pasajes que fueron escritos con sinceridad.
Luego fui más pobre, nunca conseguí trabajo, y una noche prendí fuego mi título universitario.
Ya casi todo el mundo sabe ahora de lo que vivo y quién soy (hablando desde el campo estrictamente literario); supongo que las cosas se acomodaron rápidamente. Al poco tiempo —cinco años más tarde— acabé traduciendo y publicando el libro de poesía de su propio hijo, Dan Fante, Un Gin Meando Carne Viva Carburador V8 Dual… bajo mi propio sello editorial.
Mi relación con Dan Fante se gestó durante esos cinco años. Fue una relación básicamente epistolar. En uno de mis últimos correos, llegué a mandarle algún que otro poema de mi autoría, y él contestaba al instante, siempre despierto: “Eso es, Juan, hay que escribir sobre lo que hay en nuestro corazón”.
Luego viajé por todo el mundo gracias a la poesía, fui padre, me aburguesé. Pero sigo leyendo y creyendo más que nunca en la literatura.
Quiero decir, simplemente, que el texto de Bukowski me conmovió, especialmente la parte en la que visita el hotel en Bunker Hill donde Fante escribió Pregúntale al polvo, y logra una escena inolvidable (Bukowski cambia el nombre de esa novela por Tiempos cabales, Camila por Carmen, y el nombre de Fante por Bante):

“Había memorizado todas las descripciones del vecindario en Tiempos cabales. Vivía en una choza de rejilla detrás de una pensión por dos dólares a la semana. El barrio se llamaba Bunker Hill. Y me propuse ver dónde había vivido Bante. Me fui por Angel’s Flight abajo y encontré justo el hotel que había descrito y me quedé delante del hotel mirando el interior. Noté que me recorría una de las sensaciones más intensas de mi vida. Estaba, sí, paralizado. Era el hotel. Aquella era la ventana por la que se había colado su extraña novia, Carmen. Carmen, extraña y trágica.
Me quedé allí plantado y miré la ventana. Era media tarde y la habitación estaba a oscuras. La persiana estaba medio echada y corría una leve brisa y la persiana se mecía un poquito. Allí había escrito Bante Tiempos cabales. Todo había salido de esa habitación, una habitación por delante de la que yo había pasado durante meses camino del Grand Central Market o de mi bar de copas preferido. Me quedé allí preguntándome quién estaría en esa habitación. ¡Igual Bante seguía allí!
¿Igual debería ir y llamar a la puerta?
Hola, ¿señor Bante? Yo también escribo. Ni de lejos tan bien como usted. Ahora, me marcho. Adiós…
Pero era consciente de que sería incapaz de molestar a un dios. Los dioses tenían mejores cosas que hacer. Incluso cuando dormían, dormían de una manera diferente. Además, sabía que Bante no estaba allí. En su último libro de relatos había mencionado en uno de los cuentos que estaba en una habitación en Hollywood, que pagaba siete dólares a la semana de alquiler”.

 

Angel’s Flight (Bunker Hill district of Downtown Los Angeles, California), 1907

 

Por mi parte, y ya lejos de cualquier determinación (vivo de lo que quiero, sin responder a nada ni nadie) me gustaría decir algo sobre John Fante, porque lo que dije sobre él está desactualizado. Sobre todo porque ahora Fante no es una excusa académica, sino una excusa literaria.
Si no hubiera sido por las novelas de John, quizás, hubiera encontrado en las mismas calles o en la experiencia de vida lo que por suerte (y finalmente) me empujó en una forma o proyecto de literatura: algo que se simplemente se parece a decir la verdad.
Como Rimbaud, me dejó letrado en medio de un camino que podría haber sido cualquier otro.
Deberíamos hacer una lista de estos autores: permiten a cualquiera ser algo mejor de lo que es, es decir, ser real.

 

 

* La editorial Anagrama lanzó en 2025 una edición que reúne relatos, ensayos y entrevistas de Charles Bukowski bajo el título Relatos y ensayos. El volumen compila Fragmentos de un cuaderno manchado de vino, Ausencia del héroe y, por primera vez en español, La matemática del aliento y la ruta, un conjunto de textos que giran en torno de la escritura y el oficio de escritor.

 

 


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